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miércoles, enero 13, 2010

La degradación de los Jardines Costa i Llobera y...

Foto: Viejas postales de los Jardins Costa i Llobera y el Parc de la Ciutadella
Construidos en 1970 en un terraplén, se cerraron en 2005, teóricamente para reformar su canalización, drenaje y terreno, pero parece que el ayuntamiento los haya olvidado y los vecinos se quejan del estado de abandono y degradación de un lugar de rara belleza y flora peculiar, jardines de cactus y palmerales en la ladera de Montjuïc, un paisaje típico de esta ciudad y de sus antiguas postales, ahora amenazado. Sólo este blog se ha hecho eco del problema y ha publicado fotografías que muestran la situación actual.
También me escriben para hablarme de la instalación del parque de bomberos provisional en la plaça Joan Miró, o de l'Escorxador, que en realidad ya era puro cemento, pero los vecinos querrían tierra y verde y opinan que la estatua de Miró no merece ese maltrato.
Fuera de la ciudad, el cemento también invade. Me han escrito los resistentes contra la instalación de un kárting en una zona natural y boscosa de Llinars del Vallès, al estilo de la montaña rusa que exigió la tala de las encinas centenarias en lo que era el pulmón verde de Hereuville, ya muy menguado con urbanizaciones de falso lujo firmadas por Núñez y Navarro.
Los vecinos de Llinars del Vallès ya no saben qué hacer para evitar la destrucción. Y es que a nuestros políticos y constructores les da igual el cambio climático, el calentamiento, la contaminación, la destrucción de las especies, las enfermedades respiratorias, las alergias, la toxicidad en la sangre y tantos otros efectos secundarios de sus políticas. Como las vacunas peligrosas e inútiles que hemos tenido que pagar y los escáneres con que nos radiarán en los aeropuertos si no lo evitamos. Eso sí, seguramente prohibirán fumar también en el kárting.

miércoles, enero 06, 2010

Patricia Gabancho, en EL PAÍS...

Foto: I.N., Almeces de Joaquim Folguera, 2009
Vaivenes urbanos PATRICIA GABANCHO 06/01/2010 Estas luces de Navidad, tan gélidas y elegantes en sus tonos blancos y azules, y a lo mejor verdes pero nunca rojas, nos cuentan que Barcelona ha cambiado de idea. El año pasado era sacrificar la estética en favor de la sostenibilidad, este año es renunciar a la sostenibilidad por el consumo, por más que el consumo excesivo, tan propio de estas fechas, sea el contrario de un gesto sostenible. El problema es que el Ayuntamiento cambia de conducta sin llegar a construir una nueva argumentación sólida: este año la iluminación ha venido sin esgrimir razones, más o menos como pasa en todas las ciudades. Pero Barcelona era diferente porque se suponía que pensaba de forma diferente. Barcelona daba lecciones. Se mueve Barcelona a ritmo de capricho Tiempo había en que se consideraba un crimen haber arrasado, el Ayuntamiento franquista, los plátanos de la rambla de Sant Andreu para que en la calle cupieran más coches. Ahora el Ayuntamiento se cargará de raíz un conjunto notable de almacenes de la plaza Joaquim Folguera para hacer un parking. ¿Son mejores los coches aparcados que circulando? Suprimir un árbol no es nada, pero desnudar una plaza centenaria significa que nadie, ni un solo vecino, volverá nunca a verla como estaba. Es el derecho al paisaje urbano lo que se vulnera con la tala radical. La línea 9 del metro, absolutamente necesaria, ha destrozado ya más de una plaza. Barcelona ha pasado de la jardinería sostenible a plantar flores en los parques -flores de un día-; ha ido del no al tranvía por la Diagonal, porque el tráfico no lo permitía, a rehacer la Diagonal para adaptarla al tranvía; de protestar por los edificios singulares a ponerlos por todas partes; de las plazas duras progres a las plazas durísimas y cuarteleras; de un escueto y contestado plan de hoteles pre-olímpico a hoteles fuera de reglamento; de presidir todas las organizaciones internacionales a no saber qué hacer con la Unión del Mediterráneo... En fin. Marea esta ciudad de vaivenes, que guarda las teorías trabajosamente introducidas en el cacumen de la gente para moverse ahora a ritmo de encuesta, de dictamen, de capricho, de tontería.

