jueves, febrero 08, 2007

Las prohibiciones

Tengo la sensación de que en estos tiempos se prohíben demasiadas cosas que tal vez deberían resolverse de otra manera. Ahora nos llega la Ley Antialcohol (ley antialcohol.qxd ), aunque con los controles de alcoholemia ya estábamos pillados. ¿Para qué irá alguien a un restaurante? El pescado será congelado, no se podrá beber vino ni fumar, sólo pagar... La ley antitabaco, en lugar de crear espacios sin humo y dejar otros con humo para que todos pudiéramos disfrutar de nuestros vicios sin molestar a los demás, han condenado a los fumadores hipócritamente, mientras nos obligan a soportar contaminación de toda clase, España se opone a eliminar de la construcción materiales altamente tóxicos, vivimos en las ciudades más sucias, polucionadas y ruidosas del mundo, pero nos "protegen" del tabaco (sé que me las voy a cargar con Dante bertini, y por suerte, Linda no lee en castellano). Pronto tendremos que quedar sólo en nuestras casas, si es que los vecinos no empiezan a denunciarnos por tomar vino en la cena o fumar... Ahora entramos en un terreno más delicado: las opiniones, la expresión. Yo no simpatizo con los que publican las caricaturas (y seguramente sí prohibiría a los negacionistas del genocidio armenio, o a los trogloditas que niegan el Holocausto judío), pero un juicio por esa causa me parece excesivo. Es decir, creo que los que publican esas caricaturas sólo quieren reforzar el discurso de Bush, el falso choque de civilizaciones. No son progresistas. No se rebelan contra la censura que impone la religión católica. O la censura en torno a la monarquía en España. A veces, prohibir, reglamentarlo todo es una sustitución de reflexionar, negociar, aconsejar, ¡vivir! Tengo mis dudas, naturalmente... Y en cambio, nuestro gobierno NO prohíbe ni limita los abusos de las compañías telefónicas (acabo de darme de baja de Vodafone, por una factura escandalosa, pero me obligan a estar 10 días más con ellos, no sé sabe con qué derecho), ni los abusos de las empresas inmobiliarias que han destrozado este pobre país, y siguen (ayer vi otro edificio más en construcción maleando la Avinguda Tibidabo, ensombreciendo la Tamarita, y enfrente, el hermoso y ahora "oxidado" edificio de La Rotonda, abandonado deliberadamente a la intemperie y la erosión, seguramente para poder destruirlo luego, cuando ya no haya remedio. Esta pobre ciudad ha empeorado tanto bajo el mandato de Clos que añoramos a Maragall como alcalde, y Hereu será más de lo mismo, ¿o aún peor, si eso es posible? Barcelona, posa't lletja...