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miércoles, abril 16, 2008

Ruido y cemento

Foto: La fiesta de las esposas, Tokio, 1964 (Magazine Littéraire)
Ayer leí en El País Barcelona supera a Madrid en ruido ambiental. La noticia explicaba que ´Barcelona es una de las ciudades con mayor contaminación acústica de Europa, con decibelios muy superiores a los 65 que la OMS fija como límite de riesgo para la salud. Sin embargo, en la noticia se habla del tráfico, pero no se dice nada de las obras. En mi barrio, el estruendo de las obras supera con mucho al ya excesivo estruendo del tráfico. El ayuntamiento habla de un mapa del ruido que empezó en 2003 y sigue sin concluirse, y no dice, por ejemplo, que las obras están excluidas de todo control de decibelios en esta ciudad. Es decir, que si uno hace una fiesta ruidosa, pueden suspendérsela o multarle, pero en cambio, el ayuntamiento tolera ruidos claramente nocivos para la salud, el oído, los nervios, etc., si proceden de obras, y sólo limita el horario de éstas. Algo que sorprende muchísimo a los habitantes de otras ciudades del Europa y del mundo. Es un dato que ya he dado otras veces y no me canso de repetirlo porque me parece escandaloso y muy significativo: nuestro ayuntamiento vive de las obras, nada les importa el patrimonio arquitectónico, la identidad de la ciudad, el medio ambiente, la sequía, el ruido, la salud de los ciudadanos. Sólo el dinero que cobran. Y castigar, de modo especial, a los barrios donde no ganan las elecciones.
El domingo bajé a comprar té a los paquistaníes de la calle Sant Màrius y vi que iban a tirar otra casita, la última que queda en mi patio de manzana. Para construir otro de esos horribles edificios feos y quitar el verde, cambiándolo por aparcamiento. Los pájaros se irán a otro lugar. Los turistas también: esta ciudad se está haciendo invivible y con 7 horas nocturnas de restricción de agua, ¿quién querrá venir?
La foto es sólo un fragmento de belleza para consolarnos de todo esto.

martes, diciembre 18, 2007

Ruido

Ilustración: Caspar David Friedrich, Carretera cerca de Krippen, 1813
He recibido respuesta del Ajuntament de Barcelona a mi queja sobre el ruido de los helicópteros. Me parece increíble e injusto que los dos únicos días de silencio semanales que nos quedaban, sin grúas (aunque algunos sábados por la mañana siguen trabajando), tráfico, sirenas ensordecedoras y decibelios sin límite que ninguna ciudad europea tolera (¡¡¡Barcelona es única: NO hay limitación de decibelios para los ruidos de obras!!!!), los sábados y domingos, que antes eran la bendición y el descanso de los ciudadanos sensibles al ruido , se conviertan en jornadas ruidosas gracias a los helicópteros que pasean a los turistas por la ciudad y que por alguna razón misteriosa permanecen dando vueltas durante intervalos largos, y se unen a los helicópteros policiales desplazados por manifestaciones y vigilancia. Soy consciente de que en España, hay mucha gente que ni siquiera se da cuenta del estruendo y procura más bien contribuir a esa celebración del ruido, y otros sufren en silencio, como ciudadanos herederos de 40 años de franquismo, y no saben que en otras ciudades de Europa, por ejemplo, ambulancias y bomberos no alcanzan ese volumen taladrador, ni los camiones de basura, ni los camiones de limpieza municipal, etc. La respuesta dice así:
En referència a la seva petició I05592452N-01 amb data 27/11/2007
Benvolguda Senyora,
Ens dirigim (sic) a vostè en relació a la seva comunicació
L'Ajuntament té coneixement de les molèsties que provoquen els vols de les diverses companyies d'helicòpters sobre la ciutat. S'estan estudiant detalladament les zones on es produeixen més molèsties per poder quantificar l'impacte acústic i garantir el compliment de l'Ordenança en matèria de contaminació acústica amb les administracions implicades (Ministerio de Fomento i Generalitat de Catalunya).
Tal i com se li ha comunicat (sic) en altres ocasions, l'Ajuntament no té les competències en matèria de legislació ni és qui dóna les autoritzacions. En aquest cas, aquesta funció recau sobre el Ministerio de Fomento, a través de la Dirección general de Aviación Civil (D.G.A.C.). Traspassem la seva queixa al departament de Ports, Aeroports i Costes de la Generalitat de Catalunya perquè facin els tràmits pertinents.
Així mateix volem agrair-li la seva comunicació. la participació dels ciutadans és molt important per millorar els serveis municipals i la convivència a la ciutat.
Esperem que a curt termini es pugui arribar a una solució adequada.
Cordialment,
Medi Ambient.

sábado, diciembre 08, 2007

¿De qué nos sirve que BCN sea la ciutat del disseny?

