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martes, septiembre 25, 2007

La fiesta del azufaifo

Foto: I.N., Orilla del Danubio en Cortanovci ("los árboles crecen del agua"), Serbia, 2007
Ha pasado mucho tiempo, para mí una eternidad. Intenté escribir una síntesis antes de irme, pero estaba agotada. ¿Cómo reconstruir ahora la fiesta? Creo que fue un éxito. Todos brillaron, cada uno a su manera: Dante Bertini abriendo con su gracia sutil, Enric Casassas muy inspirado y compenetrado con Gasull, el dúo Vilallonga con Paulina Fariza y el joven Iannis Obiols de voz clara, Lluís Maria Todó con su homenaje irónico y cálido, Clapès no sólo con su lectura precisa, también con su presencia y ayuda, Dolors Udina y Esther Zarraluki leyendo a otros poetas con voces sugerentes, las citas a Joaquim Folguera, que protegió la fiesta con su espíritu, todos los poetas, con su diversidad de tonos y escritos: Francesc Parcerisas, Mireia Mur, Cinta Massip, Josep Pedrals (al que le pedimos doblete en un momento de impasse), Victor Sunyol, Francesc Gelonch, Jordi Valls, Ester Xargay, que cantó unas corrandas, y el músico Xavi Lozano, que tocó un tiple hecho con madera de azufaifo... Y todos los que trajeron sus textos con humor, genio poético y pasión, y también los que los mandaron, como Hac Mor o Dolors Miquel o Joaquim Carbó... Las intervenciones necesarias de algunos de los protagonistas más decisivos, como Ninca Lacruz, pero también Borja Querol... Y la asistencia de muchos amigos y participantes y vecinos y gente que se acercó después a felicitarnos, algunos con frases emocionantes...
La crónica de El País recogió algunos momentos memorables y olvidó otros (convirtió a Elena Vilallonga y Paulina Fariza en "Paulina Vilallonga", y a mí me clasificó como traductora, que lo soy, pero mi relación con ese árbol se ha basado más en mi escritura que en ninguna traducción, y casi todos los que han escrito sobre el tema me citan, con o sin nombre). Pero lo importante es que saliera.
También Dolors Udina habló de nuestra fiesta en el Avui. Y tal vez me haya perdido alguna otra crónica, porque me fui a la mañana siguiente a Serbia... Y el blogger Frikosal muestra tres fotos del evento, en blanco y negro (yo quería una prueba de que estuve allí, pero no salgo... ¿quizás lo soñé?). Y otro distinguido blogger me dedicó un pequeño homenaje que me llegó mientras estaba en Serbia.
Hubo un momento, al final de la Festa del Ginjoler en que yo hablaba con alguien en el escenario, tras acabar mi pequeña intervención de cierre, y ese alguien me dijo: "Oye, te están aplaudiendo a ti..." Y miré frente a mí y vi que la gente aplaudía, en efecto, y sentí un arrebato de pudor, porque no aplaudían ningún texto, sino mi iniciativa o mi obcecación con el árbol y me fui deprisa, porque yo no habría logrado nada si no me hubieran apoyado muchos otros...
Y aquí copio el texto que leí, que algunos me han pedido... (No incluyo la breve introducción de agradecimientos y quejas, que hice en catalán...)
Mi historia del azufaifo
Hace años que vivo en esta calle y antes en la calle Pujol y siempre me había gustado este árbol desmadejado y generoso que cruzaba el cielo de Arimón, con esa extraña humildad mayestática de algunos árboles, que daba sombra a la calle y sembraba la acera de flores diminutas en primavera y de frutos pegajosos en otoño. Pero fue culpa de mi prima, la sinóloga y lacaniana Vanessa, que un día me dijo: “Siempre que paso por tu calle me acuerdo de Pekín, por el azufaifo…”
