Foto: Rafa Zaragoza
Sin noticias de la suerte del azufaifo. Tras una larga indagación, Isabel Lacruz ha sabido que la reunión municipal con el propietario del solar se ha pospuesto hasta el 27 de agosto. La promesa de mantenernos informados, a nosotras y a los 900 vecinos que han firmado pidiendo La placeta del Ginjoler, que el árbol se quede donde está y se ajardine ese solar, se ha incumplido una vez más. A veces da la sensación de que las costumbres democráticas y el diálogo con los ciudadanos que, con sus impuestos pagan a los políticos y que los eligen en las urnas, no están tan arraigadas en este país como en el resto de Europa. Nosotros, por mediación de Borja Querol, hemos presentado una queja a la Síndica de Greuges de Barcelona, por la desinformación y porque queremos seguir el proceso, la catalogación del árbol y el estado de las negociaciones.
Pero seguiremos vigilantes. El árbol también sigue ahí, con sus raíces invisibles extendiéndose por el subsuelo y las ramas abiertas hacia el cielo. Hay gente que viene a verlo, gente del barrio y gente de fuera de la ciudad, que han sabido de su existencia por los blogs y los periódicos.
Subí con Aurora Altisent a un piso situado frente al azufaifo, para que pudiera observarlo desde allí. Y dibujarlo. Se veía mucho más alto que en la calle. Gracias a las indicaciones del librero de la calle Berlinès, he encontrado una página web donde aparece esa foto que lo muestra en todo su esplendor (en un extremo se ve el morro de la destructora grúa, y es que están tirando todas las casitas del patio de manzana y construyendo edificios feos a toda prisa, edificios baratos que intentarán vender muy caros), y en otra foto de esa web están los trapos verdes que los vecinos han ido poniendo en las ventanas y en los escaparates de las tiendas, por iniciativa del dueño de un restaurante donde ya preparan postre de azufaifas.
