sábado, febrero 17, 2007

Sigo sin comprender

Foto: I.N., metro de San Petersburgo Anteayer llamé a la Guardia urbana porque el estruendo y la vibración de las obras de la calle Berlinès me impedía trabajar. Mi gata estaba tan aterrorizada que renunció a su baño de sol y se refugió bajo unos almohadones. Vinieron dos amables agentes, muy comprensivos, acostumbrados a conciliar, pero me dijeron una vez más, pese a la normativa que según Imma Mayol (me contestó en un email) existe, que en esta ciudad (según Clos en su respuesta a mis quejas, "pionera en la lluita contra el soroll", una frase hilaranteo para echarse a llorar) NO hay limitación de decibelios para las obras, que sólo tienen limitaciones horarias. Cuando les dije que en Francia, por ejemplo, o en Alemania, sí la hay y eso obliga a los constructores a utilizar herramientas más silenciosas, me dijeron que ojalá algún día nuestra normativa se acercase a la europea (y añadió el agente: no sólo para el ruido, también para las jubilaciones y los sueldos). Mientras cierran locales nocturnos históricos como La Paloma o se plantean paralizar los carnavales canarios, NO hay limitación npara el ruido diurno, y sobre todo, nada que pudiera mitigar o paralizar el gran negocio inmobiliario, tan importante para los ayuntamientos. Hace muchos años y mandatos, participé como redactora en el programa electoral del PSC, donde se prometía imponer unas màquines-eines (máquinas herramientas) más silenciosas en las obras. No se hizo. Ni mucho menos lo harían, por supuesto, los partidos de derecha, que se financian a base de la construcción irregular. Pero la obligación de socialistas y de Iniciativa sería otra, con los ciudadanos, una obligación que, de momento, incumplen. Es una vergüenza. Y los medios dan la sensación de que, cuando se habla de ruido, sólo se trata de ruido nocturno y de impedir que haya vida nocturna, no de intentar conciliarla con el descanso. ¿A nadie le importa vivir en medio de este espantoso fragor? ¿Es que no les afecta a la salud física y mental?