jueves, diciembre 31, 2009

En la BBC sobre la degradación del Raval

Foto: I.N., Avenida de Perpinyà, 2009
Shock tactics to fight Barcelona crime
By Sarah Rainsford
BBC News, Barcelona
More than 500 cards like this have already been sent to city officials
Raval has been getting ready for Christmas. Festive lights twinkle above the narrow, cobbled streets. Strings of tinsel festoon the tapas bars. And the residents and traders of this central district of Barcelona have been preparing to send traditional "season's greetings" to the city authorities.
But there is no sign of Santa or fluffy snowmen on their Christmas cards this year.
"Here are some people using the street as a toilet," says Alexia, pulling one of the cards from a pile scattered over the counter at the family shoe shop. We want them [city officials] to feel a little guilty Alexia, shoe-seller in Raval "Here they are taking drugs," she continues, as her youngest daughter tugs at her skirt to go home.
"And here, people are having sex in the street."
The photo of a prostitute and her client, mid-act and mid-street, leaves very little to the imagination. It is the most graphic of a series of snapshots of daily life in Raval caught on camera by the residents. The message on the back reads "Happy Christmas!"
"We're sending them to the mayor so he can hang the pictures by his Christmas tree," Alexia's husband Luis explains.
"He always sends us cards with pretty pictures of Barcelona on them. But things happen here that aren't nearly so pretty. I want him and his family to see what we have to see," the shoe-seller adds.
Street sex The neighbours have already delivered more than 500 cards to elected officials and to city police.
Raval residents say they want to live in "a dignified district"
It is not their first attempt to get the authorities' attention. In almost every other house in Raval, people have hung large white banners from their balconies with a single phrase in Catalan: "Volem un barri digne!" (We want a dignified district!)
Now they have resorted to shock tactics.
Raval has been a red-light district for many years, but the locals complain it has never been so seedy.
"I used to come and look at the girls here when I was younger," admits Jaime, who says the area's mood has been changed by an "avalanche" of foreign sex workers.
"There used to be just be a few Spanish senoras in the bars. Now everything's organised by mafias who bring women here from other countries and control them," he says.
Like other residents, Jaime believes the foreign girls who line the district's dingy backstreets are forced to earn money quickly to repay their debts. Sex outdoors keeps costs down and turnover high.
"It's not usual that everybody's getting sex on the streets, but it happens," explains Oscar Urdeitx, whose house is just a short walk from the main tourist drag of Barcelona, Las Ramblas.
"In Barcelona, we get tourists from the UK mainly who come for celebrations for the weekend and they don't care about anything. Probably that's the people finishing on the corner having sex."
Oscar believes the surge in sex workers in Raval has increased other problems. The municipality now runs a large needle exchange centre for Raval's drug addicts.
But Oscar says many choose to inject on his doorstep. Others use a nearby playground.
"I come here first to collect the condoms and syringes and clean up," one mother says, as her small children clamber over a climbing frame behind her. "The sign here clearly says this area is for young children, and if they see a condom or something on the ground, they'll pick it up and eat it!" 'Hard to ignore'
In recent months, the police have increased their presence on the streets. But there is no custodial sentence for public fornication in Spain, and an officer patrolling Raval confesses his options are limited.
"I can only fine them or say put your dress on and go away. But it's complicated," says Agustin, who has not received his own Christmas card yet. He admits that fining people makes little difference.
So the Raval residents want to shock the Barcelona authorities into more effective action. "We want them to feel a little guilty," says Alexia. "They have to know they don't do the work they have to do." The city mayor did not want to discuss this issue in an interview. His secretary said she had not seen one of the cards yet, in his inbox.
But if a snapshot from Raval does end up nestling amongst the candles and Christmas lights on the mayor's mantelpiece this week, the images of prostitution, drugs and guns will be pretty hard to ignore.

