martes, octubre 16, 2007

Prensa

Ilustración: He recibido este bonito anuncio del Times Literary Supplement. Ya sé que es publicidad, pero me gusta mucho ese árbol de libros, tan apropiado para mí, que me tienta renovar la vieja costumbre de subscribirme, aunque ¿cuándo lo leeré? Leo a trozos el Granta que aún recibo... y ya dejé The New Yorker...
Hace dos días, mi amiga Erika Bornay me recomendó el artículo de Xavier Vidal-Folch en El País sobre el "asunto Frankfurt" y lo cierto es que coincido por completo. Creo que vale la pena su lectura.
Hoy he visto un artículo del siempre interesante Vicenç Navarro donde se queja del sesgo neoliberal de la prensa de este país, y de esa extraña mentalidad de los españoles, que valoran a Solbes por encima de otros líderes sin darse cuenta de que España está en el vagón de cola del gasto social europeo y que incluso Gordon Brown es izquierdista comparado con sus medidas políticas. Léanlo, por favor. Navarro es el único que habla de las cosas por su nombre en el terreno económico y que siempre me hace pensar en las palabras del desaparecido John Kenneth Galbraith de que en la actualidad, izquierdas y derechas sólo se distinguían en la inversión social y en educación y que la seguridad social y los servicios públicos deben ser deficitarios por definición. Todo eso ha desaparecido con él, al menos por estos lares (no en Suecia y en los países nórdicos, donde yo debería vivir si no fuese por el frío y porque no conozco sus lenguas).
También leo que España es el segundo país preferido por la inmigración y eso me hace pensar nuevamente en la cuestión del velo y de la necesaria laicidad que no tenemos. Si no nos decidimos a acabar con esta semiconfesionalidad y no rompemos ese acuerdo tan injusto con la Iglesia católica, que tan responsable fue de la represión franquista, no tendremos argumentos para frenar el asunto del velo y dentro de un tiempo habremos renunciado o retrocedido en las conquistas de los derechos de las mujeres. Había un artículo de Soledad Gallego-Díaz sobre el velo hace unos días en El País, muy atinado a mi modo de ver.
En cuanto al rechazo de Mayor Oreja a condenar el franquismo y sus declaraciones de que se vivía plácidamente no son ninguna sorpresa. Esa derecha no es demócrata y puede seguir defendiendo un régimen ilegítimo, instituido por la fuerza contra la voluntad popular manifestada en las urnas, con el apoyo de Hitler y Mussolini, y en este país esas declaraciones son asombrosamente legales y toleradas. Se persigue a quienes queman una bandera o una foto del rey, pero se permite que alguien defienda las atrocidades del franquismo y siga en la política activa.
Alguien me ha llamado maximalista por mis opiniones, tal vez lo sea (yo prefiero que me llamen radical, no significa mucho en un país de tibios), pero es un hecho que el franquismo nunca fue derrotado, nunca perseguidos sus responsables, nunca hubo una ruptura clara, a diferencia de lo que ocurrió en Europa, y por eso seguimos como seguimos, Y también por eso, y por la ignorancia tremenda que supuso ese silencio, la gente no se entera del significado de las medidas de Solbes o la diferencia de lo que propuso Caldera, por ejemplo, aunque fuese por la proximidad de las elecciones. De la misma manera que la gente confunde el clima y la pereza generalizada con la calidad de vida cuando insiste en que en este país "se vive muy bien". Basta ver el índice de endeudamiento, las hipotecas, los precios de la vivienda y de los productos básicos y compararlos con los sueldos y a su vez con los europeos para comprender que aquí se malvive (excepto los poseedores de grandes fortunas y los banqueros, naturalmente).
Y volviendo al azufaifo, ayer bajé de casa a comprar pilas para el ratón inalámbrico, que se había muerto sin reserva, y fue como si lo hubiera propiciado la famosa providencia de los cristianos. Vi un camión grúa con unos operarios que intentaban colgar unos alambres de las ramas del azufaifo. "¡Oiga, alto, ahí no! ¡Ese árbol está protegido!" exclamé yo. Iban a colgar las luces de Navidad. Tuve que llamar a la Guardia Urbana, a Ninca, que vino con la documentación, a la peletera que organiza las luces y que, por suerte para nosotros, es partidaria de preservar el árbol. Y logramos arreglar la cosa, aunque no fue fácil. Más tarde, el ingeniero técnico agrícola que nos ha ayudado en esta batalla me dijo que un alambre puede matar una rama, con el roce. Una hora en la calle. Así cualquiera trabaja.

6 comentarios:

cacho de pan dijo...

me gustaría enterarme de lo que dijo Vidal Folch, a quien conozco...no podrías colgarlo o enviármelo?

Júlia dijo...

La iglesia católica continua siendo intocable, no hemos conseguido 'sacar' la religión de las escuelas y así nos va, ahora hemos de tragar el 'café para todos'. No creo que deban ocultarse ni menospreciarse los asesinatos de religiosos durante la guerra, que tanto franquismo sociológico propiciaron, pero tampoco obviar la responsabilitat de las jerarquías eclesiásticas en el conflicto.

zbelnu dijo...

Toda la razón, Júlia, efectivamente, la izquierda hace mal en no haber encarado públicamente sus crímenes de guerra, pero esa es otra historia, que se añade a la confusión y al memorial de agravios. Naturalmente, el papel de la Iglesia en la represión y los abusos de los vencedores son mucho más largos y cuantiosos porque continuaron durante los años de larga posguerra

zbelnu dijo...

Pero Cacho, si lo colgué... sólo hay que pinchar en su nombre... qué has tomado? No viste el azul?

civisliberum dijo...

No es posible leer el articulo de Vidal-Folch si no estas abonado a El Pais.

zbelnu dijo...

Tienes razón, Civisl.., creí que lo había arreglado, pero no... ya se lo he mandado a Cacho