sábado, diciembre 08, 2007

¿De qué nos sirve que BCN sea la ciutat del disseny?

Foto: Andrea Resmini, Gato cruzando, 2006
Al volver de Cadaqués, me sorprenden las luces navideñas, de una estética completamente pueblerina y obsoleta, que afean las calles: Balmes, Muntaner (Mandri siempre un poco más discreto, aunque este año se han excedido en el color) y le dan a la ciudad un aire tercermundista, o mejor dicho, que devuelven a aquella estética franquista de villancico mal cantado y obscena fealdad.
Siempre me pregunto de qué nos sirve que Barcelona sea o crea ser "la ciutat del disseny". Si uno pasea por Berlín, por París, por Londres, por Milán, casi por cualquier ciudad alemana o francesa, verá que los rótulos de las tiendas y bares en las calles, las estaciones de metro, cualquier señalización está mejor diseñada, es más agradable a la vista y fácil de leer, todo se mueve en una cierta coherencia, mientras que en Barcelona, los rótulos gigantescos de la fealdad lo invaden todo, edificios históricos de mayor o menor importancia, sin contención de tamaño, sin encajar con estructura alguna, ensuciándolo todo. ¿De qué nos sirve tener tantos diseñadores gráficos e industriales con prestigio si lo que nos rodea no sólo no mejora sino que abunda en lo mismo y se multiplica?
Las nuevas estaciones de los Ferrocarrils de la Generalitat son de una fealdad desalmada y mezquina, al olor hediondo de cloacas se suma un material gris frío y brillantemente hortera. Tal vez ninguno de los responsables han estado nunca en el aeropuerto de Frankfurt, por ejemplo, donde supieron combinar el gris y el naranja con materiales dignos (banquetas de bar con asientos de cuero gris, hipercómodas), de forma que todo parezca neutro pero humano, es decir, diseño al servicio del usuario, lugares cómodos y relajantes, como las sillas de metacrilato colgantes que en el aeropuerto de Munich permiten dormitar o leer en suspensión (y donde siempre se sienta Elfriede Jelinek). O el buen diseño industrial inteligente y humano de los países nórdicos, donde la comodidad, la simplicidad, la belleza no parecen estar reñidas. No digo que "fuera" todo sea buena qrquitectura, preservación y buen diseño. Al fin y al cabo, las palabras gentrification y disneyfication son anglosajonas. Pero diría que la furia constructora no destruye tanto como aquí y que la rotulación y señalización y el packaging generalizados denotan una mayor cultura. Y es lógico, al fin y al cabo, si aquí nadie lee ni reflexiona, ¿cómo iba a ser de otra manera?
En Barcelona, siguen talando árboles centenarios y permitiendo que cualquier fealdad invada y estropee la belleza indiscutible de la ciudad de siempre, la belleza histórica.
Los sobres de correos son de pesadilla (mientras que los franceses y americanos son maravillosos), por no hablar de los sellos, la mayoría del packaging en los supermercados es espantoso (salvo algunos paquetes extranjeros aún no adaptados al mal gusto español), incluso las obras de arquitectos que en otros lugares del mundo proyectan edificios impecables y respetuosos con su entorno (Herzog y De Meuron, qué decepción verlos aquí), aquí parecen demostrar su lado oscuro. No lo digo yo, lo saben muchos: el cliente institucional de aquí no es exigente ni tiene las ideas claras, ni tal vez el presupuesto para acabar las cosas bien, o bien pierde parte de ese presupuesto en intermediarios y honorarios excesivos, y al final, un proyecto que podría haber sido bueno se convierte en une gaffe. Y mientras tanto tiran todo lo posible, desaparecen edificios dignos y construidos con mejores materiales, y son sustituidos por esa nueva arquitectura mediocre de la que se enorgullece