sábado, octubre 10, 2009

Un artículo sobre la ciudad

Foto: I.N., Ciutat Vella, 2009
Un artículo contundente que se me pasó hace dos días en El País y que redescubro en la web de Millán La destrucción de Barcelona (con el que estoy tristemente de acuerdo).
TRIBUNA: JAVIER CALVO El Raval, un barrio prostituido El antiguo Barrio Chino de Barcelona se hunde cual 'Titanic' en un mar de crimen y sexo en las calles. Las dos décadas de política municipal supuestamente renovadora sólo han sido un sueño húmedo capitalista
En el último mes, dos acontecimientos han devuelto la caprichosa atención de los medios al barrio barcelonés del Raval. El tremendo asesinato de un argelino de 18 años en la esquina de la calle del Hospital con la Rambla del Raval, en el corazón mismo del territorio de las bandas de traficantes de hachís, y un reportaje fotográfico que mostraba una serie de acercamientos no especialmente románticos entre turistas y prostitutas africanas bajo los arcos del Mercado de la Boquería. Ambos eventos informativos solamente han servido para llevarle al resto del país la noticia de algo que ya hace un año y medio que tenemos claro quienes vivimos en ese barrio: que el flamante Raval pos-Barrio Chino se está hundiendo cual Titanic en un mar de crimen violento y sexo en las calles. El alcalde Jordi Hereu, previsiblemente, ha respondido a la crisis como de costumbre: sacando a la policía a la calle hasta que la cosa se calme un poco y prometiendo más ordenanzas para limpiar la vía pública, una reacción bastante asombrosa teniendo en cuenta el resultado que le han dado las ordenanzas que ya promulgó en el pasado. La oposición municipal, liderada por CiU, se ha limitado a soltar uno más de sus tediosos vómitos de indignación moral que nos ayudan a entender por qué nadie los toma en serio. Lo que esas clases dirigentes afincadas en Sarriá-Sant Gervasi, Gràcia y el Eixample no parecen entender es que ese Raval que contemplan con asco es precisamente el hijo deforme de la insensatez que esas mismas clases han practicado durante las dos últimas décadas. No es ningún secreto que desde que, a finales de los años ochenta, el Ayuntamiento de Barcelona iniciara el "asalto" a la ciudad sin ley del Raval, con el inefable Joan Clos como concejal de distrito, las intervenciones urbanísticas han buscado con ansia ese patrón bien conocido de lo que en inglés se llama gentrification, término acuñado en 1964 por la socióloga Ruth Glass para describir la expulsión de la humilde población autóctona de los Docklands londinenses y su reemplazo higiénico por una nueva población de clase media. En el Raval, un laberinto de callejuelas situado en pleno casco antiguo de la ciudad donde nos amontonamos 50.000 almas, la mitad extranjeros, el conglomerado político-corporativo siempre ha tenido en los problemas endémicos del barrio su mejor arma para evitar cualquier resistencia a sus intervenciones: la droga en la década de 1980, la estigmatización de la población local y, ya en los noventa, la desinformación y el aislamiento que padecían los nuevos inmigrantes. Entre 1984 y 1992 se diseñaron las grandes líneas de esas intervenciones, siguiendo las directrices del Plan Especial de Reforma Interior (PERI), ejecutadas por la empresa mixta pública-privada Procivesa en forma de expropiaciones masivas y venta de inmuebles para ganar capital. Para el Raval Norte, menos degradado, se ideó un "eje cultural" de museos para atraer a los turistas más sibaritas, que de momento todavía no han aparecido por el barrio. En el Raval Sur se intervino en dos fases: primero la demolición de una parte (habitada) del barrio para abrir la Rambla del Raval, que en su origen se concebía como escenario de festivales institucionales de música al aire libre, olvidando al parecer que allí vivía gente, aunque hay que decir que el hecho de que en el Casco Antiguo de Barcelona viva gente siempre ha molestado a nuestros gobernantes. La segunda fase es la tristemente célebre Operación Illa Robadors, donde se destruyeron 50 edificios, 450 viviendas y 93 locales comerciales para levantar un hotel de lujo y una filmoteca, en un ejemplo de urbanismo salvaje y mobbing descomunal que ha trascendido nuestras