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miércoles, septiembre 15, 2010

Un artículo de M. Rodríguez Rivero

Foto: I.N. Arbres de Perpinyà, 2009
En El País 15/09/2010 MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO Libros y testosterona
En el último informe anual sobre hábitos de lectura encargado por la Federación de Gremios de Editores las mujeres seguían en cabeza. No sólo hay más lectoras (58,4 %) que lectores (51,5 %), sino que leen más libros y dedican más tiempo a hacerlo (sobre todo en los transportes y en el hogar), a pesar de que, en términos generales, se ocupan de más tareas (eso no lo dice el informe, basta con mirar alrededor). Las chicas compran más libros, y eligen mayoritariamente lo que leen guiándose por la recomendación de otros o por impulso, algo que los editores y los libreros saben desde hace tiempo. Prefieren las novelas, pero no le hacen ascos a otras materias: también son más ecuménicas en sus gustos que los hombres, en los que todavía se aprecia cierta tozuda inclinación a lo que algunos se empeñan en denominar "libros útiles", como si las ficciones no lo fueran.
Está claro que las mujeres leen más y compran más libros. Pero solemos olvidar que también escriben y publican muchos
Las mujeres también son mayoría en el sector editorial, algo que se constata con sólo darse una vuelta por la sede de cualquiera de los grandes grupos. Esa evidencia empírica ha llevado a algunos a hablar de "feminización" del sector. No se confundan: en el (todavía) falócrata mundo de la edición, y a pesar de los cambios de los últimos años, las mujeres siguen compitiendo (sobre todo entre ellas) bastante por debajo de un techo de cristal que muy pocas han logrado cuartear. Son incontables las secretarias (el otro día conocí a una que todavía le lleva el café a su jefe, que suele preguntarle si le "importaría alcanzárselo"); innumerables las correctoras, cuantiosas las diseñadoras, copiosas las encargadas de promoción y prensa, abundantes las responsables de derechos (con dos idiomas) y frecuentes las especialistas en mercadotecnia. Hay muchas editoras juniors, bastantes seniors y no pocas directoras de sello. Pero el ambiente comienza a enrarecerse de la dirección editorial hacia arriba, a medida que la atmósfera aparece más impregnada de los efluvios de la testosterona que de aromas más delicados. Y no digamos nada si ascendemos a las plantas nobles, donde se deciden estrategias y negocios y las páginas más leídas son las de color salmón. En cuanto a los sueldos, qué quieren que les diga: a pesar del enfermizo secretismo de que hace gala el sector editorial español (en otros países más civilizados se publican periódicamente estudios con los salarios de mercado), lo de "a trabajo igual salario igual" sigue siendo un objetivo casi tan difícil de alcanzar como aquella reivindicación internacionalista de ¡abajo la diplomacia secreta! Está claro que las mujeres leen más y compran más libros. Pero solemos olvidar que también escriben y publican muchos. En las últimas décadas, y como fenómeno global constatable en ferias y foros internacionales, los libros escritos por mujeres llenan los catálogos de casi todos los grandes grupos editoriales. La novela, y especialmente la de género (literario, claro), es su campo preferido. Y las venden muy bien y dan a ganar mucho dinero a sus editores, como reflejan cabalmente las listas de superventas. Lo extraño es que esa abundancia de literatura de mujeres está siempre lejos de obtener el correlato crítico correspondiente. Y no solo aquí. The New York Times, un periódico de referencia en una sociedad particularmente atenta a los indicios de desigualdad, publicó en los últimos dos años reseñas de 545 novelas y obras de ficción; el 62% correspondieron a libros escritos por hombres. Y eso en un género en el que las fuerzas se hallan equilibradas. Lo que nadie aclara es el sexo de los críticos que las firmaron. Claro que, si a eso vamos, más vale que por estos pagos no nos pongamos a lanzar cohetes.

