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domingo, febrero 07, 2010

Mientras crucifican a Zapatero

Foto: I.N. Puesta de sol en la fea calle Aragó, 2010
Ahora ya en la prensa y en todas partes, además de en Europa, y éste echa mano de Boyer (aunque supuestamente keynesiano, responsable de la ley del suelo que abrió la espita al cemento en este país y que luego marcó la política del PP y nos llevó al hoyo en el que estamos) y todo se precipita, recordemos las opiniones que llevan en otro sentido, las que nadie escucha, como por ejemplo este artículo de Vicenç Navarro publicado en El Viejo Topo y explicando que es mentira la inviabilidad de las pensiones (vean otros artículos en su web, en particular un artículo que explica las razones reales de por qué Obama perdió en Massachussetts y lo que los medios en España no están contando):
Vicenç Navarro “Las pensiones son viables”. Publicado en la revista el VIEJO TOPO, Julio-Agosto 2009. Graves errores metodológicos hechos por los economistas (y los medios de información y persuasión) liberales en sus diagnósticos del colapso de las pensiones. Recientemente hemos visto una avalancha liberal que tiene como objetivo alarmar a la población haciéndole creer que las pensiones no son viables. La Comisión Europea, el Banco de España, el BBVA y el Partido Popular Europeo (del cual el PP español forma parte) han publicado informes y documentos que alertan a la población española de que hay que reducir las pensiones porque el sistema de Seguridad Social que las financia no es sostenible. En defensa de sus posturas presentan datos e información empírica que asumen que apoyan sus alarmas sobre las cuales basan sus recomendaciones. Todos estos documentos tienen errores graves que invalidan sus conclusiones, transformando tales documentos en manifiestos políticos en lugar de informes científicos. Veamos tales errores. 1. Asumir que la esperanza de vida mide los años que una persona vive
Tales documentos asumen erróneamente que el hecho de que la esperanza de vida promedio de España haya pasado de ser 76 años a 80 años en veinticinco años (1980-2005) quiere decir que el promedio español vive ahora cuatro años más. Ello no es cierto. Hay que saber qué quiere decir esperanza de vida y cómo se calcula. Supongamos que España tuviera sólo dos habitantes. Uno, Pepito, que muere al día siguiente de nacer, y el otro, la Sra. María que tiene 80 años. La esperanza de vida promedio de España sería 0 años más 80 años, dividido entre dos, es decir, cuarenta años. Pero supongamos que en un país imaginario vecino, hay también dos ciudadanos, uno, Juan, que en lugar de morir al día siguiente de nacer, como Pepito en España, vive veinte años, y la otra persona es la Sra. Victoria que tiene también 80 años como la Sra. María. En este país imaginario, la esperanza promedio de vida es de 20 más 80, dividido entre dos, es decir 50 años, diez años más que en España. Ello no quiere decir (como constantemente se malinterpreta este dato) que el ciudadano promedio de aquel país viva diez años más que en España: lo que el dato dice es que hay diez años de vida más en el promedio de aquel colectivo de dos personas sin clarificar que ello se deba a que la Sra. Victoria viva diez años más que la Sra. María (lo cual no es cierto), o que sea Juan el que vive veinte años más que Pepito. Todos los documentos que favorecen la reducción de las pensiones concluyen que la Sra. María vive diez años más, lo cual, repito, no es así. Lo que ha estado ocurriendo en España (y en Europa) es que la mortalidad infantil ha ido disminuyendo de una manera muy marcada, con lo cual la esperanza de vida ha ido aumentando, pasando de 76 años a 80 años. Ello no quiere decir, como habitualmente se asume, que el ciudadano español medio viva cuatro años más ahora que hace veinticinco años. La mortalidad por cada grupo etario ha ido descendiendo (incluyendo entre los ancianos), pero los años de vida que el ciudadano medio vive ahora no es de cuatro años más que en 1980. Calcular las pensiones en base a esta lectura errónea de los datos penaliza a la población pues asume que la gente vive más años de lo que en realidad vive.