fronteras. Alrededor de las nuevas infraestructuras "dinamizadoras" empezó a continuación el gran sueño húmedo capitalista del reparto del pastel. Los promotores privados se pusieron a emprender rehabilitaciones integrales (llamando a los pisos lofts), con vistas a una población nueva que se los pudiera permitir. Los antiguos inmuebles propiedad de familias burguesas se vendieron a inmobiliarias que procedieron a expulsar a los vecinos de toda la vida, no rentables económicamente. Empezaron también las concesiones masivas de licencias para apartamentos turísticos y hoteles (entre 2005 y 2007 se concedió en el distrito una media de una licencia hotelera por mes). El pequeño comercio, que había sido el motor económico del barrio, empezó a retroceder acobardado ante el avance de las franquicias de café y comida rápida, los locales de ocio para turistas (léase, abrevaderos) y las desdichadas tiendas de souvenirs. Hasta que, como no podía ser de otra manera, al sueño húmedo le llegó su despertar amargo. Hace dos años, el modelo que se había aplicado al barrio simplemente se colapsó. Quién sabe si ayudado por la recesión económica, o por esa especie de entropía urbana que Manuel Delgado llama la resistencia de la urbe, la gentrification empezó a recular. Los grupos hosteleros empezaron a cerrar sus locales de la Rambla del Raval. El hotel Barceló se levantó, sí, pero permanece semivacío, sempiternamente custodiado por una patrulla de policía y aislado en medio del área musulmana del barrio, saludablemente inhóspita a sus pretensiones. Los irritantes vecinos de toda la vida, contra todas las previsiones, no se fueron. De hecho, siguen aquí. Y el crimen, lejos de responder a las ordenanzas por el civismo, ha aumentado estratosféricamente, obligando a los vecinos y comerciantes a movilizarse. ¿Justicia poética? ¿Maldición? En todo caso, el Raval vuelve a encarnar su tradicional papel de grano en el culo de la ciudad. Resulta gracioso, o lo resultaría si las consecuencias no fueran trágicas, que una clase política que tanto se ha llenado la boca con el paradigma de la sostenibilidad haya urdido un modelo que se ha derrumbado al cabo de una década. No hay ninguna ingenuidad en decidir que un barrio deje de servir los intereses de la gente que vive en él, desmantelar su tejido comercial y vendérselo a la industria turística. A esa situación no se llega por accidente. Lo ingenuo es creer que esa ruptura de un ecosistema ya precario no iba a generar el "efecto llamada" de una nueva clase criminal. Una nueva clase criminal en toda regla, literalmente fuera de la ley, es decir, intocable por ella. Traficantes a los que no se puede encerrar por ser demasiado jóvenes, prostitutas a las que no se puede deportar por no tener papeles, etcétera. Para los vecinos del Raval es obvio que turistas y criminales son dos lados de la misma moneda, Escila y Caribdis, un sistema de huésped y parásito, condenados a tener sexo furtivo entre ellos, comprarse droga y robarse. Mi hija se acostumbró ya desde bebé a dormir oyendo los cánticos borrachos de los turistas ingleses y después sus chillidos cuando las bandas de argelinos los asaltaban al cerrar los pubs. Todo esto es obvio para cualquiera que camine por las calles del Raval, hay que estar ciego para no verlo, o bien fingir que lo estás. El verdadero valor de las famosas fotos de los arcos de la Boquería, más allá de como documentos de la degradación, es como metáfora: el barrio entero es un burdel y el Ayuntamiento nuestro proxeneta. Previsiones de futuro: el equipo municipal encabezado por Jordi Hereu y la concejal de distrito Itziar González ya han dejado clara su convicción de que el barrio puede asumir más turismo, y que el Raval debe ser la nueva puerta de entrada para los miles de turistas que llegan a la ciudad en cruceros. Las nuevas intervenciones urbanísticas deben "derribar barreras" para convencer a los turistas de acceder al Raval por la zona de Santa Mónica. Ya se imaginan ustedes la clase de barreras que hay en Santa Mónica: casas de vecinos, que pueden apostar a que se irán abajo para no estorbar a las hordas de turistas.
Javier Calvo es escritor. Su última novela publicada es Mundo maravilloso (Mondadori).

