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miércoles, mayo 14, 2008

El lobby farmacéutico en la web Rebelión

Foto: Guillermo Aguirre. Darrere la Boqueria, 2008
Copio aquí este artículo. Sobran comentarios. Por si alguien se creía que había algo de izquierdas en Zp y sus muchachos
El lobby farmacéutico y transgénico en el Gobierno ZP Miguel Jara migueljara.com
Pronto van cumpliéndose las peores expectativas en materia sanitaria y de medio ambiente con el nuevo Gobierno de Zapatero. La jugada de la desaparición de Cristina Narbona y el Ministerio de Medio Ambiente, o para mayor exactitud, la absorción por parte del Ministerio de Agricultura (ésta sobre todo química, industrial y con cesiones al lobby pro alimentos transgénicos) de la cartera de Medio Ambiente, ha sido muy comentada. Se interpreta, y los hechos comienzan a confirmarlo, como un intento de acabar con una voz y una política crítica, la de la propia Narbona, y con un Ministerio que podía ser un obstáculo al actual modelo desarrollista, insostenible ambientalmente y por lo tanto poco saludable que practica el Gobierno. Puestos a gestionar una segunda legislatura, ganada la primera con una política "social", el PSOE está optando por darle un perfil más mercantilista, más proempresas al nuevo Ejecutivo. Narbona molestaba, en muchos casos estaba consiguiendo que el suyo fuera un Ministerio pro ecología, y esto es necesariamente contrario a la lógica promercado del Gobierno, cualquier gobierno europeo en la actualidad. Narbona molestaba y como "cargarse" de raíz un Ministerio entero, el de Medio Ambiente, hubiera sido demasiado chocante, se ha asimilado a Agricultura, que posee una tradición de favorecer a las grandes compañías frente a las pequeñas y medianas explotaciones; de fomentar la industrialización intensiva y con productos químicos tóxicos del campo; y que es en la actualidad el garante de los intereses de la gran industria biotecnológica, es decir, de los alimentos transgénicos (España es el país con mayor superficie de cultivos transgénicos de toda Europa). El nuevo Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente de la ministra Elena Espinosa seguirá apoyando la inclusión en nuestros platos de productos transgénicos y por lo tanto poniendo en peligro nuestra salud y la del entorno. Y tendrá en sus manos toda la parte de Medio Ambiente que antes no gestionó y que Narbona llevaba con un aceptable resultado. Pero el lobby pro transgénicos no sólo controlará buena parte de las decisiones de Agricultura, como viene haciéndolo durante los últimos lustros; el Gobierno ZP ha colocado a Cristina Garmendia al frente del Ministerio de Investigación y Desarrollo. En el libro Conspiraciones tóxicas, explicamos con numerosos ejemplos el fenómeno de las "puertas giratorias" (trasvase de ejecutivos del sector público al privado o viceversa). Este vuelve a ser un caso de manual. Garmendia era, hasta entrar en el Gobierno de Zapatero, presidenta de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio), el mayor lobby pro alimentos transgénicos y fármacos biotecnológicos que hay en España (en el que están otros lobbies como la Fundación Antama o las mayores multinacionales de transgénicos del mundo: Monsanto o Pioneer), y que también congrega a buena parte de la industria farmacéutica biotecnológica (Bayer, Merck, Bristol-Myers Squibb, Roche, Schering Plough, Esteve -que dirigen Farmaindustria-, o Gilead Sciencies -creadores de Tamiflú/Gripe aviar-). Esta empresaria hasta hace unos días, en 2000 fundó Genetrix, una compañía privada del sector de la biotecnología. Garmendia, no pierde su tiempo y también es presidenta de la Fundación Inbiomed que, financiada con dinero público, está dedicada a la investigación genética con fines farmasanitarios. El Ministerio de Ciencia e Innovación es clave para la industria farmacéutica. Así, uno de los periódicos sanitarios que ejerce de portavoz de la misma, ha publicado que su creación "ha sido muy bien recibida por la industria". Los grandes laboratorios ven en Garmendia a una de los suyos: "será un buen apoyo para evitar desarrollos legislativos excesivamente dañinos para el sector", argumenta dicha publicación. Hay que tener en cuenta que a media legislatura anterior el Ministerio de Sanidad sufrió un cambio radical. La ministra Elena Salgado, que como muchos medios especializados en temas sanitarios han publicado no gustaba nada a Farmaindustria, fue desplazada al Ministerio de Administraciones Públicas. En su lugar entró el actual ministro Bernat Soria, muy del gusto de las farmacéuticas. Como ha publicado Correo Farmacéutico: "El ministro Bernat Soria quería convertir esta legislatura en la del impulso de la industria farmacéutica española, 'incluso abordando la posibilidad de un cambio en la legislación de patentes'", verdadera piedra filosofal de Farmaindustria. Si Cristina Garmendia quiere sacar adelante ese proyecto de cambio de legislación -ahora es de su competencia tras las nuevas atribuciones de su Ministerio- tendrá que contar con el Ministerio de Industria, que también posee competencias legislativas en temas de patentes. El citado periódico recuerda que "al frente de Industria estará, en los próximos años, Miguel Sebastián, amigo y protector político de Cristina Garmendia y figura en ascenso por su amistad con Rodríguez Zapatero". Si no he contado mal, las industrias biotecnológicas (compuestas por las pro transgénicos y farmacéuticas) tienen cuatro ministerios y cuatro ministros a su disposición: Agricultura, Sanidad, Innovación e Industria. Y además han visto mermado en sus facultades el de Medio Ambiente.Algunas cosas, como digo, comienzan a cambiar, a peor, se entiende. Para muestra un botón. El pasado fin de semana TVE emitió un reportaje sobre alimentos transgénicos. Como cuenta en una carta dirigida al programa en que se emitió una persona que ha trabajado en el Ministerio de Agricultura y ha sido testigo del vaivén de lobbistas pro transgénicos en el mismo, se eliminó (por problemas técnicos) la intervención de la única voz crítica con el tema de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG´s) aplicados a la agricultura, la de Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace. Además, se utilizaron imágenes de la deforestación de la Amazonia para el cultivo de soja transgénica justamente para lo contrario, para explicar las bondades de estos organismos que no son necesarios y que sólo traen beneficios a muy pocas empresas privadas. ¿Estará cambiando la línea editorial de la tv pública al ritmo de los cambios pro corporaciones en el Gobierno ZP?
http://amorhumoraccion.blogspot.com/2008/04/el-lobby-farmacutico-y-transgnico-en-el.html

