domingo, abril 12, 2009

Ayer, en La Vanguardia, Gregorio Morán

Foto: I.N. Plaça Joaquim Folguera, Árboles condenados por la corrupción municipal del cemento, 2009
El éxito del modelo Berlusconi SABATINAS INTEMPESTIVAS Gregorio Morán Hay que verlo para creerlo. Rodeado de escombros y desolación, con ese rostro apergaminado por las cirugías y esa sonrisa de medio lado de los tipos a los que se les da una higa los demás, Silvio Berlusconi se dirige a todos para expresar el momento patético de la catástrofe de L'Aquila y le salen frases como “garantizar a las víctimas hipotecas de bajo tipo de interés” o deben “tomarlo como un fin de semana en un camping”. Berlusconi es uno de esos personajes que no están hechos para que la literatura los trabaje, no pueden describirse, son carne de imágenes en movimiento. Es un espectáculo audiovisual, apenas si tiene algo que ver con la letra escrita. No se le capta en su auténtica naturaleza a menos que se le vea actuar, porque lo suyo es el circo. No hace de payaso, aunque tome cosas de él; ni de trapecista, si bien le entusiasma anunciar los triples saltos mortales; ni tampoco de domador, por más que lo suyo tenga mucho de alimentar fieras. Silvio es, por encima de todo, el presentador, ese individuo de frac que habla y gesticula mientras va dando entrada a los números; el que dirige la fiesta ante el público pazguato y expectante. No creo que haya ningún secreto tras el personaje Silvio Berlusconi, porque todo lo que tiene, ya sea de patrimonio ya sea de personalidad, se puede explicar sin demasiado esfuerzo. Incluso sus actitudes, típicas de un delincuente; su desprecio por la ley y esa conciencia hoy tan celebrada incluso por la magistratura de que el delito de iniciados no paga y que los tribunales al fin y al cabo son lo más parecido a lo que en sanidad se llaman centros de primeros auxilios; se atiende a los casos urgentes con medidas de contención y paliativos, y se revierte luego el paciente a los grandes hospitales para engrosar la lista de espera. Donde sí está la intriga, la polémica, lo inquietante, es en saber quiénes y por qué le votan. En primer lugar hay que contar con el odio hacia una casta política más despreciada aún que los grandes delincuentes. Puestos a elegir para que lleve sus asuntos, mucha gente prefierea un delincuente con años de rodada a un pulpo glotón, discreto y falaz, que va arramblando con el presupuesto en nombre de un partido, de derechas o de izquierdas, eso es lo de menos, porque la diferencia en esto es casi imperceptible fuera del lenguaje, del estilo. El de Silvio Berlusconi es estentóreamente derechista, pero no en una medida tan relevante como los gestos. La palabra no tiene el más mínimo valor si la separamos del gesto. A Berlusconi hay que verlo hablar. La gran fortuna berlusconiana procede del socialismo italiano; sin Bettino Craxi no se podrían entender ciertas maneras de abordar la política o la magistratura o la política exterior de Berlusconi. Crece y se expande a partir de la gran época de los socialistas en el poder. Y yo me pregunto si en una medida similar, nosotros no hemos saltado a la gran burbuja del ladrillo y el fraude y los negocios especulativos gracias a ese periodo económico que iniciaron gentes como Miguel Boyer y Carlos Solchaga, por citar dos ejemplares genuinos de profesionales de la política y la finanza que abrieron una época y un estilo.Eso ayudaría a entender a un tipo de 72años que se comporta como un empresariocircense con los ciudadanos y comoun mafioso con sus colegas; que fabrica leyes de inmunidad para sí mismo; que ha comprado a jueces y abogados; que se ha constituido en el más rico del país; que es zafio, vulgar, lenguaraz y hortera hasta el patetismo. ¿Cómo ese hombre puede conseguir una popularidad superior al 55 por ciento de la población italiana, cuna de la insinuación política y de la teoría del Estado, y de la finezza y del compromiso, y de tantas otras cosas como hemos aprendido de la laberíntica clase política italiana desde hace siglos, incluso antes de que se llamara italiana? Pues posiblemente por eso, porque la sociedad ha cambiado y porque la escala de valores de una sociedad castigada por una clase política de rapiña y doblez convierte a la ciudadanía en personajes de Hobbes; te merece más confianza un jefe de estafadores que el sicario de un aspirante. No es sólo que puestos a robar, haya una mayoría que prefiera a unprofesional que a un novato. Ahí no está el peligro. Lo inquietante viene cuando robar no está mal visto si algo de ello revierte luego a los demás.
