viernes, abril 06, 2012

Algo no encaja


Entre lo que vemos y lo que nos están diciendo los periódicos y otros medios de comunicación. Tras las manifestaciones del 29 de marzo, todos los medios han hablado de violencia callejera y se han preguntado las razones y han condenado a los manifestantes violentos, en un clima que propicia y casi justifica las medidas represivas y dictatoriales que el gobierno de Mas y su terrible conseller Felip Puig. Esas medidas limitan la libertad de expresión y reunión, vuelven a las maneras del franquismo y la dictadura y nos separan más aún del resto de Europa. Sin embargo, los que estaban en la calle, gente de muy distintas edades, extracción social, procedencia, etc., saben que la única violencia fue la violencia policial y que en varios casos los mismos manifestantes identificaron a grupos de policías infiltrados que, disfrazados de manifestantes, quemaban contenedores o atacaban comercios.
Por suerte, todavía circulan esos vídeos en los que, por ejemplo, los manifestantes identifican y desenmascaran a uno de esos grupos policiales. O en el que los bomberos, que participaban en la manifestación, interpelan a la policía pidiéndoles que dejen de disparar, mientras los Mossos siguen disparando. Las fotos y las crónicas del pobre joven italiano al que esos disparos han dejado ciego, Angelo Cilia, y cuya foto es censurada una y otra vez en facebook, pero sigue apareciendo en las redes por la persistencia de los internautas. Los jóvenes estudiantes pacíficos que han sido encarcelados, gracias a un fiscal que defendió hace poco a narcotraficantes, y a pesar de la petición de muchísimas asociaciones e instituciones. Otros ingresados en el Hospital de Sant Pau presentaban rotura del bazo, por ejemplo. Si eso no es violencia... En otro vídeo se ve a la policía arrojando gases lacrimógenos contra gente completamente pacífica, jóvenes, mayores, viejos, etc.
O la carta de un padre cuyo hijo de 4 años recibió un pelotazo de goma porque estaban sentados tranquilamente en la calle cuando llegó la policía.
Luego se extrañan de que una parte de la población haya dejado de comprar la prensa. Si cada vez que hablan de algo que hemos visto o que conocemos bien mienten o falsean los hechos, ¿por qué seguir leyéndolos? Nos mintieron con Iraq y las armas de destrucción masiva, nos mintieron con la gripe A, nos mintieron con el "España va bien", y siguen sin hablar de lo que ocurre. A mí me gusta la prensa, escribo en ella siempre que puedo, he sido siempre lectora de periódicos y quisiera seguir siéndolo (y no resignarme a comprarla sólo los días de los suplementos literarios). No puede ser que el verdadero periodismo, el que observa y muestra y ofrece material para la reflexión, por complejo que sea, desaparezca. Y que sólo queden los vídeos y los testimonios directos. ¿O sí?