martes, enero 15, 2008

Un pasado que no pasa

Foto: Clarice Lispector
Era el título de un interesante documental de Michael Verhoeven entrevisto en Arte tv mientras desayunaba, "Alemania, un pasado que no pasa". Una exposición sobre los abusos de la Vermacht en la II Guerra Mundial provocó la polémica. Dice el comisario de la exposición: es el álbum de fotos de los alemanes, lo tenían guardado en un cajón y no se hablaba de ello. la exposición les obliga a hablar." Por supuesto, hay negacionistas y hay gente que necesita preservar, creer en el honor de sus muertos, que siente el dolor de aceptar que sus padres cometieron tales atrocidades. Otro cuenta que su padre admitió: "Se han cometido tantas atrocidades. Ojalá Alemania pierda la guerra, porque si no, convertirá Europa en un cementerio." Pero a pesar de los neonazis, de los negacionistas, de los que no saben cómo asumir el pasado o la complicidad colectiva de su familia, hay mucha más gente que aquí que quiere hablar, que piensa que airear las heridas del pasado es la única manera de curarlas, que recordar es necesario para pensar, que la historia es la base de cualquier identidad, e intentar abordarla, comprenderla, no negarla, ayuda a un país a construirse.
Esa es la diferencia con este país, donde casi nadie quiere recordar, donde casi nadie piensa y las voces de los que osan abordar el pasado son pocas y apenas se oyen bajo el griterío de los demás. Allí, las voces de la razón que intentan saber la verdad son mayoría. Los historiadores pesan. Aquí predomina la ceguera, ya lo dijo María Zambrano, la negación a pensar, a reflexionar, a hacer historia o a hacer filosofía.
Por cierto, volviendo al feminismo y la misoginia de este país. Ayer fui a la exposición de la historia de Anagrama en la Biblioteca Jaume Fuster. Hay fotos y libros que vale la pena ver, la época heroica, libre y apasionada, contra la censura, contra la bomba terrorista a Enlace, con los escritores, etc. Lástima que uno de los presentadores era José Antonio Marina, que esta vez no cargó contra el psicoanálisis con sus trucos de autoayuda, sino que aprovechó su intervención -nada brillante- para meterse con las feministas, diciendo que sus libros no les interesan ni a las propias feministas. Ese rincón oscuro de rabia irracional contra las mujeres o de ajustes pendientes con sus madres les sale sin ton ni son y algunos le acompañan con risitas cómplices del mismo rincón. En este país ocurre en muchas presentaciones. También un poeta que conozco dijo en una presentación un dato falso sobre si las feministas no conocían a un psicoanalista no misógino de los tiempos de Freud -al día siguiente le demostré con links de Internet que lo conocían y valoraban... ¿por qué hablar sin saber? Siempre es ese rinconcito de la rabia. Otro poeta contemporáneo al que conozco menos pero que se considera muy à la page aprovechó su intervención en otro acto para quejarse de las antologías de escritoras; dijo que no había Antologías de escritores. Le respondí que la mayoría eran antologías de escritores sin decirlo, porque "olvidaban" siempre a las escritoras. Sé que en este país muchas mujeres piensan como ellos. Almudena Grandes cree que la mayoría de escritoras se incluyen en las antologías por el hecho de ser mujeres. ¿Lo dirá por ella? Para todos ellos no existe Grace Paley, Jean Rhys, Virginia Woolf, Alice Munro, Hannah Arendt, Mary McCarthy, Clarice Lispector, Dorothy Parker, Natalia Ginzburg, María Zambrano y tantísimas otras voces interesantes de mujeres del siglo XX. No hay más que dar un vistazo a La historia de la misoginia de Anna Caballé. Dan escalofríos. "Hay que recordar de dónde venimos", dice Caballé. No es que en otros lugares de Europa no haya misóginos, es que aquí siguen siendo la inmensa mayoría incluso entre los mundillos supuestamente ilustrados. Y la etiqueta feminista o incluso femenino sigue avergonzando, tal es su desvalorización real; lo ha dicho Laura Freixas, pero es una de las poquísimas.
La cuestión es que al oír el exabrupto de Marina estuve a punto de irme, cansada de la vulgaridad repetitiva de camionero ejpañol (le copio la jota a V). Pero vi que mi jefe de La Vanguardia se sentaba una fila delante de la mía, me quedé a saludarle y me contó que J.J. Fernández, de La Santa, ha publicado un libro sobre los ochenta donde salgo yo. Eso me produjo un cierto temblor y olvidé averiguar si salían fotos (espero que no). "¿Pero está en las librerías?" le pregunté. Me dijo que no creía, que había que pedírselo.
También vi a Enrique Vila Matas, que había leído por aquí la noticia de que (siguiendo su consejo) mi libro del azufaifo ya tiene forma e intenta publicarse con un buen editor y yo le hablé de su última crónica en El País, en la que parecía despedirse, al darle un portazo al año viejo. Pero en realidad, su tono furioso contra el año se debía a la muerte del editor Christian Bourgois, que acababa de suceder, y él escribía la crónica desde París. Entonces se acercó Frederic Amat, quejándose alegremente de que alguien, en una "confusión muy barcelonesa" (como dijo EVM) le hubiera llamado Fernando, aunque, dijo FA, "no importa, porque es amigo" y se habló un momento de las fotos antiguas y el pasado y la belleza (que no pasa, aunque en este caso sea alegremente).