2. Los promedios no son sensibles a las diferencias por clases sociales
Otro gran error es malinterpretar el significado de promedio Una persona se puede ahogar en un río que tiene como promedio sólo diez centímetros de profundidad. Tal río puede ir seco a lo largo de muchos kilómetros pero en algunas zonas éste puede tener tres metros de profundidad, y es ahí donde el lector se puede ahogar. Un promedio en sí no nos dice mucho si no sabemos también las variaciones del promedio. Lo dicho tiene especial importancia en el cálculo de la esperanza de vida y en la estimación de la longevidad (los años que una persona vive). Las diferencias en longevidad por clase social son enormes. Así, la diferencia en los años de vida existente entre una persona perteneciente a la decila de renta más baja del país (los más pobres) y la decila superior (los más ricos) en España es nada menos que de diez años (ha leído bien, diez años). En EE.UU. son quince y en el promedio de los países de la UE-15 son siete. Estas diferencias en longevidad se deben a que el nivel de salud de la población depende, sobre todo, de la clase social a la cual se pertenece. Un trabajador no cualificado (en paro frecuente durante más de cinco años) tiene, a los sesenta años, el nivel de salud que un banquero tiene a los setenta años. Este último sobrevivirá al primero diez años. Es profundamente injusto pedirle al primero que continúe trabajando dos (y algunos piden cinco) años más para pagar las pensiones del segundo que le sobrevivirá diez años. La insensibilidad hacia esta realidad mostrada por estos informes es abrumadora. Retrasar la edad de jubilación a toda la población trabajadora sin más, es una medida que perjudica a las clases populares para beneficiar a las clases de mayores rentas que viven más años.
3. El error del argumento alarmista: el crecimiento del porcentaje del PIB gastado en pensiones es excesivo
Este es uno de los errores metodológicos más importantes y frecuentes que aparece en el informe de la Comisión Europea, y que ha sido reproducido en gran número de artículos y editoriales. Tal argumento indica que el porcentaje del PIB en pensiones subirá de un 8,4% en el año 2007 a un 15,1% del PIB en el año 2060, un porcentaje que estos informes señalan como excesivo, pues la sociedad en el año 2060 no podrá absorber tales gastos pues restarán recursos necesarios para otras actividades, programas o servicios a la población no pensionista. El hecho de que el porcentaje de gasto en pensiones públicas alcanzará el 15,1% en el 2060 se considera una noticia alarmante que requiere una intervención ya ahora, disminuyendo los beneficios de los pensionistas.
En este argumento se ignora el impacto del crecimiento de la productividad sobre el PIB del año 2060. Supongamos que el crecimiento anual de la productividad es un 1,5%, un crecimiento que incluso el Banco de España admite como razonable. En este caso, el valor del PIB español será 2,23 veces mayor que el PIB del año 2007. Ello quiere decir que si consideramos el valor del PIB del año 2007 como 100, el del año 2060 será de 223. Pues bien, el número de recursos para los no pensionistas en el año 2007 fue de 100 menos 8,4 (8,4 es la cantidad que nos gastamos aquel año en pensionistas), es decir, 91,6. En el año 2060 los recursos a los pensionistas serán el 15,1% de 223, es decir 33, y para los no pensionistas será 223 menos 33, es decir, 192, una cantidad que es más del doble de la existente en el año 2007, 91,6. Debido al crecimiento de la productividad, en el año 2060 habrá más recursos para los no pensionistas que hoy, y ello a pesar de que el porcentaje del PIB dedicado a pensiones es superior en el año 2060 que en el 2007. Los que alarman innecesariamente a la población olvidan un hecho muy elemental. Hace cincuenta años, España dedicaba a las pensiones sólo un 3% del PIB. Hoy es un 8%, más del doble que cincuenta años atrás. Y la sociedad tiene muchos más fondos para los no pensionistas de los que había entonces, aún cuando el porcentaje del PIB en pensiones sea mucho mayor ahora que entonces. Por cierto, ya hace cincuenta años, cuando España se gastaba un 3% del PIB en pensiones, había voces liberales que decían que en cincuenta años se doblaría o triplicaría tal porcentaje, arruinando el país. Pues bien, estamos cincuenta años más tarde, y el país tiene más recursos para los no pensionistas que existían entonces, aún cuando el porcentaje del PIB dedicado a pensiones se ha doblado. 4. Se equivocan constantemente en sus proyecciones demográficas