domingo, septiembre 13, 2009

Tres cartas en El Periódico

Foto: I.N. Árboles en Palermo, Sicilia, julio 2009
Montserrat Fuster Casas - Barcelona
Vivo en la calle de Gomis, en el distrito de Gràcia de Barcelona, desde hace 25 años. Al igual que la mayoría de mis vecinos, conozco bien las necesidades y peculiaridades del barrio, así como la forma y características de sus vías y demás espacios públicos. En enero de este año, el ayuntamiento puso en marcha el acondicionamiento del área verde de estacionamiento de la calle, cosa que muchos agradecimos, dada la escasez de aparcamiento y la ausencia notable de párkings. Nuestra sorpresa fue que, solo tres meses más tarde, una mañana nos despertamos con la noticia de que Parques y Jardines había talado todos los árboles de la calle y una brigada de obreros se disponía a ensanchar las aceras. Nos mirábamos asombrados. Esta siempre ha sido una simple calle de paso. Ninguno de nosotros había concebido hasta entonces la idea de pasear por una calle que presenta una cuesta considerable, en la que no existe ninguna tienda, y menos ahora, en ausencia de los pocos árboles que tenía. ¿Para qué queríamos una acera más ancha? ¿Para pasear ante los inexistentes comercios? ¿Para qué talar los árboles que nos daban el cobijo de su sombra?
Mi calle es tranquila, silenciosa, y serpentea hasta la Ronda de Dalt. Aunque los árboles no eran frondosos, le daban una aspecto reconfortante. Desconozco si van a plantar algún árbol, pero si va a ser en los escuchimizados alcorques que han dispuesto en la acera, dudo de que puedan desarrollarse como es debido. Aparte del ruido y el polvo, es absurdo un gasto así en época de crisis, en la que los ayuntamientos tienen problemas para pagar incluso sus nóminas. ¿Es pura ineptitud? ¿Qué beneficio nos aporta? ¿A quién está beneficiando tanto asfalto?
NUEVO diseño URBANO
Lydia Oliva, Barcelona
Hace ya cuatro meses que se iniciaron unas obras para mejorar las aceras y los paseos centrales de una parte de la Gran Via de Barcelona, entre las calles de Urgell y Aribau. De momento, a la vista de lo que ya se puede considerar como casi acabado, en el paseo central entre Urgell y Casanova lado mar, estas obras --no digo nada del asfaltado-- solo han supuesto la supresión del arbolado que da a la calzada central; en su lugar se han colocado unas farolas de una altura impresionante dignas del peor mal gusto y de estética de autopista; se han cargado los árboles y las farolas de hierro forjado tan características de nuestra ciudad. ¿No habría sido más económico y a la vez más estético adaptar las antiguas? ¿Qué normativa arguye el ayuntamiento y quién le ha dicho que para adaptar las farolas haya que suprimir los árboles? Una avenida como la Gran Via, con la afluencia de tráfico que soporta día y noche, se salvaba de ser una autopista o vía rápida gracias a sus dos islas centrales de paseo arbolado. En verano, ese paseo será intransitable, quedará como un paseo fantasma sin un alma. ¿Quién pondrá un pie ahí con ese sol de justicia que caerá sin una mínima sombra donde resguardarse?
EL CUIDADO DEL MEDIOAMBIENTE
Isabel Núñez - Barcelona
Leí un artículo de Ramon Folch que hablaba de lo que poco después fue noticia en todos los medios: el Ayuntamiento de Barcelona quiere sustituir los árboles frondosos y capaces de dar sombra y oxígeno y colocar en su lugar escuálidos palitroques que nunca prosperan. La ciudad sufre sequía y niveles de contaminación aérea y auditiva considerables. El argumento del señor Folch es que la mayoría de los árboles se plantaron en el siglo XIX y que, como los plátanos viven 100 años, van a morir, y que, por tanto, más vale talarlos.
Curiosamente, los expertos a los que he consultado no solo me aseguran que el Platanus hispanica es resistente a la sequía y a la contaminación y capaz de autolimpiarse con sus mudas de corteza tricolor, sino que me remitieron a la web de Kew Gardens, el célebre jardín botánico de Londres, donde se explica que, aun en las peores condiciones, esta especie vive más de 200 años.
¿Permitirán los ciudadanos que el ayuntamiento convierta Barcelona en un lugar más contaminado, sucio, ruidoso y feo? ¿Qué será de La Rambla sin sus plátanos gigantes, y de las calles abovedadas de verde del Eixample y de la Diagonal? ¿Quién seguirá andando por los antiguos paseos si nos quitan la sombra? ¿Nadie va a detener esta sinrazón?