Lo llamativo de un jefe de Gobierno como Berlusconi no consiste en que la gente conozcayobvie su categoría de delincuente, sino que su categoría de delincuente con grados de veteranía constituya un atractivo político. Y quizá sea esto lo que nos negamos a ver y mucho menos a admitir. Un ladrón, un estafador, un tipo corrupto, públicamente conocido como tal, representa una opción recomendable para una sociedad donde se admira al gran delincuente y se ridiculiza al robaperas. Es sabido que la casta privilegiada de los diputados en Italia supone tal cantidad de prebendas, desde las económicas –viene a salir por unos 19.000 euros al mes– hasta las de la vida cotidiana, que es lógico que uno no tenga por qué hacer ejercicios de contrición y equilibrio para votar entre un chorizo pequeño o un chorizo grande. Nuestra sociedad, la española, que está mucho menos formada en el juego de la política –Franco solía decir “haga usted como yo y no semeta en política”– tiende a la abstención, porque la política profesional aún no está irremisiblemente desprestigiada, aunque camina hacia allá a marchas forzadas. El alcalde de Alcaucín, un pueblo malagueño de dos mil y pico habitantes, fue detenido y encarcelado por recalificar suelo rústico para que un puñado de empresarios y arquitectos construyeran buenas casas que luego vendían a extranjeros. Un albañil, con dos hijas, también detenidas, pero “todos muy buena gente”, al decir del pueblo, tanto que hasta era “cantaor” y tenía su prestigio en el cante como “Pepe Calayo”, nombre artístico de José Manuel Martín Alba, socialista y alcalde veterano; cinco elecciones seguidas con mayoría absoluta ¿Alguien duda que el tal Martín, albañil, cantaor y recalificador de suelo rústico para su beneficio y el de los suyos, volvería a ser elegido y con mayoría absoluta? ¿Y qué decir de la alcaldesa aragonesa de La Muela, que conforme se forraba aumentaba su número de votos hasta alcanzar la mayoría más absoluta posible? Alcaldesa de por vida de no ser porque una denuncia la ha llevado a la cárcel. María Victoria Pinilla, del Partido Aragonés, toda una estrella que consiguió llevar al pueblo a Julio Iglesias, a precio de vellón, como es debido, pero mientras ella se enriquecía había para repartir y al pueblo le tocaron tres museos y una plaza de toros de alta tecnología. Eternamente agradecidos, la volverían a votar. Miles de ciudadanos, cada vez que pasábamos a la vera de Castro Urdiales, en la entrada de Cantabria desde Euskadi, nos quedábamos pasmados ante aquel derroche de ladrillo que convirtió un pueblo encantador en un agobiante hormiguero. Al fin acaban de detener al alcalde y a su predecesor. Una revisión de los patrimonios de todos los alcaldes españoles, y sus familiares, que en los últimos diez años convirtieron suelo rústico en urbanizable, llenaría las cárceles. Sería una crisis de Estado, porque la mayoría de los ciudadanos están felices, convencidos de que algo les ha tocado en la rebatiña del fraude, de la estafa y del globo inmobiliario. Si no partimos de esto, jamás entenderemos cómo ha sido posible el estruendoso silencio que ha rodeado el informe Auken sobre la economía española en la última década solicitado por el Parlamento Europeo y que presentó recientemente la danesa Margrete Auken. Fue aprobado en Estrasburgo por 349 eurodiputados, con el voto negativo del PP y la abstención del PSOE. En él está escrito que nuestro crecimiento económico era “insostenible”, que alimentamos una “corrupción endémica” compartida por todas las administraciones, “la central, las autonómicas y las locales”, amparadas en una judicatura incompetente y venal. Eso explica el éxito del modelo Berlusconi. Es exportable y fácil de adaptar.