Ella no sabía que las azufaifas eran parte de mi infancia, que a los 4 años, en el colegio de Figueres, saltábamos una tapia y entrábamos en un huerto encalado, inundado de sol, y comíamos esa especie de rústicas y gordas cerezas sin nombre, y una vez debí de darme un atracón, porque al llegar a casa me dolió la barriga, y mi tía Rottenmeyer, antes de encerrarme en el cuarto de la caldera, me dijo: “¡Esto te pasa por comer azufaifas!”¡Azufaifas! La sonoridad árabe de la palabra se me quedó grabada, pero el mandato de mi tía debió de ser más fuerte porque nunca más volví a saber de ese fruto, y aunque recordaba el sabor dulce y algo tosco y a veces había pensado vagamente en buscarlo por los mercados, nunca lo hice. Así que viví media vida al lado de un azufaifo, admirándolo sin saberlo… Igual que antes había veraneado en Roses, junto a la Riera dels Ginjolers…
Pero cuando Vanessa y yo fuimos a verlo juntas, la casa tenía un letrero que decía: Deconstrucciones Démeter. ¿Acaso los derribos se habían vuelto derridianos? ¿Y cómo podía Démeter, diosa de la agricultura, sembrar cemento? O Supportis, la constructora, ¿a quién apoyaba? Pero esos nombres sólo eran parte de la Cultura de las Mentiras. Y llegaron los obreros y empezaron a malgastar su energía derribando la casa y vimos caer las persianas verdes, las molduras y el porche en sombra que habían estado siempre allí.
En unos meses habían tirado tantas casas, todo el patio de manzana estaba lleno de grúas y en vez de las visitas de los pájaros, sólo teníamos, tenemos, ruido y polvo, y en vez de los jardines abandonados e intrincados de la Bella Durmiente, sólo cemento y una plaga de fealdad que se extiende como metástasis por este pobre barrio, que antes era verde y fresco y decimonónico y ahora es mediocre, polvoriento, ruidoso y feo.
Yo lo escribí en el blog. Y entonces apareció Ninca Lacruz, y me ofreció su ayuda “pour faire le trottoir”, como decía ella, recoger firmas de vecinos, y usar su experiencia jurídica europea para reclamar. Descubrimos que no era un árbol cualquiera, que podía ser bicentenario y que en toda Europa no había documentado otro tan grande. Una especie que los árabes trajeron de China, donde hay zonas con clima mediterráneo, y que sirvió para construir barcos, pero también instrumentos musicales. Més eixerit que un gínjol…
Un día me llamó Pau Orriols, un luthier de Vilanova que fabrica tenoras y oboes antiguos con madera de ginjoler y vino a coger tierra de nuestro árbol para la festa major d’Esplugues. Él y su mujer me contaron que el azufaifo es el árbol del confín, donde Mahoma tuvo la revelación, y que según el Corán, más allá del azufaifo sólo está dios. Y que es el árbol del amor en Persia, y que en Italia, cuando uno se enamora y se queda atontolinado, dicen que ha bebido il brodo delle gíuggiole. Él me dio una peonza de madera de azufaifo que siempre llevo encima y planeó una excursión en octubre a la Festa delle Giúggiole de Arqua Petrarca. Y en plena crisis de insomnio, supe que la medicina china usa las azufaifas para dormir.
En el distrito, las autoridades nos trataron con desprecio y sonrisas desdeñosas, a pesar de las mil firmas. ¿Es que no sabéis que la Constitución protege la propiedad privada? No tenéis nada que hacer… Nos fuimos de allí rabiosas y radicalizadas.