Foto: Andrea Resmini, Gato cruzando, 2006
Al volver de Cadaqués, me sorprenden las luces navideñas, de una estética completamente pueblerina y obsoleta, que afean las calles: Balmes, Muntaner (Mandri siempre un poco más discreto, aunque este año se han excedido en el color) y le dan a la ciudad un aire tercermundista, o mejor dicho, que devuelven a aquella estética franquista de villancico mal cantado y obscena fealdad.
Siempre me pregunto de qué nos sirve que Barcelona sea o crea ser "la ciutat del disseny". Si uno pasea por Berlín, por París, por Londres, por Milán, casi por cualquier ciudad alemana o francesa, verá que los rótulos de las tiendas y bares en las calles, las estaciones de metro, cualquier señalización está mejor diseñada, es más agradable a la vista y fácil de leer, todo se mueve en una cierta coherencia, mientras que en Barcelona, los rótulos gigantescos de la fealdad lo invaden todo, edificios históricos de mayor o menor importancia, sin contención de tamaño, sin encajar con estructura alguna, ensuciándolo todo. ¿De qué nos sirve tener tantos diseñadores gráficos e industriales con prestigio si lo que nos rodea no sólo no mejora sino que abunda en lo mismo y se multiplica?
Las nuevas estaciones de los Ferrocarrils de la Generalitat son de una fealdad desalmada y mezquina, al olor hediondo de cloacas se suma un material gris frío y brillantemente hortera. Tal vez ninguno de los responsables han estado nunca en el aeropuerto de Frankfurt, por ejemplo, donde supieron combinar el gris y el naranja con materiales dignos (banquetas de bar con asientos de cuero gris, hipercómodas), de forma que todo parezca neutro pero humano, es decir, diseño al servicio del usuario, lugares cómodos y relajantes, como las sillas de metacrilato colgantes que en el aeropuerto de Munich permiten dormitar o leer en suspensión (y donde siempre se sienta Elfriede Jelinek). O el buen diseño industrial inteligente y humano de los países nórdicos, donde la comodidad, la simplicidad, la belleza no parecen estar reñidas. No digo que "fuera" todo sea buena qrquitectura, preservación y buen diseño. Al fin y al cabo, las palabras gentrification y disneyfication son anglosajonas. Pero diría que la furia constructora no destruye tanto como aquí y que la rotulación y señalización y el packaging generalizados denotan una mayor cultura. Y es lógico, al fin y al cabo, si aquí nadie lee ni reflexiona, ¿cómo iba a ser de otra manera?
En Barcelona, siguen talando árboles centenarios y permitiendo que cualquier fealdad invada y estropee la belleza indiscutible de la ciudad de siempre, la belleza histórica.
Los sobres de correos son de pesadilla (mientras que los franceses y americanos son maravillosos), por no hablar de los sellos, la mayoría del packaging en los supermercados es espantoso (salvo algunos paquetes extranjeros aún no adaptados al mal gusto español), incluso las obras de arquitectos que en otros lugares del mundo proyectan edificios impecables y respetuosos con su entorno (Herzog y De Meuron, qué decepción verlos aquí), aquí parecen demostrar su lado oscuro. No lo digo yo, lo saben muchos: el cliente institucional de aquí no es exigente ni tiene las ideas claras, ni tal vez el presupuesto para acabar las cosas bien, o bien pierde parte de ese presupuesto en intermediarios y honorarios excesivos, y al final, un proyecto que podría haber sido bueno se convierte en une gaffe. Y mientras tanto tiran todo lo posible, desaparecen edificios dignos y construidos con mejores materiales, y son sustituidos por esa nueva arquitectura mediocre de la que se enorgullece en su folleto Núñez y Navarro, por poner un ejemplo, arquitectura como la que vemos en la web de Supportis. Todo es Arquitectura y lágrimas, como en aquel libro (agotado, que nadie reedita). O esos locales incómodos, fríos, llenos de ruido ensordecedor (es decir, mal insonorizados), sin ganchos para colgar el bolso, con lavabos donde uno no puede salir o entrar sin tocar el váter o hacerse daño con la puerta, grifos donde el agua sigue corriendo al acabar, en tiempos de escasez, luz excesiva y desfavorecedora, barras demasiado altas, banquetas o sillas antiergonómicas, lugares expuestos que