En primer lugar, he sentido alivio de que no haya ganado el horrible tándem McCain-Palin. Aunque todo sea un teatro para distraernos del hecho de que el statu quo no cambiará, de que los pobres serán cada vez más pobres, las clases medias irán disminuyendo su poder adquisitivo y las grandes fortunas crecerán, y los fabricantes de armas y los laboratorios y los alimentos transgénicos y la comida basura seguirán imponiéndose sobre nosotros, inventando enfermedades para vender sus fármacos, maquillando los estudios para ocultar sus perjuicios, creando deliberadamente efectos secundarios que fomentan el consumo de medicamentos, etc., etc., no podemos negar la fuerza de lo simbólico.
El hecho de que un afroamericano llegue a ser presidente de Estados Unidos, donde el racismo y la lucha por los derechos civiles ha sido históricamente tan dramática e importante no puede desdeñarse. Y es inevitable sentir cierta emoción al ver a la gente celebrándolo en las calles de Harlem o de Chicago, escuchando la parte del discurso de Obama que nos gustaría que fuese verdad: This is the genius of America, that America can change... (cito de memoria) that the strenght of America doesn't come from the arms but from ideals and democracy..."
La otra parte, esa mano tendida a McCain y esa aproximación parece una coartada para no cumplir sus promesas de cambio. Y aun así, sabemos que Obama ni siquiera se ha posicionado contra la energía nuclear, contra la pena de muerte, contra la ley de posesión de armas... Y sabemos que quienes le financian son los mismos de siempre. Y que Obama no ha abordado siquiera en su campaña la necesidad de un cambio económico y social, de políticas sociales para corregir las desigualdades...
Por tanto, la esperanza de cambio es muy pequeña, y pese a todo, ahí está, y también, la visión de toda esa gente en la calle obliga a pensar en la fuerza potencial de lo que en inglés significa el pueblo (término que ya suena a manipulación) y la gente en una misma palabra, y es eso lo que conmueve, pensar que podríamos exigir a los políticos, que podríamos rebelarnos, que podríamos cambiar las cosas... aunque sea prácticamente imposible, no está mal recordar ese hecho simple de la fuerza numérica de todos los que no representamos intereses de grandes corporaciones, ni lobbies, ni grandes fortunas.