Cualquier demógrafo que tenga un mínimo de rigor sabe las enormes dificultades en calcular cambios demográficos por periodos tan largos como cincuenta años. Y un buen ejemplo de ello es que los bancos y las cajas publican cada diez años informes anunciando el colapso de las pensiones en diez años. La Caixa (en 1998), el BBVA (en 2005 y en 2007), El Banco Santander (en 1992 y en 1999), el Banco de España (en 1995, en 1999, en 2002 y en 2009) y una larga lista, han predicho el colapso (utilizando un término menos contundente) de las pensiones para diez o al máximo veinte años más tarde. En defensa de sus proyecciones utilizan los mismos argumentos y los mismos datos (la Comisión Europea utiliza prácticamente los mismos datos que publicó el informe de la Fundación de las Cajas en 2007). Y una de las proyecciones más utilizadas es la de la evolución de la pirámide demográfica, indicando que el porcentaje de ancianos está creciendo muy rápidamente, y el de los jóvenes está bajando muy sustancialmente, ignorando que, en aquellos países que financian las pensiones a base de cotizaciones sociales como es el caso español, el punto clave no es el número de jóvenes y adultos por anciano, sino el número de cotizantes y la cantidad de cada cotización por beneficiario. Y tanto el uno como el otro están subiendo, el primero como consecuencia de la integración de la mujer al mercado de trabajo (si España tuviera la tasa de participación de la mujer en el mercado de trabajo que tiene Suecia, habría tres millones más de cotizantes a la seguridad social), y el segundo como consecuencia del aumento de la productividad y de los salarios. Es más, toda la evidencia muestra que las familias españolas desearían tener más hijos (dos por familia) que los que tienen ahora. El desarrollo de la sociedad y de los servicios de ayuda a las familias, como escuelas de infancia y servicios domiciliarios, permitiría el incremento de la fecundidad, una de las más bajas del mundo. Hoy en Europa, los países nórdicos, con un amplio desarrollo del estado del bienestar, tienen una fecundidad mucho mayor que en el Sur de Europa.
Dos últimas observaciones. El hecho de que el rigor y credibilidad de tales documentos liberales sea muy escaso no quiere decir que no tuviera que haber cambios en las pensiones, cambios distintos al retraso de la jubilación o disminución de sus beneficios que proponen los liberales. Contrariamente a lo que se dice constantemente, las pensiones, incluyendo las contributivas, son demasiado bajas, y ello como consecuencia de que los salarios son demasiado bajos (ver el excelente capítulo sobre las pensiones escrito por la profesora Camila Arza en el libro La Situación Social en España. Vol. III. Biblioteca Nueva. 2009). Otro cambio que debiera ocurrir es la flexibilización de la edad de jubilación permitiendo que aquellas personas (la mayoría profesionales) que desearan jubilarse más tarde pudieran hacerlo. La jubilación debiera ser un derecho, no una obligación.
Debiera también prohibirse, como se ha hecho en varios países, la prejubilación utilizada por el mundo empresarial para realizar cambios en sus plantillas, penalizando el sistema de seguridad social y al prejubilado, pues éste recibe una pensión menor. Tal prejubilación le supone a España un recorte de ingresos equivalente a un 6% del PIB.
Una última observación es que el Estado debiera aumentar su aportación a las pensiones tal como lo hacen otros países (como Dinamarca), en que las aportaciones procedentes de los impuestos generales son mucho más intensas que en España. No hay nada sagrado en la Biblia económica que diga que las pensiones tienen que pagarse a base de cotizaciones sociales. La popularidad de las pensiones (entre todos los grupos etarios) es tal que puede justificarse tal medida que contaría con gran apoyo popular. España ya lo hizo con la sanidad (que estuvo financiada por la Seguridad Social) y puede expandirlo a otras áreas.