impiden ninguna intimidad, mesas apretujadas que obligan a una promiscua intimidad con los desconocidos no siempre agradables (eso también pasa en París, todo hay que decirlo, aunque los desconocidos no me resulten siempre tan desagradables allí, tal vez gracias a la lengua o la cultura), y donde eso sí, predomina un "aspecto de diseño" que nada tiene que ver con el oficio. Por no hablar de todos los recipientes que cada vez cuesta más abrir, algunos peligrosos, como los botes de lejía, sobres excesivos con papel no reciclado, ascensores que vuelven automáticamente a planta gastando energía superflua, lugares mal señalizados que obligan a dar vueltas a los viajeros y recién llegados, esas postales grandes, mazacotas y brillantes que han sustituido a las bonitas pequeñas postales de siempre, las cajas de cerillas (¡La golondrina, Tres estrellas! Eran preciosas, son triste y obscenamente feas) y un larguísimo etcétera. Todavía no han comprendido que diseñar no significa "parecer" sino adaptarse a las necesidades del objeto, el usuario, el entorno, la sostenibilidad y también buscar una cierta armonía.
¿Por qué es tan difícil, en una ciudad donde no quedan apenas calles sin locales comerciales (pese a todo, en París o Londres se puede aún pasear por calles sin ningún rótulo comercial, a solas con los pensamientos o la conversación y la piedra de los muros, y es un alivio), encontrar un bar agradable donde reunirse sin sentirse agredido por el ruido y la fealdad?
¿No podrían nuestros flamantes y prestigiosos diseñadores mejorar esa fealdad que nos rodea? ¿O es que nadie les escucha? ¿O acaso los responsables de la fealdad son más y más poderosos? Algunos vamos buscando rincones de belleza donde refugiarnos, pintando de negro las cajas de cerillas, comprando productos por la etiqueta anticuada, guardando todo lo viejo... Y no crean que hago laudatio temporis actii. Ni que reniego de todo. Aunque el tema no me produzca las emociones que suscita por estos lares, conozco algunos diseñadores que han hecho un buen trabajo silencioso. Incluso en mi familia hay alguna buena diseñadora, justamente laureada. A mí me gustaba la modernidad, y aunque no me sienta d'eixe món, simpatizo con la reflexión del arte contemporáneo, escribo y leo ahora, no creo que haya que imitar ni disimular el paso del tiempo, pero creo que hay que valorar mejor antes de despreciar y destruir, entender por qué las cosas se hacían de una u otra manera, que hay que preservar y procurar que la innovación valga la pena. Es más, creo que no habría que restaurar con esa ligereza, que convierte un barrio antes bonito (y genuino), como era Sarrià, en otro Poble Espanyol, otro lugar disneyficado y falso... Ni hacer libros de letras ilegibles o colores que dificultan la lectura, como hacen algunos diseñadores analfabetos.
Y es que, mal que nos pese, esta ciudad, que ha sido tan bonita, lo es menos cada día que pasa. Por eso yo necesito salir de aquí periódica, cíclicamente, viajar a ciudades donde (a pesar de la gentrificación y la disneyficación globales) aún predomina la belleza.

lunes, julio 16, 2007

Respuesta a otra de mis quejas

Me quejé al Ayuntamiento de BCN de que los ciudadanos tuviéramos que soportar el ruido de moscardones gigantes de los helicópteros sobre nuestras cabezas para que dos o tres empresas puedan ganar dinero paseando a turistas. Me contestan que es competencia del Ministerio de Fomento, y tienen el detalle de agradecerme la participación. Yo seguiré con esto (aquí oigo otra vez al helicóptero, además de las grúas y maquinaria), aunque tengo otra protesta más grave y es que no haya límite de decibelios para las obras. No sé si debo dirigirme al Ministerio o al Ayuntamiento, pero lo intentaré. Ya que nadie se queja, yo intento compensar...
Alguien me dijo que había leído en La Vanguardia que llegarán más turistas y dejarán menos dinero. Además de la previsión de 49 nuevos hoteles más en Barcelona (aparte de que los precios de dichos hoteles han subido en un año cuatro veces más que los sueldos). Es un escándalo. Aquí sólo importa fomentar ese turismo vulgar de borrachera en la calle, aunque eso obligue a emigrar a los envilecidos y empobrecidos ciudadanos...