Se unió el librero de la calle Berlinès, y Borja Querol, un abogado amigo suyo preocupado por el patrimonio, y un ingeniero técnico agrícola, Xavier Argimon, y nuestros vecinos Lluís Maria Todó e Isaïes Fanlo, y yo empecé a escribir y a sembrarlo todo de emails. Escribí a Enrique Vila-Matas, que había vivido en esta calle, creyendo que no me haría caso. Pero él estaba contemplando consternado cómo talaban una palmera frente a su casa, y su hermana acababa de llamarle desconsolada porque arrancaban unos cedros frente a su estudio de caligrafía china. Así que escribió una de sus crónicas y la tituló El fin de Barcelona.
Llamamos a Parcs i Jardins y empecé a mandarle las entradas del blog del azufaifo a Imma Mayol. Y llamé a Francesc Arroyo de El País, que se puso a investigar, y empecé a darles la lata a los de La Vanguardia, y escribí a Antoni Puigverd, y vinieron los del Avui. Imma Mayol contestó que trasplantarían el árbol, y le presentamos tres informes de expertos explicando que este árbol no sobreviviría al trasplante, y si sobrevivía, habría que podarlo tanto para sacarlo de esta calle que nunca más tendría la forma que ahora tiene.
Mientras duró el derribo, los botiguers de la calle Arimón se pusieron a vigilar y avisaban a la Guàrdia Urbana o nos llamaban cada vez que corría peligro el árbol. Alguien les habría dicho a los obreros que queríamos quitarles el puesto porque se oponían con fiereza, nos decían que el árbol estaba ya muerto, nos miraban con furia al pasar y a veces con gritos amenazadores. Yo tuve también una torpe llamada de amenazas, una voz metálica que pronunció mi nombre y dijo que si quería seguir andando tranquila por la calle me olvidase del árbol. “En mi país estarías muerta”, bromeó un amigo colombiano.
Y vinieron las cámaras de Josep Cuní, de TV3, nos filmaron al pie del azufaifo y a partir de entonces todo cambió. Los funcionarios del distrito ya no nos trataban con desdén. Y empezaron a venir todas las televisiones y radios. Y cada vez que bajábamos a filmar o grabar, se acercaba algún espontáneo loco necesitado de expresión, para vociferar que era una estupidez defender árboles y que no había derecho…
Por la calle, nos abordaban. “Vostè és la de l’arbre? L’he vist a la tele”, dijo una señora, y me contó que había intentado comprar la casa del azufaifo muchos años atrás. Unos vecinos veteranos nos trajeron fotos antiguas del barrio. Todos nos contaban historias. Que en la plaza del Camp había un cabrero, que el jardín del azufaifo llegaba hasta Mitre, que la calle Muntaner se llamaba Garriga y era tan estrecha que cuando pasaba el tranvía había que pegarse a la pared… Y se unieron voluntarios. Y Francesc del restaurante La Taula se le ocurrió comprar tela verde y repartirla… Y Vincenç y Gemma de la Matalasseria nos hacían las fotocopias, y Maribel y Ricardo en la peletería, además de vigilar el árbol, móvil y perro en ristre, recogían firmas, como también Carme y Helena el estanco y en las tiendas dietéticas y en la librería psicoanalítica y en la tienda de fotos… Todos colgaron nuestros carteles y comunicados. Y la gente se para a leerlos y a hablar del azufaifo. Y un músico le compuso una pieza. Y los constructores del barrio nos interpelan a gritos y echan bolsas de basura al pie del árbol.