sábado, octubre 04, 2008

Slavoj Zizec ayer en El País

Foto: I.N. Portitxol, Palma de Mallorca, 2008
TRIBUNA: SLAVOJ ZIZEK
Unas gafas para leer entre líneas a McCain
Para captar el mensaje republicano en las elecciones de Estados Unidos hay que tener en cuenta lo que se dice y lo que no se dice, pero está implícito. De su lectura de la crisis actual podría surgir un gran peligro
SLAVOJ ZIZEK 02/10/2008
Cuando el héroe de la película de John Carpenter Están vivos, una de las obras maestras olvidadas de la izquierda de Hollywood, se coloca un par de extrañas gafas que ha encontrado en una iglesia abandonada, se da cuenta de que un cartel publicitario lleno de color que nos invitaba a descansar en una playa de Hawai no muestra ahora más que unas letras grises sobre fondo blanco que forman la frase "Casaos y reproducíos"; y un anuncio de un nuevo televisor en color dice "¡No penséis, consumid!". En otras palabras, las gafas funcionan como un aparato para hacer crítica de la ideología, le permiten ver el verdadero mensaje por debajo de la llamativa superficie. ¿Qué veríamos si observáramos la campaña presidencial republicana con unas gafas así?
El "efecto Palin" es un engaño: podemos hacer compatibles feminismo y familia tradicional Para sortear la crisis, a los republicanos puede tentarles reactivar la "guerra contra el terror"
Otras generaciones anteriores de mujeres dedicadas a la política (Golda Meir, Indira Gandhi, Margaret Thatcher, incluso hasta cierto punto Hillary Clinton) eran lo que suele llamarse mujeres "fálicas": actuaban como "damas de hierro" que imitaban y trataban de superar la autoridad masculina, ser "más hombres que los propios hombres". En un comentario reciente en Le Point, Jacques-Alain Miller destacaba que Sarah Palin, por el contrario, exhibe con orgullo su lado femenino y su maternidad. Ejerce un efecto "castrador" en sus oponentes masculinos, no porque sea más viril que ellos, sino porque emplea el arma femenina por excelencia, la degradación sarcástica de la autoridad masculina; sabe que la autoridad "fálica" del varón no es más que una pose, una apariencia que hay que explotar y ridiculizar. Recuerden cómo se burló de Obama llamándole "voluntario social", aprovechándose de que el aspecto físico del candidato presidencial demócrata tiene algo de estéril, con su piel negra pálida, sus rasgos delgados y sus grandes orejas.
Nos encontramos aquí con una feminidad "post-feminista" sin complejos, que reúne las características de madre, profesora recatada (con gafas y moño), personaje público e, implícitamente, objeto sexual, que muestra orgullosa a su marido como juguete fálico. El mensaje es que a ella no le falta de nada; y, para colmo, es una mujer republicana la que hace realidad un sueño de la izquierda progresista. Es como decir que ella es lo que las feministas de izquierdas quieren ser. No es extraño que el efecto Palin sea de falsa liberación: ¡Más, cariño, más! ¡Podemos hacer combinaciones imposibles, el feminismo y los valores familiares, las grandes empresas y los trabajadores! Así que, volviendo a Están vivos, para captar el verdadero mensaje republicano hay que tener en cuenta lo que se dice y lo que no se dice, pero está implícito. Si el mensaje que vemos es el lema simplista de la frustración populista por la paralización y la corrupción de Washington, las gafas nos mostrarían algo parecido a una aprobación de la negativa de la gente a comprender: "Os permitimos que no comprendáis; divertíos, desahogad vuestra frustración, nosotros nos encargaremos de todo; en realidad, es mejor que no sepáis estas cosas (recuerden las insinuaciones de Dick Cheney sobre el lado oscuro del poder), ya tenemos suficientes expertos entre bastidores que pueden arreglar las cosas...". La pregunta, por tanto, es: ¿quién es el Karl Rove de McCain? Y, cuando el mensaje que vemos es la promesa republicana de cambio, las gafas enseñarían algo así como "No os preocupéis, no habrá ningún cambio de verdad, sólo queremos cambiar algunos detalles para que nada cambie verdaderamente". La retórica del cambio, de agitar las aguas estancadas de Washington, es un elemento permanente de los eslóganes republicanos; recuerden la explosión populista anti-Washington de Newt Gingrich -"¡Estoy furioso!"