jueves, julio 12, 2007

Ayer en El Periódico, Oriol Bohigas

EL PATRIMONIO URBANÍSTICO // ORIOL BOHIGAS
El ejemplo del azufaifo
• La conservación de las antiguallas forma parte de un consenso en el que coinciden progres y reaccionarios
Una generosa costumbre de los jóvenes arquitectos de los años 60 y 70 fue organizar protestas y manifiestos en defensa del patrimonio arquitectónico amenazado de derribo por nuevas construcciones más bien especulativas, a menudo de calidad baja y tergiversadoras del contexto urbano. Así se salvaron algunos edificios modernistas que aún no estaban valorados. Un método habitual era pedir firmas a personalidades conocidas. Para la defensa de un edificio del paseo de Gràcia, un joven arquitecto fue a pedir la firma de Josep L. Sert, el arquitecto más importante de la época republicana, líder del GATPAC, discípulo de Le Corbusier, decano de Harvard. Sert casi lo tiró por las escaleras, recordándole que cuando él era joven firmaba manifiestos a favor del derribo de los edificios y los barrios anticuados y degradados para poder sustituirlos por una nueva arquitectura y un nuevo urbanismo al servicio de las nuevas necesidades, la nueva cultura e, incluso, la nueva política urbana.
El arquitecto joven bajó las escaleras convencido de que Sert había demostrado ser más joven y más moderno que él, pero pensando en que los ideales defendidos por el maestro quizá fallarían precisamente por la falta de calidad de la arquitectura que sustituiría las antiguallas y por la ausencia de un superior valor social o cultural, sometido a la especulación inmobiliaria. Es decir, que la sustitución, como decían los conservadores, podría ser un empeoramiento radical. Ahora ya no es preciso pedir firmas: la conservación de las antiguallas forma parte de un consenso universal en el que coinciden las asociaciones de vecinos más progresistas, los programas electorales más rancios y populistas, las clases sociales más conservadoras, los profesores universitarios más mezquinos y los enemigos sistemáticos de cualquier revolución por modesta que sea. Esto ha llegado a tal extremo que quizá habría que aconsejar a los jóvenes arquitectos de hoy que cambiaran en redondo los propósitos de los años 60 y 70, es decir, que propagaran la necesidad de modernizar, sanear y rehacer física y socialmente los barrios degradados y las arquitecturas deterioradas. Si lo hiciesen con cabeza, podrían mantener, también, en paralelo, la defensa de lo que realmente vale la pena conservar según razonamientos no exclusivamente reaccionarios y conservadores. Es decir, conservar lo que es un auténtico monumento significativo por el que vale la pena sacrificar otros valores y que por su situación, carácter e historia puede sugerir una utilización que introduce nuevas posibilidades sociales, posiblemente menos presentes en una remodelación más autista. Sería, pues, el momento de superar la absurdidad de las normativas "estéticas" de los centros históricos, las imposiciones que conforman el "gusto" reaccionario, el arqueologismo abstracto y la museología urbana y, en cambio, mantener y estimular los dos únicos criterios serios a favor de la conservación y el respeto: la validez monumental y testimonial y el fomento de nuevos usos sociales.
Un ejemplo --modesto pero muy significativo-- es la pequeña batalla desencadenada en Barcelona por la defensa de un árbol centenario: el azufaifo de la calle de Arimón esquina con Berlinès. En este caso, la protesta vecinal presenta los argumentos válidos y no se pierde en intereses particulares ni en exageraciones conservadoras. Me resulta más simpática esta reivindicación que las exigencias técnicamente mal formuladas sobre la conservación física de Can Ricart, por ejemplo, y otros desperdicios de la triste industria ochocentista. El azufaifo responde a las dos condiciones básicas. Según los técnicos, se trata de un ejemplar realmente monumental, como hay pocos --o ninguno-- en toda Catalunya. Y, por otro lado, la conservación del árbol sugiere la sustitución de una propuesta de arquitectura bien poco significativa, que si se tirara adelante no serviría para mejorar la calidad de Sant Gervasi, descolocado entre una tradición de casitas individuales y la imposición de un sistema de apartamentos sosos, sin carácter, consecuencia de unas absurdas ordenanzas basadas en la anchura de las calles, sin tener en cuenta la unidad de la manzana y el carácter ambiental. En cambio, la creación de un pequeño jardín, por sí solo y pese a su modestia, generaría un cambio de calidad en todo el barrio. Y quizá sería una afirmación del retorno de la política urbana municipal hacia aquello que cambió la ciudad a partir de los 80: las pequeñas intervenciones en el espacio público de cada barrio, cuya suma acabó transformando la imagen y los usos de buena parte de la ciudad. Tras pasar una temporada invocando la "grandeza" de las grandes operaciones urbanas a escala metropolitana, no estaría de más volver a las pequeñas acciones puntuales. Y poner el azufaifo como ejemplo.
En catalán hablamos de "ser tan eixerit com un gínjol", seguramente sugiriendo la velocidad y los brincos imprevisibles de los frutos del azufaifo cuando caen y saltan muy juguetones por todo el entorno. Esto es lo que queremos: que los azufaifos de la calle de Arimón se extiendan por el entorno y lo colonicen. Hay que conservar el árbol, pues, porque es un auténtico monumento, pero, principalmente, porque por sí solo puede generar un enriquecimiento del espacio público que nadie habría imaginado sin su actitud presidencial y su grito de supervivencia.
*Oriol Bohigas, Arquitecto

23 comentarios:

e. dijo...

soplando arquitecto a favor!

zbelnu dijo...

ja ja...

nomesploraria dijo...

