Foto: Isaias Fanlo, Oreneta, 2006.
El resultado de las elecciones me ha producido un gran alivio, porque no ha ganado el PP. Tal vez el descalabro no sea suficiente para hacerles replantearse su política de crispación, extremismo insurgente y descalificación sin escrúpulos.
Tampoco es fácil esperar gran cosa de los que ganan. Hasta ahora no han corregido la política fiscal que impuso el PP, no han invertido en educación, han preferido apostar por el cemento en perjuicio del medio ambiente, no han tenido coraje para sacar adelante una ley justa de Memoria Histórica, ni han acompañado su ley contra el maltrato de género de los fondos necesarios.
En este país, a los partidos les cuesta hacer autocrítica, entender los mensajes del electorado o reflexionar y ser receptivo. He oído que Gaspar Llamazares ha dimitido, lo cual es una cierta forma de reconocer que algo ha fallado.
En mi colegio electoral había cuatro mesas electorales vacías (con unos 300 electores cada una) y una larguísima cola que rodeaba la manzana en una sola mesa, que concentra la mayor parte de electores (1.300). Es la tercera convocatoria electoral en que eso ocurre, pero ellos no se deciden a cambiarlo. Dentro, el ambiente era sofocante. La gente mayor se mareaba. Algunos se iban. "Nos lo ponen muy difícil para votar", decía una señora. Le hemos planteado al interventor del PSC si no podía hacer un informe para que en la próxima convocatoria, dividieran esa mesa en dos o tres y ha dicho que no, que eso no era una incidencia. Algunos han decidido sacar la papeleta del sobre y votar en blanco. G, que había madrugado para votar y que el viernes había ido a la Oficina del Censo a buscar un certificado porque en la tarjeta aparecía con mi DNI en vez del suyo, estaba fuera y no le dejaban entrar, así que he tenido que esperarle a que hiciera la cola de nuevo. G. me ha contado que algún amigo suyo votaba Escons Insubmissos, un gesto romántico interesante. A mí me gustan las listas abiertas. Ahora que los partidos incumplen sus programas y promesas, me gustaría que pudiéramos elegir a las personas.
Yo pensaba en la actitud del interventor del PSC (la de CIU, más lista, nos ha dicho que si hacíamos un informe, ella lo presentaría. "Si lo consigue, dentro de 4 años tal vez les votaremos", le ha dicho N con su ironía), tan acorde con la forma de hacer las cosas en estos tiempos. Ya sé que manda el dinero, pero también la estupidez.
No han parado de cambiar los planes de educación en este país, pero nadie se ha decidido, no sólo a invertir en educación, sino tampoco en corregir los fallos flagrantes. Por ejemplo: en Italia los exámenes son orales. En Francia, todos los niños tienen que hacer exposées orales desde pequeños, con mucha frecuencia. En España no se les entrena y la gente no sabe hablar. Un dentista francés o un cuidador de caballos argentino hablan mejor que muchos políticos, profesores y estudiantes universitarios en España. Eso mismo puede extrapolarse a otros ámbitos, donde sólo manda el dinero, pero con una ceguera preocupante.
El otro día, en Gràcia, en una asombrosa regresión, cambiaron la recogida selectiva de basuras por contenedores de los de antes. Habían adaptado un sistema de recogida selectiva belga, pero sin seguir las instrucciones de los que vinieron a explicárselo: no limpiaban el material cada seis meses ni cada año, y todo se ha venido abajo.
Una amiga alemana que trabaja para una empresa que vende microorganismos vivos para el uso personal, la limpieza doméstica e industrial (EM, EMX...), tuvo una entrevista con los de Clavegueram (Alcantarillado) para enfrentarse a los malos olores que invaden esta pobre ciudad. Aunque reconocieron que habían probado localmente esos microorganismos y estaban sorprendidos de lo limpia que quedaba el agua y de la ausencia de malos olores, no quisieron adquirirlos porque la concesionaria del alcantarillado vende productos químicos (responsables de los malos olores, pues matan los microorganismos buenos, capaces de devorar a los tóxicos) y perdería el negocio.
En Mallorca, para combatir un parásito de las palmeras, les aplican un producto hiperagresivo y las aíslan con plásticos, un sistema ya desechado en Europa, donde se utilizan fitosanitarios menos agresivos y no se las envuelve en plástico para evitar el sufrimiento de esos árboles, que puede debilitarlos y provocar su muerte.
Me dicen que la tala de encinas en Collserola ya ha empezado. El pulmón verde de la ciudad está amenazado. A pesar de que todos los expertos anuncian que este será uno de los países más afectados por el cambio climáticos. Ellos siguen fomentando productos químicos nocivos, cemento, basura no reciclable, etc.
Una noticia inquietante, que a la vez es la demostración clara de una política. Al conocerse la noticia del triunfo socialista, las constructoras subieron en Bolsa.