viernes, octubre 03, 2008

Manifiesto para preservar los árboles en la ciudad

Foto: I.N., Puerto de Palma de Mallorca al atardecer, 2008
Ya está escrito y enviado. Contra la opinión de los que creen que defender los árboles en la ciudad son tonterías burguesas, yo sigo sintiendo apego a esta ciudad e intento defenderla de los que la venden a las mafias del cemento, de los que le entierran la memoria y tapan las marcas de la historia con asuntos mercantiles, de los especuladores, de los ruidosos, etc. A mí me parece que las pequeñas cosas, la quietud, la sombra, el oxígeno del aire, los rincones de refugio, los árboles también son importantes. Eso no me hará abandonar las otras: sigo en el grupo de la memoria histórica, publicaré pronto mi libro de los Balcanes tras cinco años de viajar allí, y procuro aprovechar los espacios que tengo para hablar de todo lo que creo que debería cambiar, como la inversión en educación, los problemas de la vivienda, la misoginia, las directivas europeas contra los inmigrantes, el fichero edvige, el control de los aeropuertos, las tarifas de los traductores, la cerrazón cultural y de espíritu, etc., y para defender el humanismo, el psicoanálisis, la literatura, la autoficción y los lenguajes que para mí siguen siendo valiosos. Esto es una aclaración. Comprendo que algunos no congenien con lo que hago ni compartan mis inquietudes, y les sugeriría que simplemente dejaran de leerme y de interpelarme. Yo no me voy a convertir a sus teorías, ni voy a defender sus puntos de vista. Todavía podemos elegir a nuestros interlocutores y decidir con quién y desde qué niveles nos interesa discutir, para no sentir que retrocedemos cansinamente a lo más básico. Cuando hay una cierta afinidad y reconocimiento mutuo, la discusión y el intercambio son una suerte. Et pour le reste, on se'n fout!
Los que quieran leerlo y tal vez firmar, háganlo aquí. Pueden añadir su profesión en la casilla de comentarios. Y enviar un email a quienes crean que pueden firmar. Ah, ¡y muchísimas gracias a todos los que ya habéis firmado!
Para ver la basura que rodea a nuestro pobre azufaifo en Localia TV, pinchad aquí

martes, septiembre 30, 2008

En el AVUI de hoy

Foto: http://farm2.static.flickr.com/1178/1467551078_38c94541ea.jpg
La notícia del lector
Brutícia i deixadesa al ginjoler bicentenari
Els veïns de Sant Gervasi que l'any passat van aconseguir que el ginjoler bicentenari del carrer Arimon no es trasplantés denuncien que el solar on està plantat s'ha convertit en un abocador
Laia Curcoll, Sant Gervasi
Ult. Act. 30.09.2008 - 08:40 hs
Els veïns de Sant Gervasi que l'any passat van aconseguir que el ginjoler bicentenari del carrer Arimon no es trasplantés denuncien que el solar on està plantat s'ha convertit en un abocador. Després de mesos de recollida de firmes, lluita veïnal i converses amb el districte i l'Ajuntament, el desembre del 2007 es va catalogar el ginjoler com a arbre d'interès local. Des de llavors, però, el solar ha anat acumulant deixalles sense que ningú les hagi tret. "És increïble que després de tot plegat el ginjoler més gran d'Europa s'hagi convertit en un abocador d'escombraries, és una vergonya", es queixa Isabel Núñez, líder del moviment veïnal per salvar l'arbre i autora del llibre La plaça del ginjoler. L'arbre en qüestió està plantat en un terreny privat, a l'antic jardí d'una casa particular que al maig de l'any passat es va enderrocar per construir-hi un edifici. La declaració d'arbre d'interès local implica que passi a ser de propietat municipal, però segons fonts del districte de Sarrià-Sant Gervasi el solar segueix sent de titularitat privada i per tant queda fora de les responsabilitats municipals. De totes maneres, afirmen, "si el solar està en males condicions es farà un requeriment al propietari" per demanar-li que netegi la zona. Més enllà de la brutícia, els veïns estan preocupats pel futur del ginjoler. Reclamen que no es construeixi res a l'altra part del solar perquè el ciment podria compactar la terra i l'arbre acabaria morint. Proposen fer-hi una plaça de sorra per donar a l'arbre prou espai per seguir vivint i crear un lloc d'esbarjo per als veïns.