- de hace dos décadas. De modo que no debemos ser ingenuos: los votantes republicanos saben que no habrá auténtico cambio, saben que la sustancia seguirá siendo la misma y lo que cambiará será el estilo; es parte del juego. ¿Pero qué pasa si, por el contrario, el mensaje republicano entre líneas (no tengáis miedo, no va a haber auténtico cambio...) es la verdadera ilusión, y no la verdad secreta? ¿Y si, en realidad, hay un cambio? O, para parafrasear a los hermanos Marx: McCain y Palin dan la impresión de querer un cambio y hablan como si quisieran un cambio, pero ¿y si eso no debe engañarnos, y si verdaderamente consiguen el cambio? Tal vez ése es el auténtico peligro, porque será un cambio en la dirección de "¡Nuestro país ante todo!" o "¡Más, cariño, más!". Por suerte, no hay mal que por bien no venga, y ha ocurrido lo que hacía falta para recordarnos dónde vivimos: en la realidad del capitalismo globalizado. El Estado norteamericano ya está cocinando medidas de urgencia para gastar cientos de miles de millones de dólares -hasta un billón- en reparar las consecuencias de la crisis financiera causada por las especulaciones del mercado libre. La lección está clara: el mercado y el Estado no se oponen, y son necesarias fuertes intervenciones del Estado para hacer que el mercado siga siendo practicable. La reacción predominante entre los republicanos a la crisis financiera es un intento desesperado de reducirla a una desgracia menor que puede remediarse con una buena dosis de la vieja medicina republicana (el debido respeto a los mecanismos de mercado, etcétera). En otras palabras, su mensaje oculto es: te permitimos que sigas soñando. Sin embargo, toda la postura política de rebajar el gasto del Estado se vuelve irrelevante después de este brusco contacto con la realidad: ahora, hasta los más firmes defensores de disminuir el papel excesivo de Washington aceptan la necesidad de una intervención del Gobierno que resulta sublime por lo casi inimaginable de su importe. Ante esta magnificencia, toda la bravuconería ha quedado reducida a un murmullo confuso: ¿dónde están ahora la determinación de McCain y el sarcasmo de Palin? Ahora bien, ¿ha sido verdaderamente la crisis financiera un momento aleccionador, el despertar de un sueño? Todo depende de cómo se simbolice, de qué interpretación ideológica o qué versión se imponga y determine la percepción general de la crisis. Cuando el curso normal de los acontecimientos sufre una interrupción traumática, se abre la puerta a una rivalidad ideológica discursiva; por ejemplo, en Alemania, a finales de los años veinte, Hitler ganó la disputa por la narración que iba a explicar a los alemanes las razones de la crisis de la República de Weimar y la forma de salir de ella (su argumento era la trama judía); en Francia, en 1940, fue la versión del mariscal Pétain la que dominó la explicación de los motivos de la derrota. Por consiguiente, para decirlo en viejos términos marxistas, la principal tarea de la ideología dominante en la crisis actual es imponer una versión que no responsabilice del colapso al sistema capitalista globalizado como tal, sino a sus distorsiones secundarias accidentales (normas legales demasiado relajadas, corrupción de las grandes instituciones financieras, etcétera). Contra esta tendencia, hay que insistir en la pregunta fundamental: ¿qué defecto del sistema como tal permite la posibilidad de que se produzcan esas crisis y esos colapsos? Lo primero que hay que tener en cuenta es que el origen de la crisis es benévolo: después de que la burbuja digital estallara en los primeros años del milenio, todos los sectores tomaron la decisión de facilitar las inversiones inmobiliarias para mantener la economía en marcha y prevenir una recesión; la crisis de hoy es el precio que se paga por el hecho de que Estados Unidos evitara una recesión hace cinco años. El peligro, por tanto, es que la narración predominante sobre la crisis sea una que, en vez de despertarnos de un sueño, nos permita seguir soñando. Entonces es cuando deberíamos preocuparnos; no sólo sobre las consecuencias económicas de la crisis, sino sobre la clara tentación de que, para que la economía siga funcionando, se le dé un nuevo ímpetu a la "guerra contra el terrorismo" y al intervencionismo internacional de Estados Unidos.
Slavoj Zizek es filósofo esloveno y autor, entre otros libros, de Irak. La tetera prestada. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
La psicoanalista Maria José Muñoz advertía del uso del término "postfeminismo" para hablar de lo que sin duda es "pre-feminismo"; naturalmente se trata de una perversión del lenguaje que se está dando estos días en los medios hablando de Palin con la aceptación de todos. Me chocaría en Zizec si no hubiera hablado con Svetlana Slapsak, que critica al filósofo esloveno por su posición patriarcal respecto del feminismo. Mi interés por el discurso de Zizec no me impide ver su misoginia. Ahora bien, por aquí hay posiciones mucho peores: Unos madrileños me contaron de J. M. Prada preguntándose con anhelo dónde está nuestra Sarah Palin, por ejemplo. En esos casos me alegra no vivir en Madrid.

