sábado, agosto 04, 2007

Los límites de la política

Estos días, leer los periódicos, o peor, ver las noticias me llena de aprensión y a veces no puedo soportarlo sobre todo, porque los responsables de todo el horror siempre siguen impunes, incluso tenemos que verles sonrientes en los medios o comprobar cómo uno de ellos, el feo bigotazos que nos gobernó, se hizo de oro con su política belicista, dejándonos para siempre expuestos al terrorismo islamista, como ya se vio en el 11-M. Los heridos en la frontera afgana con Pakistán, la vida cotidiana en Irak, los veinte millones de personas desplazados por los monzones (que empeoran terriblemente con el cambio climático) en la India, los dibujos de los niños sobre el terror de Darfur, las armas que todos envían a Israel y a Arabia Saudí, las vacas que enferman alimentadas con basura, los incendios que destruyen nuestro paisaje para siempre, la siniestralidad laboral en este país, los puentes que se caen a causa de obras (en medio de las noticias, como pura pornografía, los anuncios de una empresa "dermoestética", que engañará a tanta gente con sus promesas de belleza fallida mientras transmite su idea fragmentada y cosificada de las mujeres a toda página, y a algunas nos remueve el higadillo)... Para rematar, un amigo escandalizado me manda el venenoso artículo de un periodista amarillo del Avui, que utilizó un supuesto asunto personal para insultar de una forma rabiosa, misógina, pornográfica e inadmisible a una ministra del PSOE. Me dicen que no es la primera vez que lo hace. Por lo visto, Juan Marsé, cuando declinó la invitación a Francfort, dijo ácidamente que se la dieran a cualquier escritor catalán excluyendo a ese periodista y a otra escritora oficial. Lo que me sorprende no es que el "periodista" demuestre esa falta total de ética, sino que, como dice mi vecino escritor, un periódico tan subvencionado le ofrezca generosamente espacio. Yo no soy votante del PSOE ni pondría la mano en el fuego por lo que hará esa ministra en su nueva responsabilidad, pero me parece terrible que se utilicen esas cosas, sean inventadas o reales, y sobre todo, que el nacionalismo sea excusa para el amarillismo total.
Durante el franquismo, las organizaciones sindicales, por ejemplo, intentaban sujetarse a una ética social y progresista o se les podía reclamar que lo hicieran. Ahora, tenemos que ver cómo esas mismas organizaciones defienden a los funcionarios de la cárcel acusados de torturar a los presos sin que nadie diga nada. En Catalunya, el nacionalismo se había construido contra Franco y había unos límites éticos que no habrían permitido estos excesos del Avui. Parece que en este país no pueda haber discusión sin recurrir al insulto personal, a los trapos sucios y la demagogia. Por eso el nivel del discurso es tan bajo, tan básico, comparado con las discusiones y análisis de la prensa francesa o el Parlamento británico.
Cada vez es más difícil encontrar una buena noticia en la prensa, quedan pocos columnistas (se fueron Haro Tecglen, Vázquez Montalbán, etc.) de los que me consolaban por afinidad crítica. Como mucho, la buena noticia puede ser el estreno de una película iraní o china, que hay que ir a ver corriendo, antes de que la quiten...
Lo siento, estoy muy pesimista.