viernes, septiembre 19, 2008

La ciudad convertida en pesadilla

Foto: Guillermo Aguirre, Jardines en Lisboa, 2008
Ayer, a "s'hora baixa" (como dicen en Mallorca), cogí los Ferrocarrils de la Generalitat para ir a la exposición de una amiga, en Ciutat Vella. Al llegar a plaça Molina, el metro se estropeó, es decir, se paró y allí nos quedamos, sin explicación ninguna. La gente se resignaba y leía. Me fui a preguntarle al conductor, quien me informó que él no sabía nada, que a él sólo le habían dicho que no tirase porque habría alguna avería más adelante. "A ver si me llaman y me dicen algo", añadió al ver que la gente empezaba a concentrarse y a preguntarnos. Como nadie le llamaba (ni nadie parecía pensar en los viajeros), la mayoría decidió bajar. Pero entonces llegó el problema: ¿cómo salir de allí? Una estación que antes era cómoda se ha convertido en un laberinto espantoso. La salida de Molina de línea Tibidabo era rápida y con pocas escaleras, un solo tramo. Ahora te obligan a viajar al centro de la Tierra, subir, bajar, como en una ginkana, volver a subir, a bajar, la gente ya murmuraba, "esto es un laberinto", "Oiga, perdone, para salir a la calle?". Yo no sé si habrá un ascensor oculto para los que no pueden andar, pero es que esa estación no es accesible siquiera a nadie que no sea un boy-scout con falta de ejercicio y amante del cemento y los túneles. Ciertamente no era tan espantosamente feo como ese granito gris brillante combinado con cemento y olor a alcantarilla de la nueva Provença, pero no se acababa nunca y parecía una broma pesada. Ojalá yo me haya equivocado, con los cincuenta o sesenta que hicieron el mismo camino, y no sea ésa la manera. Al fin respiré en la calle, y cogí el 17, que iba lleno, pero al menos aceleró y llegué a tiempo de ver los paisajes de pesadillas y visiones goyescas de Rossanna Casano (a carboncillo y en un espacio idóneo). Yo no volveré a coger ese metro en esa plaza ni a salir de ahí, a menos que vuelva a estropearse. Antes, los ferrocarriles eran una alternativa de transporte agradable; ahora son otra pesadilla.
Ya están haciendo las catas en la plaça Joaquim Folguera. Ahí también nos arrancarán todos los hermosos lledoners, la sombra y la tierra para hacer otra pesadilla de metro inaccesible. Ésas son las infraestructuras de García Bragado y su Urbanismo. Ya lo decía J.M.Montaner en El País en junio. La política municipal cambió. Lo que en principio era un acuerdo entre lo público y lo privado ahora es puro neoliberalismo; pero no es sólo eso (él lo decía a propósito del horror que están haciendo en la Barceloneta, pura gentrificación; y yo he descubierto su artículo gracias al blogger Fafner). También es la fealdad, la falta de verde, el ruido (Sarrià-Sant Gervasi, el distrito más ruidoso; y no son sólo las motos, son sobre todo las obras sin contención, sin límite de decibelios, ese laissez faire que ha permitido y sigue permitiendo derribar edificios históricos, mansiones modernistas y novecentistas, y caserones hermosos para construir basura mediocre y falso lujo... Cada vez que cojo una calle distinta descubro nuevos desastres. Un barrio que era frondoso y tranquilo es ahora una cantera; ya sé que me repito, ¿pero qué puedo hacer?), la destrucción del patrimonio arquitectónico y de la fisonomía identitaria de esta pobre ciudad. ¿De verdad vamos a permitirlo pasivamente? A esta hora de la mañana y en septiembre, los niños nuevos de la guardería lloran al unísono, algunos con una potencia asombrosa, lloran entre el fragor de las máquinas y el polvo, lloran entre las motos sin silenciador, los camiones, las ambulancias con sirenas exageradas que serían imposibles en ninguna ciudad civilizada, lloran sobre el estruendo de los autobuses y grúas, lloran junto a las basuras que rodean al azufaifo, a las basuras acumuladas en las aceras, lloran junto a las ratas. ¿Quién no se uniría a ellos? Estos políticos corruptos nos han destruido la ciudad y han convertido la vida cotidiana en un infierno.