Fue el jardinero Joan Bordas quien sugirió que la propuesta de que el constructor modificara el proyecto y dejara una esquinita al árbol era la “solución española”, pero que la “solución europea” consistía en expropiar todo el terreno y hacer la Placeta del ginjoler… Él nos contó que el azufaifo era el árbol más sostenible, resistente a la sequía del cambio climático, porque extiende sus raíces por las profundidades, buscando agua. Gracias a él y a Xavier Argimon, y también a Javier Montalvo y a José Manuel Sánchez Cáceres-Lorenzo, hasta yo he aprendido algo de árboles.
En un momento de impasse, llamé a Oriol Bohigas, aconsejada por su hija Glòria, y él escribió un artículo en El Periódico pidiendo La Placeta del Ginjoler.
Luego apareció otra vecina ilustre, Aurora Altisent, que tiene en su jardín un pequeño azufaifo con frutos enormes, y que ha hecho el retrato de nuestro árbol. Fue ella la que me llamó a Ibiza en agosto para decirme que nos iban a dar la plaza. Y Chelo Sastre también ofreció su ayuda, y la grafista Júlia Solans se ofreció a montar el cartel.
Y la gente empezó a venir en peregrinación a ver nuestro azufaifo. Una noche, al salir de casa, un chico me llamó desde una ventana: “¡La mujer del árbol!”, me dijo, “¡espera!”. La verdad es que cuando vuelvo a casa por las noches, miro el ginjoler inmenso y expandiéndose, como si supiera que le estamos defendiendo, y respiro de otra manera.
Todo esto ha sido una locura que me ha impedido trabajar y que ha agravado mis problemas crónicos de financiación. Me ha valido la desaprobación de alguna gente que considera una frivolidad defender un árbol cuando hay tanto sufrimiento en el mundo. Cómo si una cosa excluyera la otra o sólo pudiéramos atender a la más prioritaria. Como si mientras haya guerras, tuviéramos que dejar que nos talasen los árboles y que la mafia rusa y napolitana se repartieran el negocio del cemento en este país.
Pero el azufaifo también me ha dado sorpresas, de toda la gente que ha ofrecido a atarse al árbol o recoger firmas, de los bloggers que han puesto links, de los periodistas y escritores inspirados que han dedicado su espacio a nuestro árbol, y de los poetas y músicos que habéis aceptado colaborar en la Festa del ginjoler. El agradecimiento es una de mis principales fuentes de felicidad, y luego está la ironía de las cosas, y es que yo, que soy incapaz de buscar un patrocinador para mi blog o de conseguir una beca para acabar mi libro balcánico, haya logrado que tanta gente me apoye para salvar este árbol.
La batalla no se ha acabado. El ayuntamiento nos ha dado la plaza, pero quiere construir un edificio de cemento frente al árbol. Todos los expertos dicen que el cemento compacta el suelo y asfixiaría las raíces del azufaifo. Sólo queremos un suelo de tierra y unos bancos de madera o hierro para sentarnos a la sombra. Necesitamos quietud en vez de polvo y grúas. Hay que defenderse de la invasión de cemento que está engullendo la ciudad. Y al fin y al cabo, la lección del azufaifo es que a veces, protestando se puede conseguir algo.
Yo voy por todas partes mirando los árboles como si quisiera inventariarlos, y aunque no me atrevo a abrazarlos como hacía de pequeña, siempre que puedo los toco: me da la sensación de que son mi toma de tierra. Muchas gracias a todos