7 comentarios:

Qualunque dijo...

La verdad es que el panorama es desolador...

No tengo practicamente ninguna esperanza pero creo que, además de cambiar el modelo de desarrollo de ladrillo, sol y playa, deberíamos replantearnos el modelo territorial, que en lo único que se ha demostrado eficaz es en descentralizar la mediocridad y la corrupción.

A pesar de tanta descentralización política hasta el absurdo, este país sigue siendo economicamente centralista mientras
otros grandes países europeos -no creo en los referentes dicho sea de paso- parecen mucho más eficientes, como la policéntrica Alemania o incluso el 'centralísismo' Estado francés donde por ejemplo el 2º polo universitario del país se sitúa en Grenoble y el principal centro de la industria aeroespacial europea en Toulouse.

Quizá nosotros no hemos dejado más alternativas que el ladrillo a muchas zonas de España que han mirado para otro lado de manera complice mientras el cemento lo destrozaba todo.

Creo que el Estado podría ser garante y planificador de un buen sistema sanitario o educativo, por poner un ejemplo, aunque eso en esta España me resulta una utopía... Para muchos será mejor continuar desperdiciando recursos y 'chupando del bote'.

Lo peor es que aquí reclamar un determinado Estado central más fuerte es poco más o menos que una exaltación franquista.

... lo dicho, desolador.

civisliberum dijo...

Como pueden los italianos votar una persona como el Berlusco? Lo cierto es que no engaña a nadie, siempre se muestra con la mofa, laa intolerancia y los gestos propios del mafioso triunfador y despreciador del resto. ... y la gente aún le vota más. Ya no es la mofa a los parados, a los negros y a los enfermos terminales, ahora ha sido la mofa a las victimas de una tragedia. La gente lo seguira votando y riendole todas sus gracias.

zbelnu dijo...

Qualunque, ¿no te has leído el artículo? ¿No te das cuenta de que no es un error de pensamiento ni de planteamiento sino de que los políticos están pringados y corruptos hasta las cejas? No hay opción política, de momento...
Civislib, ¿tú tampoco te lo has leído? ¿Y por qué en España los alcaldes más votados son los más corruptos? El texto de Gregorio Morán se ocupa de eso...

Qualunque dijo...

Zbelnu, al certero diagnostico que Gregorio Morán hace poco se puede añadir.

Lo que he intentado plantearme, de modo paralelo, es si ese modelo corrupto se intensifica por un determinado modelo territorial, político y económico.

Y cuando el autor dice que 'la mayoría de los ciudadanos están felices, convencidos de que algo les ha tocado en la rebatiña del fraude' me pregunto si no es porque no se han desarrollado otras alternativas...

¿Nuevas opciones políticas? Absolutamente imprescindibles, pero también -bajo mi humilde punto de vista- nuevas estructuras, nuevos enfoques...

zbelnu dijo...

Qué suerte ser tan optimista y creer que tenemos opciones. No, no creo que la causa sea el modelo territorial. La causa la nombra bien clara Morán, la corrupción, esa pasividad heredada del franquismo facilita las cosas, súmale el analfabetismo y la aprobación de un modelo corrupto.
El modelo territorial no habría estado mal si se hubiera llevado decentemente y los recursos para contener los abusos se utilizaran, pero en este país no hay instituciones ni prensa que se atrevan a oponerse. Nadie hace nada y la corrupción es tal que yo incluso eliminaría el estado de las autonomías, porque multiplica el robo, el cemento, la destrucción del entorno y del patrimonio, etc. Yo ya no quiero que les den más dinero a nuestros políticos catalanes, ya ves cómo lo gastan. Nadie parece dispuesto a invertir en educación, en investigación, en corregir la situación. Sólo en seguir con lo que llaman "obra pública", la destrucción de todo.
Yo creo que hay que resistir y denunciar con ferocidad, pero no creo en nada de lo que tú crees, no existen esas opciones aquí.

Jose Hernández dijo...

La situación italiana es compleja: las razones por las cuales Berlusconi es reelegido una y otra vez a pesar de su historial delectivo y las pruebas más que feacientes que lo acusan, son de índole sociológica. Simplemente, el estado italiano, muy debilitado por las organizaciones mafiosas que pululan a sus anchas por todo el territorio, se diluye cada vez más ante la pasividad de una gran cantidad de ciudadanos que no han incorporado nunca el concepto de cosa pública. La historia viene de lejos: mucho y bien se ha escrito acerca de la voluntad autoritaria y fascistoide de la logia masonica P2, de la que Berlusconi formaba parte. Lo peor no es el cinismo o el golpe de efecto; nisiquiera la especulacion inmobiliaria ni las infiltraciones mafiosas. Lo más doloroso y desespernzador es la lenta y continua degradación moral de una sociedad que, cerrando los ojos ante la obvidad, se permite y se autoriza a si misma a incumplir leyes, olvidar la constitución y enriquecerse ilicitamente. La hipocresia moral gana la batalla y los medios de comunicación (controlados o no por Altappone, como lo llama un valiente periodista) se autocensuran en pro de un bienpensante mascara... A pesar de esto, ya me gustaría que en España se atreviesen a emitir progrmas televisivos del rigor, la seriedad y la valentia de Anno Zero o Que tempo che fa. Este último dedico un entero progrma de casi 2 horas a Roberto Saviano y la camorra en horario de máxima audiencia, con una seriedad y rigor ejemplares y casi sin publicidad...

zbelnu dijo...

Yo estoy con Morán (y con Azúa, que también lo decía): Lo que está ocurriendo en España no es tan distinto, excepto en las formas del presidente. Y efectivamente, aquí nunca ha habido programas culturales como los que ha habido allí y que todavía ahora resurgen pese a la asfixia.