Me parece muuuuuy raro, mucho, mucho.
¿A éste lo han soltado o está de permiso?
:))))))))))))))))))))

nomesploraria dijo...

Bromas a parte está muy bien el artículo y el apoyo. A ver si le hacen caso a una "vaca sagrada" como él.

zbelnu dijo...

Te diré que yo no comparto con él esa soltura con la que se debe tirar para construir lo nuevo. Creo que lo que era innovador en la época de Sert ahora es regresivo, que el exceso de construcción y de densidad y la mala calidad de lo que se construye son definitivos. ya sabes, yo encerraría a todos los constructores y arquitectos que no se dedicaran a la restauración. Pero él, al fin y al cabo, él empezó su trayectoria defendiendo que no quitaran los árboles de las carreteras... Y creo que es muy influyente y crítico, que es inteligente. Le llamé, me escuchó, le mandé toda la información y él ha escrito un artículo brillante y generoso, muy en su estilo, y les da donde les duele.

nomesploraria dijo...

Por poco lo meten en la cárcel por criticar la tala de los plátanos. ¿Te acuerdas de las carreteras entre la sombra de los enormes plátanos?
Escribió un artículo preguntándose dónde había ido a parar el dinero de la venta de la madera.

zbelnu dijo...

Buena memoria, Nmp!!!! Eso me llega al alma, lo confieso... En un mundo el que nadie sabe nada y nadie recuerda nada, es un puntazo.

nomesploraria dijo...

Cuando talaron TODOS los plátanos centenarios de la carretera de Vilassar de Dalt se me encogió el corasao. Al poco tiempo supe que la tala había sido general, genocida. Años después me gustó leer en las memorias de O. B. este episodio.

(i no em diguis aquestes coses que em poso vermell com un tomàquet :)

zbelnu dijo...

Com que la foto és en blanc i negre... no es veu.

nomesploraria dijo...

A sí? doncs mira!

zbelnu dijo...

no veig res

zbelnu dijo...

Ai sí, ara ho veig, ho sento, no he dit res

cacho de pan dijo...

El reconocido arquitecto Sert tiene en Ibiza una casa con su firma que rompe de manera descarada el diseño de la antigua muralla, sobre una de las puertas características de entrada a la ciudad, hoy ya estropeadas. Un tocho blanco que podrá ser muy racional desde dentro, aunque lo dudo, pero es un manchón imborrable en su currículum.
Tusquets defiende las corridas de toros y los árboles con la misma soltura. Una gran elegancia.

zbelnu dijo...

Eso tendría que verlo yo para creerlo, Sert era un arquitecto de los que ya no existen´, los que no deberían ir a la cárcel...

cacho de pan dijo...

conoces ibiza? supongo que sí. Desde Vara de Rey, en la entrada a Dalt Vila del lado del Café Teatro Pereyra, si alzas la cabeza podrás ver, sobresaliendo de las murallas grises, el tocho blanco de Sert. Molesta? destaca demasiado, diría yo, y a mí me parece que incide como un mal pegote. Ahora, tal vez no se pueda criticarlo, como es Sert...

zbelnu dijo...

Dudo que no se pueda criticar a Sert, si sus obras se pueden destruir como aún se destruyen y malean en Barcelona.
Conocí a Ibiza hace muchísimos años, de pequeña y seguí yendo hasta que pasó un lapso de años sin ir. Al volver fue terrible, pero he seguido yendo (ahora me iba para allá, pero el barco petrolero me ha hecho cambiar de opinión). Sert pudo equivocarse, claro, yo no recuerdo eso que dices, pero será como dices, no lo dudo.
Sí recuerdo las horribles autopistas y todo el horror constructivo que están haciendo, la fealdad espantosa de la nueva Ibiza de abajo y tantas playas destruidas...

cacho de pan dijo...

cuando llegué por primera vez, en el 76, el edificio ya estaba; se la conoce como "la casa en el paseo de la muralla" y es de principios de los sesenta.

zbelnu dijo...

No encuentro ni una sola foto en la web, el provincianismo de este país, sólo salen anuncios de hoteles o la expo... Pero bueno, igual ese fue el gran error de Sert, pero lo peor de ibiza no se hizo en los sesenta (ni en 1925, como dijo Benjamin), se ha hecho en los ochenta y noventa y sigue y es una pesadilla

cacho de pan dijo...

también yo la busqué, encontrando poco más que publicidades de hoteles y tom toms...la idea de sert suena extraña: un símil "modernizado" de la casa de campo ibicenca en medio de la ciudad tradicional... La isla: cuando llegué, muchas de las calles del centro eran de tierra y no había semáforos; las payesas paseaban por el puerto con sus trajes típicos, el campo rebosaba de almendros e higueras y la playa de es cavallet no tenía chiringuitos...era un paraíso extraño.

zbelnu dijo...

También yo llegué a ese paisaje, la primera vez en 1970, luego en el 72 y los años que siguieron, para mí sí que era el paraíso, allí se desdibujaba la sensación opresiva del país, y las playas, las mismas que ahora se han convertido en el infierno, y también yo recuerdo esas viejuzas negras en el campo y todo deslumbrante y quieto.

Anónimo dijo...

http://www.portaltour.net/monografics/daltvila/imatges/i10.html

Anónimo dijo...

http://www.portaltour.net/monografics/daltvila/imatges/i10.html

zbelnu dijo...

Se ve feúcho, pero se ve poco, yo no lo recuerdo y me cuesta imaginarlo... Habrá que volver, si recogen el chapapote