jueves, noviembre 17, 2011

El azufaifo, pisoteado y maltratado

Texto del escrito de Isabel Lacruz Bassols al alcalde Trias



Foto: I.N. El azufaifo, cuando aún estaba indemne, a punto de ser sacrificado por el ayuntamiento, 2011
MH Sr. Xavier i Trias Vidal de Llobatera
Alcalde de Barcelona
Isabel LACRUZ BASSOLS
EXPONE:

Esta mañana,  17.11.11, he llamado a la Guardia Urbana para denunciar del trato que está recibiendo el azufaifo bicentenario de la calle Arimón 7 debido a una Obra municipal que está contraviniendo las propias ordenanzas del Ayuntamiento: una obra atroz, desproporcionada a la anchura de la calle,  letal para el azufaifo,  y especulativa ( unas oficinas municipales innecesarias en este solar del mejor ejemplar de azufaifo de Barcelona),  que se está llevando a cabo pegada el árbol, catalogado de interés local (BICL) en 2007 gracias a la lucha vecinal por su preservación.
También he denunciado la invasión y corte - que han resultado carecer de autorización- de la calle Berlinés esquina Arimón, por un camión cimentadora que impide el paso de los vecinos, invade la acera, y supone un ruido de motor ensordecedor todo el día, que impide vivir y trabajar en casa.
Se ha personado la Guardia Urbana ( patrulla nº de identificación Q 403, agentes nº 21928 y nº24849) y, en presencia de los amigos defensores del azufaifo, vecinos del barrio y abogados Inma Suárez Barral y Borja de Querol, así como de mí misma,  ha levantado 2 actas:
- Acta nº LA24849, relativa al bloqueo de la calle Berlinès y contaminación acústica: la obra carece de permiso para cortar la calle, como estaba haciendo, y bloquear el paso con una camión-cimentadora que invade la acera y cuyo ruido de motor es ensordecer y permanente. Además deberían estar expuestos a la ciudadanía todos los documentos relativos a los permisos pertinentes, y no lo están.
He oído también que hablaban de un aspecto de un seguro, del que la obra, al parecer, carece.
Los agentes han entrado en un local o bajos sito en el nº 12 de Arimón, que ha sido hasta hace poco una una tienda, y que ahora exhibe un cartel de “Se Alquila”: resulta que este local está siendo utilizado por los de la obra como oficina-cuartel general para su actividad infractora. La Urbana ha estado ahí dentro 40 minutos con dos individuos con casco de obra que previamente, interpelados por mí, habían negado tener nada que ver con la obra; sin embargo, cuando han comparecido los agentes municipales, ¡¡ han resultado ser el responsable y encargado de la misma !!
- Acta nº LA16328, relativa a la inspección ocular efectuada por la propia Guardia Urbana del tronco, ramas y entorno del azufaifo, y por la que se han constatado diversas infracciones. Según los agentes, en efecto, se detecta la presencia de productos químicos (cemento, pintura, colas, plásticos etc.) y sacos adosados al tronco; la construcción (andamios, etc.) está tocando las ramas del azufaifo.
El árbol carece además de la protección de madera de 1,20-1,80 metros de altura como mínimo, exigible según el punto 7 del decálogo de la Normativa municipal general de protección del arbolado durante la realización de obras. No digamos ya cuando afecta, como es el caso, a un ejemplar que debería estar especialmente protegido, como es el azufaifo de la calle Arimón.
La constatación de la Urbana de que HOY la obra está tocando las ramas se produce a pesar de que EN LOS ÚLTIMOS TRES O CUATRO DÍAS han sido salvajemente cortados muchos de los extremos de ramas del árbol por los propios albañiles, porque molestaban. La vecina y escritora Isabel  Núñez y yo estuvimos sacando unas fotos, al atardecer, hace 4 días, en las que se ven ramas grandes del azufaifo machacadas,  por el suelo,  y algunas aprisionadas entre los hierros de la obra.  
Ya sabemos que el árbol no sobrevivirá a la agresión que ha supuesto excavarle el subsuelo (la casa de los años 40 que había antes no tenía subsuelo) y realizar bajo tierra un encofrado de cemento por el único lado por el que aún podían ser viables sus raíces. Nos hemos reservado y seguimos reservando todos los derechos ejercibles frente a laresponsabilitat o conducta tipificada per l’article 323 del codi penal, que qualifica com a delicte el produir danys en bens d’interès cultural i una pena de presó d’un a tres anys, a banda de la responsabilitat civil adient per danys i perjudicis.  I la responsabilitat patrimonial de l’article 145 de la  llei de règim jurídic de les administracions públiques  i del procediment administratiu comú 30/1992 de 26 de novembre extensives als funcionaris actuants”.
Pero el incumplimiento reiterado de la propia normativa municipal sobre “Protección de elementos vegetales durante la realización de Obras”, concretamente de la ordenanza sobre Obras e Instalaciones en el dominio Público Municipal (artículo 63, de la Protección del Arbolado) es un insulto a la inteligencia y a la buena fe de los vecinos y ciudadanos, que no podemos aceptar.  
Por todo lo cual,
RUEGO, AL M.H. SR. ALCALDE DE DE BARCELONA:
A) QUE disponga y ordene con carácter urgente lo necesario para hacer cumplir la normativa municipal en la materia a fin de que cese el daño irreversible que se está causando a día de hoy al azufaifo de la calle Arimón, 7 (BICL);
B) QUE acceda asimismo contestar a los escritos (instancias) presentadas por la abajo firmante y otros en fechas 30.06.2011 y 7.07.2011 sobre el particular.
Barcelona, jueves 17 de noviembre de 2011
   
