El otro día volví a pasar por la destruida plaça Lesseps. Me dieron escalofríos de pensar que pronto tendremos lo mismo en la plaça Joaquim Folguera y cada vez que salgo del metro o la atravieso para cogerlo, miro esos magníficos almeces (lledoners) preguntándome qué podría hacer para salvarlos de la condena. El tiempo se acaba. Las obras, que ya han excavado los alrededores y han destruido una o dos placitas verdes talando salvajemente junto a la fea ronda del general mitre (Escipió y Homer), están anunciadas para enero. Para eso siempre hay dinero, aunque no lo haya para las escuelas.
Hoy en La Vanguardia alguien se queja, tal vez porque viene de fuera y tiene otra mirada. Yo aún no me he recuperado del intercambio de emails con un arquitecto joven que me habló de la tala de los árboles de la Diagonal como si se tratase de quitar unas sillas y poner otras. "Se cortan y se ponen otros". Qué extraña idea de la sostenibilidad, la sequía, el cambio climático, el ahorro energético, la oxigenación. Qué les importa a ellos que los árboles hayan tardado cincuenta o cien años en crecer. "La Diagonal tal com és ara és una merda", me dijo. A mí me horroriza el tráfico, pero la Diagonal me parece magnífica. Esa arrogancia de los arquitectos ha llevado a destruir en Sant Gervasi todas las casitas decimonónicas para construir engendros baratos de falso lujo. La mima arrogancia que cubrió el lugar de los fusilamientos del Camp de la Bota con el vacuo Fòrum, y que ahora lleva a Ghery a construir un Museo de la Tolerancia sobre el antiguo cementerio musulmán en Israel.
Copio aquí la carta de Lesseps de La Vanguardia. Comparto su sentimiento y sus interrogaciones. A mí no me parece ninguna tontería (a diferencia de los que califican nuestras batallas verdes de algo nimio), sino una voluntad de hacer negocio sin límites a costa de nuestra vida cotidiana, de la quietud, del oxígeno. Por cierto, firmad aquí (pero con nombre y profesión, por favor, y no hagáis caso de esa petición de dinero, que no es nuestra) si queréis evitar que corten los árboles de la Diagonal, Joaquim Folguera, el Parc de la Ciutadella...
RIP Lesseps
ROSE M. SKERPAC - Barcelona. El gran pulmón verde llamado plaza Lesseps ha muerto de cáncer de hormigón. Aquel agradable oasis de verdor donde los jubilados como yo disfrutábamos con la compañía de niños jugando y pájaros cantando ha desaparecido para siempre. Como si se tratase de un gran camposanto, grandes lápidas de gris hormigón tapizan en la actualidad espacios antaño dominados por el verde, convirtiéndolo en un lugar desapacible y siniestro que más que invitar, ahuyenta a quienes buscamos en medio del caos de la gran ciudad rincones para la serenidad y el sosiego. ¿Por qué en los nuevos espacios públicos se prescinde del gran arquitecto llamado naturaleza y se recurre de forma sistemática al artificial hormigón? ¿A qué se debe este empeño para expulsar de la ciudad el color verde? Estas son preguntas que nos hacemos muchos ciudadanos que, como yo, vemos como nuestro barrio ha quedado empobrecido con la desaparición de aquel gran espacio verde. ¡Descansa en paz!
