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viernes, noviembre 14, 2008

País

Foto: No sé de quién es esta foto de Red Woods!
A veces pienso que, además de nacer en la familia equivocada, nací en el país equivocado. Hablando con un librero del barrio (muy distinto, prácticamente opuesto al librero de la calle Berlinès) me ha dicho que creía que el azufaifo "está sentenciado" y al preguntarle qué quería decir, me dice que está abandonado. Le pregunto si no ha visto que han limpiado el terreno de basuras, me dice que sí, pero que tanta batalla para qué. Al hombre no le parece bien que haya un árbol chino bicentenario, el azufaifo mayor de Europa, lleno de pájaros y rodeado de verde, convertido en bien de interés local, sombreando la calle y humanizándola, y el hecho de que no hayan construido aún en la parte de abajo, esa parte que nosotros quisiéramos también como plaza, le parece tan grave que a sus ojos, los que defendíamos al azufaifo hemos fracasado.
Luego hemos hablado de los almeces (lledoners) de Joaquim Folguera, y él está de acuerdo en que los corten porque "hay que hacer el metro". Cuando le digo que el trazado podría ser otro, me dice: "El traçat no te'l canviaran, ni ara ni mai" y me parece detectar cierto triunfo en esa derrota supuestamente mía. Lo mismo le pasa respecto a la Diagonal. Luego hablamos de Lesseps y, aunque no le gusta (a nadie le gusta, aunque muchos apoyaron lo que se estaba haciendo, engañados o no), le parece lógico que hayan suprimido el espacio para plantar árboles porque los túneles "tenían que ser más altos". Añade que en definitiva, los jardines sólo sirven para que la gente los destroce y los llene de basura. Le digo que la plaça Joaquim Folguera no está sucia ni llena de basura, pero no le basta. Yo sé que no hay educación, que la gente en esta ciudad odia mayoritariamente el entorno, tira las basuras a la calle y allí donde puede, playas, mar adentro, montaña, etc., pero me asombra que haya gente teóricamente culta que piense que, dado que van a ensuciarlos, mejor suprimir los jardines, talar los árboles, llenarlo todo de cemento. En eso coincidían exactamente con la ex gerente del distrito de Sarrià Sant Gervasi y con el equipo actual. Según ellos, la frondosidad es un peligro, puesto que provoca que la gente eche las basuras y que los delincuentes se refugien en los parques. Suerte que esa gente no manda en Londres o París o Nueva York porque ya habrían destruido los maravillosos parques que allí tienen. Esta gente prefiere el cemento y los aparcamientos, aunque no llueva, aunque haya más contaminación, aunque no haya quietud ni nada absorba el ruido ni luche contra el aire intoxicado.
Dicho esto me he ido hacia la pobre y tristemente fea Lesseps, aunque evitándola, porque tenía que llegar a la Baixada de la Glòria, una callecita extraña con escaleras mecánicas hacia el Park Güell. He atravesado ese caos urbanístico que es ya el Putxet, donde las casitas decimonónicas alternan con edificios espantosos. Supongo que yo soy ya una de esas "reaccionarias" desde el punto de vista de los arrogantes arquitectos, quienes consideran que lo suyo es siempre mejor que lo que había, y que todo se puede destruir, no importa lo que haya costado, para realizar sus ideas. Con los años, yo he aprendido a sospechar de sus ideas como de las de los políticos. Me han demostrado que el 99 por ciento de lo que hacen es peor de lo que había, y por eso ya sólo quisiera preservar. Y en cuanto a los árboles, lo he dicho una y mil veces, ¿cómo se atreven a hablar de sostenibilidad y de ahorro energético todos los que proponen talar y si acaso "ya plantaremos otros"?
Cada vez que viajo por Europa, gracias a ese trastorno ocular que me atribuye un crítico y periodista, compruebo que la mayoría de gente con la que hablo piensa como yo, y los arquitectos, urbanistas y políticos preservan los árboles y la gente no tira basuras al suelo y pide disculpas o saluda antes de preguntar una dirección. Tampoco veo gente haciendo sus necesidades en la calle. Y me sigue pareciendo impensable que talasen, como decía L., buena parte de los árboles de Hyde Park o Central Park o le Bois de Boulogne o el Jardin de Luxembourg para hacer montañas rusas, para que pasaran tranvías o ampliar metros.
Yo creo que la gente de este país es sumisa y fácil de engañar y de conformar. Les quitan la quietud, los pájaros, el oxígeno, los árboles, la sombra y les dicen que es por una buena razón, y ellos lo aceptan sin preguntarse. Si tú lo cuestionas, se asustan, te culpan del vandalismo o bien te anuncian triunfantes que fracasarás. Ya lo decía Broggi en sus memorias: Sin educación, la democracia no funciona.