Atentamente, Isabel LACRUZ BASSOLS

  

sábado, enero 14, 2012

Ayer y el azufaifo


Foto: I.N. Ésta era la casa del azufaifo, la que derruyeron y nos quitaron, donde el árbol vivía libre y lleno de flores y pájaros en una tierra aireada, antes de que el ayuntamiento decidiera destruirlo todo. 2007
Una funcionaria del ayuntamiento del distrito me había citado en la desdichada y talada Vil·la Florida (se me encoge el corazón al entrar en lo que fue un jardín frondoso y fresquísimo, con ochenta y siete árboles centenarios y un jardín romántico. Sólo pasar por aquella puerta cambiaba la temperatura y olía a espesura y a bosque y no se veían las calles de atrás. Ahora todo está pelado, socavado, y la reforma del edificio es horrorosa. Los okupas la cuidaban mucho mejor que el ayuntamiento y los gatos...) para explicarme algo del azufaifo. Si ustedes pasan junto al pobre azufaifo ahora encajonado y prisionero del cemento y el andamio y cercenado por la grúa, comprenderán que hay poco que explicar. Y como la batalla del azufaifo no era sólo mía, sino que miles de personas pidieron una plaza, algunas desde sus columnas en periódicos y otros medios, me llevé conmigo al abogado arbóreo y la traductora que fue mi colega en esta batalla (iba a venir el jardinero humanista, pero se lesionó justo antes de venir). Y allí estábamos los tres, dispuestos a escuchar el cuento de Blancanieves para luego contestarle con lo que sabemos y hemos visto, pero los funcionarios no querían dejar pasar a mis dos acompañantes, y al fin el abogado, conciliador, les prometió que ellos no hablarían, sólo escucharían, y entramos. La explicación sólo se refería a la última brillante iniciativa del ayuntamiento respecto al azufaifo. No basta con llenar de cemento el solar contiguo, inyectando hormigón a metros y metros de profundidad, asfixiando todas las raíces del árbol que van hacia la riera -la calle Berlinès-, no basta con romperle las ramas con la grúa, con encajonarlo en un terreno diminuto, contra todas las normas europeas, sino que además, al ayuntamiento se le ha ocurrido que los estudiantes de la Massana hagan una intervención artística en la pared medianera que toca al azufaifo. Es decir, que lo llenan todo de cal, yeso, pintura, máquinas y suciedad. Y ya que el árbol está probablemente condenado (yo siempre conservo la esperanza de que hubiera echado raíces laterales hacia el jardín rodorediano que aún queda a su lado, de un señor octogenario que se negó a ser expropiado porque le gusta su jardín y que nos recibió un día a las dos Isabeles; nunca dejamos de soñar, hasta que algo muere), al menos podrían haberle dejado limpio y tranquilo el diminuto terreno a su alrededor, pero no, hay que celebrar allí una nueva mascarada de teatro estúpido, como esas fiestas multitudinarias que se celebran en el Parc de la Ciutadella, para arruinarlo aún más.
Les recordé que han destruido el bosquecillo de la plaça Joaquin Folguera, el jardín donde jugaban los niños y leíamos algunos, la maraña que nos recibía al salir del metro, se la han cargado con el prtexto de unas obras que luego han abandonado y que ahora dicen que cerrarán -tal vez por el mal olor, por las ratas, por la frustración de los engañados comerciantes- pero sin árboles, a la espera de emprenderlas de nuevo, todo para agrandar el parking. Les recordé que la parte de atrás de Vil·la (dissorttada) Florida es una inmensa zanja para construir una biblioteca, justo cuando acaban de recortar el 83% de presupuesto de compra de libros en las bibliotecas, talan los hermosos árboles que quedaban... todo es cemento alrededor, cemento y polvo y ruido de obras).