martes, septiembre 09, 2008

Árboles, ciudad, memoria

Foto: I.N. Nîmes, 2008
El peatón, especie amenazada Màrius Carol
El Ayuntamiento de Barcelona quiere unir el Trambaix y el Trambesòs por la Diagonal, para lo cual ha previsto modificar esta avenida, de tal modo que las vías del tranvía (ida y vuelta) convivan con dos carriles de autobuses, otros dos de bicicletas, un par de pasillos de servicios, cuatro viales para automóviles y unas aceras más amplias para peatones, que se disputarán el espacio baldosa a baldosa con las motocicletas aparcadas y las furgonetas de carga y descarga, que seguirán invadiendo el territorio del viandante por la proximidad a los establecimientos donde reparten su género. Con esta decisión, el Consistorio descarta definitivamente que el tranvía circule soterrado como sugirieron los técnicos municipales porque la Generalitat consideró que era demasiado caro. La solución adoptada concentra tantos actores de movilidad que se conseguirá que la Diagonal sea lo más parecido al camarote de los Hermanos Marx de Una noche en la ópera, cuando Groucho pide para la cena un menú de huevos inacabable: “Camarero, traiga dos huevos fritos, dos revueltos, dos pasados por agua, dos en tortilla y dos huevos duros”. Mec (suena la bocina de Harpo). “Que sean tres”. La Diagonal dejará definitivamente de ser un bulevar, con sus aceras interiores, como ya ocurrió con el paseo de Gràcia en su día. Y como las calles no son de goma, la introducción del tranvía no sólo reducirá espacio al coche privado, sino al peatón, especie amenazada en la ciudad, porque cada vez resulta más difícil poder ejercer de viandante. En la Diagonal pronto será más fácil ser cotorra que transeúnte, porque las primeras se han hecho fuertes en las palmeras de la avenida, mientras que los peatones quedaremos constreñidos en los laterales, disputando cada palmo con las motos aparcadas, las camionetas de transporte y las estaciones de bicing. La nueva Diagonal costará alrededor de cien millones deeuros, supondrá meses y más meses de obras en cuatro kilómetros de Barcelona, comportará la tala de centenares de árboles, acarreará la desaparición de cuatro carriles de automóviles y conllevará la reordenación del tráfico del Eixample. El alcalde, finalmente, y después de muchas dudas, se ha convencido de que el cambio permitirá convertir la avenida en paseo, pero, a la vista de la cantidad de medios de locomoción públicos y privados que se disputarán los 50 metros de ancho de calle, habrá que poner cascos azules para proteger el territorio peatonal. A lo mejor pensando en ellos el alcalde ha definido el cambio como una manera “de pacificar la Diagonal”.
Borrar el pasado de la ciudad, borrar el verde y la sombra y borrar la memoria de lo que fue. Hoy una abogada amiga me ha dicho que hay gente que se alegra de la ampliación del metro en la plaça Joaquim Folguera y cuando ella les dice, escandalizada: "Pero, cortarán todos los árboles...", ellos responden extrañados o mirándola como si estuviera loca: "Son viejos..." No saben que cuando más viejo, mayor es el poder oxigenador de un árbol, su tamaño, la sombra que da y la frescura... Y es que el analfabetismo les resulta tan útil a los políticos... Pueden hacer lo que quieran, embolsarse todo el dinero de las mafias que invierten en la construcción, arrebatarnos todo árbol, toda sombra, todo suelo de tierra, tirar los edificios que configuraban la identidad histórica y el patrimonio de la ciudad, construir arquitectura barata y mediocre, venderla como si fuese de lujo, cobrar impuestos por todo, trabajar con máquinas ensordecedoras, llenar el aire de polvo y contaminación... y algunos se alegran. No se dan cuenta de que con su dinero cada vez pueden comprar menos. De que cada vez están más enfermos de respirar y vivir en esta pobre ciudad malsana. Cada vez pasan más calor en verano, con asfalto ardiente y sin frescura de árboles. De que en el lugar donde fusilaron a tantos barceloneses que defendían al gobierno legítimo han construido una especie de feria que ahora quieren unir a la Diagonal, y con ese pretexto destruyen el último gran paseo barcelonés. No se dan cuenta de nada. No añoran ese rumor de los árboles en medio de un silencio que podemos escuchar en muchos rincones de París y mucho más aún en Berlín. No añoran la belleza de la vieja arquitectura. Y cuando se den cuenta de que todo, historia, memoria, patrimonio y espacio natural, aire puro y silencio, todo les ha sido arrebatado, ya será demasiado tarde y los que ahora ocupan el ayuntamiento y la generalitat estarán viviendo en una ciudad mejor, con sus pingües beneficios.
Por cierto, si quieren leer mi artículo en el Col·legi de Psicòlegs, lo encontrarán aquí, en la página 22 de la revista [abajo debe decir Sec7:22 (24 of 108)].