domingo, septiembre 21, 2008

¿Todo cae?

Foto: Manel Armengol, Islandia, 2008
Como he escrito en otra parte, estos días las páginas económicas, que yo nunca leía, están llenas de pasiones: se habla de aliento contenido, de huidas y evasión, de negación de la realidad, de coraje e imaginación, de fijación en los parches insuficientes, del valor que haría falta para afrontar y resolver. Se evoca el crash del 29 y los suicidas arruinados cayendo de los rascacielos, los millones de parados en la Europa de los treinta, el miedo, los indigentes, las caídas de regímenes. Soros dice en Le Monde que incluso el gigante chino verá caer sus restos de régimen comunista por culpa de unos mercados parados, sin consumo en la exportación. Unos dicen (The Guardian) que la intervención del Gobierno norteamericano ha mostrado agallas e imaginación, otros dicen (Krugman en El País) que aunque esa intervención norteamericana evoque esperanzadoramente la intervención sueca en los noventa, en que el Estado tomó temporalmente el control del sistema financiero durante unos meses y resolvió las cosas evitando males mayores, en USA no osarán hacerlo (los neocons se rasgarían las vestiduras, si a esta intervención ya la consideran "socialista"), y los resultados serán peores. En este país, el presidente de la CEOE advierte que si no se toman las medidas adecuadas, caerán todas las empresas una a una.
En mi ignorancia, me pregunto qué ocurrirá. He oído que algunos celebran la crisis diciendo que así dejarán de construir, pero yo no soy tan optimista. Al contrario: por lo visto, para paliar supuestamente el parón inmobiliario, nuestros políticos han decidido extender sus caprichosas y discutibles infraestructuras y hacernos la vida imposible a los ciudadanos, fomentar la contaminación y el ruido y talar todos los árboles (así no habrá que gastarse en podar ni regar, dicen). Por cierto, que Francesc Arroyo escribe una interesante nota sobre el ruido e Inma Mayol en El País, al final de esa pequeña sección de "perlas".
O bien, como Zapatero, deciden cortar la inversión en I + D y poner más dinero en lo inmobiliario. Y nuestro ayuntamiento se lo pone difícil hasta a los turistas (ayer, con la Via Laietana cortada, decenas de viajeros desfilaban andando furiosos hacia sus hoteles en Ciutat Vella, ya que los taxis no podían entrar). Ruido, polvo, obras, cortes y precios excesivos llevarán el turismo ailleurs. Y sin industria. ¿Qué será de nosotros?
Oigo un vecino que ensaya una música maravillosa con su violín y pienso en aquel concierto improvisado en un tejado que Maeve Brennan contemplaba en sus piezas sobre Nueva York. Me he hecho una ensalada deliciosa, mezclando las judías verdes de ayer con lechuga, atún, pepitas de calabaza y tamari y sólo pido a los dioses griegos que me dejen seguir viviendo como ahora, que no conviertan mi vida en una pesadilla, indigente, huyendo de esos skins que apalean y prenden fuego a los pobres. Mientras pueda refugiarme en algún sitio con mis libros, yo seguiré leyendo para consolarme, o contemplando las fotos que Manel Armengol hizo en Islandia.

martes, octubre 16, 2007

Prensa

Ilustración: He recibido este bonito anuncio del Times Literary Supplement. Ya sé que es publicidad, pero me gusta mucho ese árbol de libros, tan apropiado para mí, que me tienta renovar la vieja costumbre de subscribirme, aunque ¿cuándo lo leeré? Leo a trozos el Granta que aún recibo... y ya dejé The New Yorker...
Hace dos días, mi amiga Erika Bornay me recomendó el artículo de Xavier Vidal-Folch en El País sobre el "asunto Frankfurt" y lo cierto es que coincido por completo. Creo que vale la pena su lectura.