domingo, febrero 24, 2008

Mujeres, hombres

Paul Delvaux
Hoy he leído el artículo de Jacinto Antón sobre Slavenka Drakulic y me ha chocado ver que se metía con sus gafas y se atrevía a decir que llevaba "un exceso de carmín" en los labios. En primer lugar, su gusto no me interesa ni coincide con el mío. Para mí, sus gafas son un detalle sutil y su maquillaje adecuado. Pero aun en el caso que hubiera sido verdad, ¿cómo se atreve a decirlo? Está claro que el mismo periodista jamás diría que Philip Roth es feo o tiene barriga o que Paul Auster lleva una chaqueta extremada. Los periodistas y críticos siempre tienen que desmerecer el valor de las mujeres intelectuales, como aquellos que tras reconocer el talento literario de Dorothy Parker añadían que "fue desgraciada en amores". ¿Y por qué? ¿Porque se casó dos veces? O que Susan Sontag era mala madre, como decía en su biografía. Pero nadie acusa a Neruda por haber tenido a una hija retrasada siempre lejos, en casa de gente sin recursos y que ni siquiera mandaba dinero. Por poner un ejemplo. Ni tampoco se considera que un hombre que se casa y divorcia es "desgraciado en amores". Sólo a las mujeres se les critican esos aspectos que nada tienen que ver con su trayectoria.
Hace poco leí un estudio estadístico en El País según el cual las empresas con más mujeres en los puestos directivos obtienen mayores beneficios. Los números eran sorprendentes. Sin embargo, en este país se prefiere no promover a las mujeres y la desigualdad es manifiesta. Al buscar la estadística he encontrado un artículo relacionado:
Las empresas con más directivas tienen mejores resultados CARMEN MORÁN - Madrid - 21/02/2008 Las empresas con mayor número de mujeres en sus puestos de dirección obtienen mejores resultados económicos en general. En rentabilidad sobre recursos propios (ROE, en sus siglas inglesas) la diferencia entre las compañías con más mujeres en los cargos más altos respecto a las que menos tienen es de un 53%. Si se analizan los beneficios por ventas, esa brecha se acorta a un 42% y en cuanto al retorno sobre el capital invertido la cifra que distingue a unas de otras se eleva al 66%. El estudio lo ha efectuado la organización americana Catalyst sobre las 500 mayores empresas del mundo. Estos resultados no se explican sólo por la presencia de mujeres. Bastaría entonces con cambiar la composición de todas las compañías y los resultados económicos serían apabullantes. Es una cuestión de recuperar el talento que se queda fuera cuando las directivas son excluidas, su forma de pensar, de organizar, su modelo de dirigir. Es decir, sumar talentos. Así lo explicó ayer en Madrid la responsable de Catalyst en Europa, Eleanor Tabi Haller-Jorden, que participó en un congreso sobre calidad de vida y competitividad empresarial organizado por la Fundación Alares. Tabi añadió otro ingrediente que debe sumarse a la presencia de mujeres: un líder que tenga una fe ciega, dijo, en que ésta es la política correcta. "El talento no está asociado a ningún sexo y si hay problemas en contratar talento se perderá en productividad", dijo. "El 36% de la gente que rota en el empleo se va por el jefe", añadió. "Así que, los empresarios ya tienen los datos económicos, por tanto, deben integrar a las mujeres no por una cuestión de ética o de estética, sino por actuar de forma inteligente", dijo. Tabi aseguró que para cambiar los comportamientos excluyentes de las empresas hacia las mujeres hacen falta leyes, incentivos y sanciones, pero se necesita además un cambio de cultura. En los países nórdicos hemos comprobado que a pesar de sus buenos resultados paritarios, los estereotipos sobre las cualidades que tienen los hombres y las mujeres para dirigir empresas son incorrectos y no han variado. "Miramos muy de cerca lo que está ocurriendo en España con sus leyes de igualdad y también en los países nórdicos", dijo, pero advirtió que no basta con que el número de mujeres sea más alto, se requiere, además, calidad de vida en la empresa. Copiar los modelos masculinos de entrega ciega al trabajo en exclusiva no sirve, continuó. "Estuve en una empresa estadounidense con muchas mujeres y les felicité por ello. Me hicieron ver que aquellas que trabajaban allí no tenían vida personal fuera de la oficina, ni pareja, ni hijos... Ésa no es la cuestión", añadió la responsable en Europa de Catalyst, una organización sin ánimo de lucro que trabaja con más de 350 empresas multinacionales y planea expandir su actividad al sur de Europa. Tabi explicó además que el umbral para que el talento de las mujeres se desarrolle correctamente está en tres. Menos de ésas en un consejo de administración no resulta eficaz. "A los empresarios les está empujando el llamado fenómeno de la hija; cuando tienen una hija que ha tenido problemas con su empleo piensan en lo que ellos están haciendo en su empresa".
Y en otro artículo: "Noruega ha logrado un éxito sin precedentes en su plan de igualdad: el 80% de las empresas cuenta ya con un 40% de mujeres en sus consejos de administración"