La casa del azufaifo y el edificio de Supportis. Antes y después
Esto (arriba, derecha) es lo que los ignorantes vecinos no sabemos apreciar. Nos aferramos a la absurda belleza humanista de las casitas con jardines ciceronianos, con persianas atadas sobre los porches con columnas, estúpidos sentimentales, creemos amar la ciudad donde crecimos, la hojarasca que pisábamos en las aceras camino del colegio, el silencio y la sombra y los pájaros refugiados en esos árboles privados de las casitas a pesar del tráfico, o nos permitimos comparar con otras ciudades europeas donde no se destruye tampoco el patrimonio fabril de principios del XX, sino que se adapta y restaura para comercios y locales de artistas, como en Berlín. Ciudades donde, en una calle pequeña como Arimón, sin espacio para la perspectiva, jamás de autorizaría un mamotreto como el que malven (¡aquí se ve oscurecida y mejora mucho! pero pinchen en el siguiente link y vean) a la derecha de esta foto, gentileza de Supportis Project Management. Y la casa de la izquierda ha sido derribada y destruida por gentileza de Demeter Deconstrucción, sin permiso de Derrida, pero con el permiso de nuestro magnífico ayuntamiento de Hereuville, ciudad de helicópteros y comercios, ciudad condenada a ser destruida salvando tres o cuatro edificios iconos para turistas japoneses.
No nos damos cuenta de que lo hacen por nosotros, nos modernizan, nos sitúan en un paisaje mejor, más acorde con estos tiempos. Nos ayudan. Somos ignorantes y desagradecidos. Nos quitan esos árboles que daban demasiada sombra, echaban flores en la acera, nos dejaban la suela del zapato pegajosa con esas cerezas gigantes y sorprendentes de aire chino-árabe, las míticas azufaifas. ¿Qué más queremos? ¡Saludemos a los constructores, aparejadores y arquitectos que nos quitan la venda de los ojos y nos introducen en esta nueva vida de grúas, polvo y estruendo sin fin...!










