sábado, mayo 26, 2007

Reflexión

Foto: Manolo Laguillo, Poble Nou, 2006
He vuelto feliz de dar mi conferencia Coreografías del deseo. Apuntes Literarios en el Col·legi de Metges, para la asociación Invenció Psicoanalítica. Los psicoanalistas son seguramente uno de mis públicos favoritos, su escucha es atenta, llena de matices, y siempre encuentran mucho más que los demás en las palabras y en la literatura. Antes de mi conferencia he asistido a una ponencia muy interesante y a un coloquio y una comida llenos de ideas.
Hablar en público siempre me produce cierta inexplicable felicidad. Me ocurre en las clases del posgrado de la UPF o en las de la UIC o en Elisava, me ocurrió en el Año Freud, y en el Horiginal o en la Presó de Quatre Camins (allí fue distinto, un dramatismo especial estar con aquella gente encerrada y su escucha sin aliento, pero no menos gratificante).
Me devuelve a una escena repetida de pequeña, en uno de los colegios de donde enseguida me expulsaron, cuando yo había sido finalmente aceptada y llovía, nos sentábamos en la clase encima de las mesas y me pedían que contara una historia. Y si no se me ocurría ninguna, me decían: "No importa, lo que sea, hablanos de un libro, de una película que viste... Yo no sabía entonces por qué extraño fenómeno se producía esa conexión vibrante que transformaba mi inseguridad en pura pasión de las palabras.
Pero hoy, al volver a casa, he visto que el jardín de Arimón de donde sobresalía el azufaifo gigante (ese árbol que a V le recuerda a China y a mí, a un huerto prohibido de mi infancia) frente a unas persianas sombreadas y ociosas y una atmósfera de otro tiempo, ya tiene su cartel de derribos. He recorrido un trozo de la calle Berlinès. Están tirando todas las casitas, cada pedacito de belleza, de sencilla identidad histórica está desapareciendo bajo las grúas, el ruido infernal de las máquinas sin control de decibelios y la polvareda triste, para construir muy deprisa una fealdad impersonal, edificios espantosos y mediocres.
En Barcelona, señores, todo se puede derribar, por un módico precio. El Ajuntament, desde tiempos de Clos, entregó la ciudad al diablo (los constructores) y ellos son los que deciden. Pronto no quedará nada de la belleza de mi ciudad, excepto dos o tres monumentos, alguno propiedad de La Caixa. Es terrible para los que hemos crecido aquí.
Mañana votaré en blanco, pero me gustaría poder gritarlo con un megáfono. Es una vergüenza lo que han hecho con el paisaje urbano, y aún peor sería si ganaran los otros. No hay una alternativa, un partido verde, por ejemplo. No existe la izquierda en esta ciudad.

2 comentarios:

mr.ed dijo...

bravo por el éxito!

zbelnu dijo...

Gracias, talking horse