Tiene toda la razón Félix de Azúa en su artículo Avaros y sin embargo suicidas, en El País. El artículo no tiene desperdicio, y como yo no suelo estar de acuerdo con él, me preocupa un poco la coincidencia. Significa que son tiempos tan malos que acabamos estando de acuerdo con personajes lejanos, de los que disentiríamos en una situación normal. En la destrucción del paisaje, en la saña y brutalidad con que se ha derrumbado (y sigue) este pobre país, no sólo estoy de acuerdo con Azúa, sino que debo reconocer que está hoy sembrado.
También estaba sembrado Vila-Matas en su Dietario voluble del domingo, hablando del control de los aeropuertos, otro tema habitual de estos blogs míos.
Y otro artículo importante de hoy es el de Borja de Riquer i Permanyer sobre la memoria histórica. Dice justamente lo que hay que decir. Y yo, que he estado releyendo Los girasoles ciegos, ese libro magnífico de Méndez (novela para unos, relatos para otros) sobre la Guerra Civil, y viendo algunas películas para el Projecte de Memòria Històrica del grupo de psicoanalistas, como el documental Les fosses del silenci, no puedo estar más de acuerdo en su idea de saber explicar y asumir los errores y horrores del pasado, de que este país pueda al fin hacer su duelo por lo que ocurrió, en lugar de tapar las heridas mal cerradas, que siguen supurando de mala manera, y restituir, reconocer y reparar a los que fueron víctimas.
Hoy he tenido el helicóptero plantado sobre mi cabeza toda la mañana. He llamado a Civisme para protestar, aunque me temo que en vano.
Las noticias sobre la contaminación de las ciudades españolas me confirman mi idea de que en estos tiempos vivimos el mundo al revés: lo importante es que no se fume en los lugares públicos, aunque la contaminación nos ahogue y nos mate, ¿a quién le preocupa? Ni siquiera nos avisan de los niveles. Lo importante es vigilarnos y protegernos de nosotros mismos, vejarnos en los aeropuertos, observarnos con el helicóptero, no dejarnos fumar, aunque ni se molesten en consultar las listas de la Interpol de los pasaportes falsificados, y no nos dejen llevar cortauñas, pero se deje pasar a terroristas cargados de plutonio, y no se prohíban los pesticidas ni los productos tóxicos en la construcción. Lo importante es que no pasemos con nuestras botellas de agua de precio normal. Aunque en los trenes cualquiera pueda poner bombas. Todo es absurdo, y la policía no hace más que crecerse, policía sin fronteras, ahora con atribuciones casi legisladoras, ya lo avisó Derrida hace un montón de años.
En la página web de Monumenta hay una referencia a nuestro azufaifo y su catalogación.