domingo, enero 13, 2008

Anti-Heimat

Foto: I.N., Luxemburgo, 2007
Hace unos días, V me avisó de que en Arte Tv estaban poniendo un reportaje sobre Simone de Beauvoir y las imágenes eran interesantes. Lo dejé puesto porque estaba escribiendo algo, y de pronto, lo que oí me hizo plantarme delante de la tv y quedarme ahí extasiada; algo que nunca me sucede (sólo veo Arte tv y sólo mientras desayuno). Era un debate organizado con motivo del aniversario de S. de B., "París-Berlin, les femmes", y una pregunta cómo qué queremos las mujeres o en qué punto estamos. Me pareció no sólo muy interesante, sino algo completamente imposible en este país misógino, donde la mayoría de las mujeres ni siquiera tiene claro lo que significa el feminismo y procuran situarse lejos de esa etiqueta, que les parece dudosa, donde las propias feministas suelen estar desesperadas y aceleradas porque nada se da aquí por sentado, ninguna conquista, y hay que discutir siempre a un nivel primario y regresivo que agota a cualquiera, digamos, nivel chiste de camionero.
En cambio allí, las ponentes eran todas brillantes, disentían o se matizaban, pero estaban de acuerdo obviamente en las conquistas básicas, por tanto no había que perder el tiempo hablando de tonterías, y sobre todo, estaban tranquilas, podían reírse de sí mismas y también escuchar cualquier cosa del único ponente hombre con curiosidad y sin recelos especiales. La berlinesa era especialmente rápida e inteligente, ella explicó que no se podía generalizar en Alemania, pero que precisamente a los hombres les confundía la multiplicidad de situaciones o de roles, desde las mujeres realizadas profesionalmente, o desde Angela Merkel, por poner un ejemplo extremo, a una cajera de supermercado, un ama de casa, la abogada feminista turca que ha tenido que dejar su trabajo por las amenazas de muerte, etc. Ella temía que esa diferencia o ese abismo creciera. Pero sus planteamientos de futuro, la discusión sobre si era más importante influir desde la ley, la educación, los servicios y redes asistenciales, y la constatación de indicios de cambio me pareció muy interesante y avanzada. Yo me sentía afín y la verdad es que una vez más me preguntaba por qué no habría nacido yo en París o Berlín en lugar de en este país casposo y misógino y fantaseaba cómo o cuándo podría ganarme la vida allí.
Aquí, en cambio, las mujeres que se creen modernas suelen seguir a Camille Paglia, que tiene gracia la primera vez que se la lee, pero cuando se comprende que todo su interés o su obsesión es desacreditar a las feministas, en fin, me leí su artículo contra Hillary Clinton, y acababa pidiendo el voto para Obama. También leí a Gloria Steinem defendiendo a Hillary y tampoco me gustó. Esos opuestos se complementan. Hillary Clinton es una mujer y yo prefiero que gobiernen las mujeres, pero no olvido el daño que hizo Margaret Thatcher (ella era un hombre, decía mi amiga M.). Hillary defiende la guerra de Irak, la vi aplaudir a Bush en su discurso pidiendo más fondos, ya no va contra la pena de muerte, etc. Tampoco Obama pone nada en cuestión. Creen que deben acercarse a la derecha para ganar. Como mi decepción cuando algunos intelectuales del país se enfrentaron a los nacionalistas catalanes y demostraron estar tan obsesionados como ellos por la misma cuestión, pero a la inversa: se retroalimentan y no hablan de las demás cuestiones que interesan (en este caso, ni educación, ni vivienda, ni medio ambiente, sólo nacionalismo por el otro lado).