en su folleto Núñez y Navarro, por poner un ejemplo, arquitectura como la que vemos en la web de Supportis. Todo es Arquitectura y lágrimas, como en aquel libro (agotado, que nadie reedita). O esos locales incómodos, fríos, llenos de ruido ensordecedor (es decir, mal insonorizados), sin ganchos para colgar el bolso, con lavabos donde uno no puede salir o entrar sin tocar el váter o hacerse daño con la puerta, grifos donde el agua sigue corriendo al acabar, en tiempos de escasez, luz excesiva y desfavorecedora, barras demasiado altas, banquetas o sillas antiergonómicas, lugares expuestos que impiden ninguna intimidad, mesas apretujadas que obligan a una promiscua intimidad con los desconocidos no siempre agradables (eso también pasa en París, todo hay que decirlo, aunque los desconocidos no me resulten siempre tan desagradables allí, tal vez gracias a la lengua o la cultura), y donde eso sí, predomina un "aspecto de diseño" que nada tiene que ver con el oficio. Por no hablar de todos los recipientes que cada vez cuesta más abrir, algunos peligrosos, como los botes de lejía, sobres excesivos con papel no reciclado, ascensores que vuelven automáticamente a planta gastando energía superflua, lugares mal señalizados que obligan a dar vueltas a los viajeros y recién llegados, esas postales grandes, mazacotas y brillantes que han sustituido a las bonitas pequeñas postales de siempre, las cajas de cerillas (¡La golondrina, Tres estrellas! Eran preciosas, son triste y obscenamente feas) y un larguísimo etcétera. Todavía no han comprendido que diseñar no significa "parecer" sino adaptarse a las necesidades del objeto, el usuario, el entorno, la sostenibilidad y también buscar una cierta armonía.
¿Por qué es tan difícil, en una ciudad donde no quedan apenas calles sin locales comerciales (pese a todo, en París o Londres se puede aún pasear por calles sin ningún rótulo comercial, a solas con los pensamientos o la conversación y la piedra de los muros, y es un alivio), encontrar un bar agradable donde reunirse sin sentirse agredido por el ruido y la fealdad?
¿No podrían nuestros flamantes y prestigiosos diseñadores mejorar esa fealdad que nos rodea? ¿O es que nadie les escucha? ¿O acaso los responsables de la fealdad son más y más poderosos? Algunos vamos buscando rincones de belleza donde refugiarnos, pintando de negro las cajas de cerillas, comprando productos por la etiqueta anticuada, guardando todo lo viejo... Y no crean que hago laudatio temporis actii. Ni que reniego de todo. Aunque el tema no me produzca las emociones que suscita por estos lares, conozco algunos diseñadores que han hecho un buen trabajo silencioso. Incluso en mi familia hay alguna buena diseñadora, justamente laureada. A mí me gustaba la modernidad, y aunque no me sienta d'eixe món, simpatizo con la reflexión del arte contemporáneo, escribo y leo ahora, no creo que haya que imitar ni disimular el paso del tiempo, pero creo que hay que valorar mejor antes de despreciar y destruir, entender por qué las cosas se hacían de una u otra manera, que hay que preservar y procurar que la innovación valga la pena. Es más, creo que no habría que restaurar con esa ligereza, que convierte un barrio antes bonito (y genuino), como era Sarrià, en otro Poble Espanyol, otro lugar disneyficado y falso... Ni hacer libros de letras ilegibles o colores que dificultan la lectura, como hacen algunos diseñadores analfabetos.
Y es que, mal que nos pese, esta ciudad, que ha sido tan bonita, lo es menos cada día que pasa. Por eso yo necesito salir de aquí periódica, cíclicamente, viajar a ciudades donde (a pesar de la gentrificación y la disneyficación globales) aún predomina la belleza.