También les explicamos cómo el ayuntamiento fomenta el uso del automóvil privado con esa ley perversa que obliga a todo edificio a tener parking y construye grandes superficies con grandes parkings y limita y constriñe los mercados y les pone parkings, que tala para todo, tala para poner bicings, para poner una fuente, para expandir el metro, pero sobre todo tala para hacer más parkings, que ésta es la ciudad europea más agujereada, Barcelona como gran tapadera de parkings y esos parkings no son, como ellos decían, para ocultar los coches, sino para acostumbrar a la gente a usar el coche para todo, y que han contaminado y degradado este barrio, que estaba lleno de pequeños jardines y ahora es todo cemento, y de paso fomentan la obesidad porque nadie sabe ya andar cuatro pasos.
Y hablamos de ese proyecto perverso de destruir Collserola con 16 puertas, de construir más pisos fantasma, sólo para cobrar sus mordidas. Si toda la ciudad está llena de pisos vacíos, ¿qué explicación tiene seguir construyendo, si no es financiarse ellos
Naturalmente, los funcionarios eran personas y no precisamente mala gente, así que me escucharon, ya que mis compañeros estaban obligados al silencio, y yo les conté cómo el ayuntamiento había empezado falsificando el expediente y firmando una licencia donde el azufaifo no existía, que nosotras lo habíamos descubierto (gracias a la práctica jurídica europea de la otra Isabel), les conté que habíamos pedido una plaza y que nos había apoyado mucha gente, y cómo el ayuntamiento (siempre con la oposición del distrito, que quería talarlo) había catalogado el árbol (gracias a las televisiones y los medios que se hicieron eco de nuestra protesta) pero luego había decidido construir unas oficinas precisamente allí, teniendo un local mucho mayor y ya talado y asolado más arriba, en el antiguo Ecuestre, y quitarnos la plaza (que ya estaba prevista en 1976, comprobamos en el archivo municipal, gracias al abogado), y cómo ahora se burlaba aún más de la voluntad de los vecinos, estropeando los últimos tiempos del azufaifo. Y creo que nos entendieron, aunque no pudieran decirlo, nos entendieron. "Todo está aquí", les dije, enseñándoles mi libro La plaza del azufaifo y el señor Trias tiene este libro, aunque sin duda no lo ha leído.
Todo este encuentro se debía a que yo fotografié el desaguisado de yeso y pintura y máquinas alrededor del azufaifo y lo mandé a los diarios y lo publicó El Periódico y uno de los estudiantes o monitores que salían en la foto vino aquí a mi semiabandonado blog Polis a protestar, con faltas de ortografía y luego ya con insultos y descalificaciones personales, y yo cambié la fotografía por una en la que están de espaldas y son irreconocibles. Aunque nunca me quedó claro por qué le parecía un uso indebido de su imagen y le preocupaba tanto salir si estaba participando en una iniciativa ciudadana irreprochable. En fin, él tenía su derecho y yo cambié la foto, aunque no tuviera derecho a llamarme las cosas que me llamó, ni a escribir con faltas de ortografía, ¿cómo aprueba y pasa los cursos la gente en estos días?