Tuve un breve intercambio con una columnista famosa de aquí que suele aprovechar toda ocasión para denigrar el feminismo y que publica con un buen editor. Me dijo que ella no era misógina, sino que creía que por ser mujeres y feministas, nos han dado ventajas que no merecíamos. Me pareció curioso que ella, que tiene esa columna por utilizar su ingenio para ser "políticamente incorrecta" (es decir, sobre todo para meterse con las feministas y el feminismo) y cuenta con un buen editor, consciente de su condición mediática, me dijera eso a mí, que no he recibido nada, ni por ser mujer, ni por ser feminista, y no creo que mi escritura sea peor que la suya, por poner un ejemplo. Es más, en un diario importante me aceptaban mi propuesta de columna si la modificaba e imitaba la suya!
También gracias a V, he escuchado un programa grabado de France Culture, Les vendredis de la philosophie, sobre la interpretación de los sueños. Comentaban e interpretaban un sueño de Adorno. Hablaban del trabajo del sueño y su función en lo traumático, hablaban de la gente que no puede soñar (recordar, acoger su sueño, contemplarlo) y cómo el análisis les devolvía esa capacidad. Decían: Creemos que analizamos los sueños y son los sueños los que analizan lo real. Hablaban del sueño como representación y de cómo la parte que no reproduce fielmente, la que modifica lo real es la parte importante, la que analiza la realidad. Y al mismo tiempo era muy literario, se hablaba del relato, de la potencia imaginaria del sueño, del uso y la construcción literaria del sueño (que lo desnaturaliza) o incluso de la fantasía del archivo de sueños, la biblioteca de sueños (Derrida, Cixous) y de piratear ese archivo (como en la novela que traduje de Jeff Noon, Vurt)... Llamaban al sueño "gardien de la memoire et de l'activité pulsionelle..." Comentaban su función de orientar el deseo hacia el mundo...
En France Culture había una entrevista de Rocard que no me interesaba, pero el título me ha hecho pensar que aquí ni siquiera los títulos de la política son sugerentes como allí. Si la gauche savait... se llamaba. No sé si es la lengua francesa o es la imaginación y la cultura, pero yo siento que aquí todo es árido y zafio.
Hoy en El País se citaba a Sarkozy en el libro de Jasmina Reza diciendo que claro que era amigo de Blair y Zapatero, "porque no son de izquierdas". Luego, un artículo sobre un tipo de alimentos transgénicos (Mon de Monsanto, compañía delincuente), que en Francia se han prohibido y en España son los más extendidos. Y que implica que los cultivadores ecológicos no puedan garantizar nada, puesto que la polinización se produce en el aire y acabamos todos comiendo esos alimentos que un gobierno de derechas en Francia califica de peligrosos para la salud. Esa es nuestra "izquierda". La que veta en Europa que se prohíban materiales tóxicos en la construcción. La que extiende los transgénicos más peligrosos. La que hace de la construcción desaforada y sin límites la fuente principal del crecimiento económico. La que no pone límites a la contaminación, ni al ruido diurno, ni cumple con Kyoto. Sólo restringe el tabaco.