11 comentarios:

cacho de pan dijo...

diseño? ciudad del diseño?
¿quién lo ha dicho? Pujol, Maragall o Zzzzapaterozzz?
estoy contigo: sólo pasear por las fruterías inglesas de pueblo y observar los carteles con los precios, netos, claros, de magnífica y culta letra manuscrita, o disfrutar de la limpieza visual, del estilo propio de la aparentemente caótica New York, o sentir el diseño de los objetos cotidianos en Alemania, Suecia, Holanda, o, o, o... ¿crees que Barcelona es "la boutique del mundo"? que es una "ciudad limpia"? slogans y sólo slogans.
diseñar es algo más que darle una forma absurda a un objeto innecesario o llenar de firuletes posmodernos un edificio barato, incómodo y mal hecho.

zbelnu dijo...

Me alegro de coincidir, Cacho! Pero sabes? Algunos diseñadores lo creen, y la mayor parte de la población también... No entiendo de qué les sirve ir por ahí...

civisliberum dijo...

Totalmente de acuerdo con los cutreadornosluminosos de la Calle Balmes, mejor no poner nada que las estrellas y los trineos "clarinclons" que afean aún más la calle. Por otra parte no estoy de acuerdo con lo que dices de las nueva decoración de los Ferrocarrils Catalans, a mi me gusta, funcional y nada pomposa sin perder el estilo de siempre.
En lo que tampoco estoy de acuerdo contigo es en las calles sin tiendas, me parece una delicia las calles con comercios por todas partes de Barcelona, a mi entender mucho mejores que en Londres, donde puedes andar media hora sin encontrar a nadie, calles frias, inhumanas, excesivamente asepticas, sin vida, frente a las populares, animadas y mediterraneas calles mercantiles barcelonesas. Que diferencia entre las limpias y aburridas calles de Pedralbes o Tres Torres, con las de otros barrios de BCN.

zbelnu dijo...

Pues no, a mí me gustan muchísimo las calles silenciosas e históricas de París, a veces sin comercios, donde se puede hablar sin distorsiones lumínicas ni rótulos de mal gusto. Además, en el Eixample ya no hay verdaderos comercios, se han llevado colmados y tintorerías y pequeñas imprentas y sólo hay cadenas de bares idénticos, restaurantes venenosos y muchísimos hoteles. No es mi idea de lo mediterráneo...

el objeto a dijo...

A mi me sucede continuamente, que los lugares y objetos públicos (tiendas, rótulos, incluso árboles o fachadas) me parecen de mentira, y luego salgo a otras ciudades y me parece todo tan real, que no acaba de ser puesto ahí por ningún funcionario despistado, como ocurre aquí, y me alivia, como a ti, y yo también he de salir periódicamente!
Me ha gustado mucho eso de que diseñar no significa "parecer", sino adaptarse a las funcionalidades, objeto, entorno, etc. Has dado en el clavo!
yo este año hablando con un amigo que vive en el norte de francia le comentaba esa sensación y me preguntó, " pero ¿dónde vives tú, en una ciudad Lego??" y yo me reí, pero le dije, "sí, sí, justo ahi!!"

zbelnu dijo...

La ciudad Lego! Tiene razón él, que vive en el norte de Francia. Yo lo siento, pero pese a la gentrificación y comercialización de Londres, convertida en ciudad de lujo, le veo montones de calles y rincones "de verdad", de la época industrial entre el XIX y el XX, y disiento de Civisliberum en lo de las calles llenas de bares y tiendas en serie (si fueran los de antes, cada tienda y cada bar eran un lugar concreto, no cadenas idénticas repetidas hasta la extenuación), yo echo de menos esas calles verdaderas para flâner. Y sólo de noche logro esa forma de andar libre, sin tanta interferencia...

nomesploraria dijo...

No siempre es culpa del diseñador (aunque muchas veces sí lo sea). No puede haber un buen diseño sin un buen cliente. Es imposible.

Lo más lamentable y lo que me irrita más de la Barcelona del (mal)disseny es la señalización. Lo mal señalizadas que están sus calles y las muchas veces que siguiendo las indicaciones para llegar a un lugar, nos perdemos irremediablemente.

zbelnu dijo...

En efecto, calles e incluso carreteras...
Pero por qué todo tiene que ser tan feo?

jordi dijo...

Barcelona de diseño? ...a los diseñadores nadie nos escucha, y los que están en las esferas con cierto "poder" de decisión y posible cambio a mejor ...ejem........o peor, contratan a diseñadores extranjeros para acabar de apoyar al diseño de aquí....así de gris es Barcelona en comparación a la explosión de color i viveza de Londres por ejemplo......son demasiados factores que hacen de Bcn esta ciudad sucia, gris y sin identidad, como tuvo......

zbelnu dijo...

Exacto. A mí me asombra que esa frase se repita, cuando todos sabemos que no es verdad!

La meva maleta dijo...

Sirve para divulgar el concepto equivocado de la palabra "diseño"...Para cuantas personas el sufijo "de diseño" es sinónimo de algo artificioso y sobrecargado o inútil...Una ciudad que se impone esta medalla, vendría a hacer realidad aquello de: "dime de qué presumes y te diré de qué careces".

Saludos.