Hoy he visto un artículo del siempre interesante Vicenç Navarro donde se queja del sesgo neoliberal de la prensa de este país, y de esa extraña mentalidad de los españoles, que valoran a Solbes por encima de otros líderes sin darse cuenta de que España está en el vagón de cola del gasto social europeo y que incluso Gordon Brown es izquierdista comparado con sus medidas políticas. Léanlo, por favor. Navarro es el único que habla de las cosas por su nombre en el terreno económico y que siempre me hace pensar en las palabras del desaparecido John Kenneth Galbraith de que en la actualidad, izquierdas y derechas sólo se distinguían en la inversión social y en educación y que la seguridad social y los servicios públicos deben ser deficitarios por definición. Todo eso ha desaparecido con él, al menos por estos lares (no en Suecia y en los países nórdicos, donde yo debería vivir si no fuese por el frío y porque no conozco sus lenguas).
También leo que España es el segundo país preferido por la inmigración y eso me hace pensar nuevamente en la cuestión del velo y de la necesaria laicidad que no tenemos. Si no nos decidimos a acabar con esta semiconfesionalidad y no rompemos ese acuerdo tan injusto con la Iglesia católica, que tan responsable fue de la represión franquista, no tendremos argumentos para frenar el asunto del velo y dentro de un tiempo habremos renunciado o retrocedido en las conquistas de los derechos de las mujeres. Había un artículo de Soledad Gallego-Díaz sobre el velo hace unos días en El País, muy atinado a mi modo de ver.
En cuanto al rechazo de Mayor Oreja a condenar el franquismo y sus declaraciones de que se vivía plácidamente no son ninguna sorpresa. Esa derecha no es demócrata y puede seguir defendiendo un régimen ilegítimo, instituido por la fuerza contra la voluntad popular manifestada en las urnas, con el apoyo de Hitler y Mussolini, y en este país esas declaraciones son asombrosamente legales y toleradas. Se persigue a quienes queman una bandera o una foto del rey, pero se permite que alguien defienda las atrocidades del franquismo y siga en la política activa.
Alguien me ha llamado maximalista por mis opiniones, tal vez lo sea (yo prefiero que me llamen radical, no significa mucho en un país de tibios), pero es un hecho que el franquismo nunca fue derrotado, nunca perseguidos sus responsables, nunca hubo una ruptura clara, a diferencia de lo que ocurrió en Europa, y por eso seguimos como seguimos, Y también por eso, y por la ignorancia tremenda que supuso ese silencio, la gente no se entera del significado de las medidas de Solbes o la diferencia de lo que propuso Caldera, por ejemplo, aunque fuese por la proximidad de las elecciones. De la misma manera que la gente confunde el clima y la pereza generalizada con la calidad de vida cuando insiste en que en este país "se vive muy bien". Basta ver el índice de endeudamiento, las hipotecas, los precios de la vivienda y de los productos básicos y compararlos con los sueldos y a su vez con los europeos para comprender que aquí se malvive (excepto los poseedores de grandes fortunas y los banqueros, naturalmente).
Y volviendo al azufaifo, ayer bajé de casa a comprar pilas para el ratón inalámbrico, que se había muerto sin reserva, y fue como si lo hubiera propiciado la famosa providencia de los cristianos. Vi un camión grúa con unos operarios que intentaban colgar unos alambres de las ramas del azufaifo. "¡Oiga, alto, ahí no! ¡Ese árbol está protegido!" exclamé yo. Iban a colgar las luces de Navidad. Tuve que llamar a la Guardia Urbana, a Ninca, que vino con la documentación, a la peletera que organiza las luces y que, por suerte para nosotros, es partidaria de preservar el árbol. Y logramos arreglar la cosa, aunque no fue fácil. Más tarde, el ingeniero técnico agrícola que nos ha ayudado en esta batalla me dijo que un alambre puede matar una rama, con el roce. Una hora en la calle. Así cualquiera trabaja.