Y es verdad que tengo este blog semiabandonado porque hay demasiadas cosas de las que protestar, porque estoy también en facebook, porque apenas sé cómo mantenerme a flote con esas tarifas miserables que tantos editores -sintiéndose grandes benefactores de la humanidad- nos pagan a los traductores. Continuaré...

miércoles, julio 06, 2011

En El Periódico, nuestro azufaifo

L'excèntric ginjoler, al fons, amenaçat per les obres al cor de Sant Gervasi. EDWIN WINKELS

A PIE DE CALLE

La lucha desigual del viejo azufaifo

Miércoles, 6 de julio del 2011

Edwin Winkels. Periodista

Azufaifo. Poco gente habrá escuchado este nombre. Azufaifo. Suena tan bien como su preciosa denominación biológica: Zizyphus jujuba. Más conocido es su nombre en catalán: ginjoler, que tiene también una versión castellana: jinjolero. Incluso hay un refrán en catalán cuando a un niño espabilado se le compara con su fruto pequeñito, sabroso, vitamínico y juguetón: més eixerit que un ginjol. Pero los jínjoles o azufaifos que a finales de verano empezarán a caer de este gran árbol arrinconado en la calle de Arimon, en pleno corazón de Sant Gervasi de Cassoles, comienzan a tener un sabor amargo. Puede ser su último verano, después de haber permanecido entre 150 y 200 años -su edad calculada por biólogos- en este cruce de calles estrechas y demasiadas transitadas por coches.

Hace cuatro años, en la primavera del 2007, los vecinos defensores de uno de los poquísimos oasis verdes en esta zona alta, un oasis minúsculo y semiabandonado con también dos naranjos y un olivo, creían haber salvado su azufaifo de una muerte anunciada al lograr su catalogación. «Antes había una casita, y esto era el jardín. Desde que la derribaran en el 2007, el sitio estaba vallado pero no se hacía ninguna obra. El árbol estaba bien así», me cuentan Isabel Lacruz y la escritora Isabel Núñez, dos de las férreas defensoras de un árbol que, por su escasez, es casi un monumento en Barcelona, en toda Catalunya incluso.

Partirle las raíces

3 Según el experto Xavier Argimon, en la ciudad solo hay dos de este tamaño -el de Sant Gervasi mide unos 12 metros-: el otro está campando a sus anchas en los jardines Joan Maragall en Montjuïc. En el 2002 plantaron un jinjolero pequeñito en la reformada plaza de Joaquim Xirau, al lado de la Rambla, pero en su maceta el pobre apenas ha crecido. Y en Catalunya solo consta un azufaifo más, el ginjoler de Can Mató en Regencós (Baix Empordà). Nada más.

Ahora, estos vecinos de Sant Gervasi alertan de que dentro de año y medio esta preciosidad en pleno barrio habrá muerto si siguen las obras municipales que se ejecutan al lado. Donde había la casita, se levantará un pequeño centro social. Pero como está previsto un subterráneo, se partirán por completo las raíces del azufaifo, que por bicentenarias y fuertes se extienden más de 50 metros más allá, hacia la también por obras castigada plaza de Folguera, donde desaparecieron ya los almeces.

Se llevaron un buen susto cuando vieron aparecer la maquinaria la semana pasada. Tras verse este martes al mediodía debajo del árbol, los vecinos presentan un escrito al ayuntamiento en el que piden una moratoria y nuevos estudios. «¿Por qué no han querido hacer aquí un pequeño espacio verde, que casi no tenemos?», se preguntan las dos Isabel, que ya saben más del azufaifo que el técnico de Parques y Jardines que en su informe solo mencionó un ordinario serbal común y omitió el jinjolero excepcional. Encima confundió los naranjos con limoneros.

lunes, octubre 15, 2007

15 octubre, Acción blog: historia del azufaifo

Ilustración: Nico de Querol ha retratado así a nuestro ginjoler. Esperemos que inaugure una campaña de dibujos infantiles para defender al árbol de la calle Arimón.
El 15 de octubre es el día de acción de los blogs y se dedica al medio ambiente. Voy a sintetizar aquí nuestra campaña para salvar al azufaifo de la calle Arimón.
En Barcelona, los espacios verdes por habitante están muy por debajo de lo que aconseja la OMS. La construcción es el negocio en alza y está destruyendo la ciudad, como ha destruido la costa y gran parte de este país, sin que ningún gobierno se decida a ponerle coto. Un indicio claro: en Barcelona, hay una normativa contra el ruido y los excesos auditivos, pero esa normativa no afecta a la construcción. No es un hecho casual: la construcción sigue siendo la fuente principal de financiación de nuestros ayuntamientos.
En mi barrio, la mayoría de espacios verdes eran privados. Era un barrio frondoso, lleno de pequeñas casitas con jardín (y también mansiones). Unas y otras han ido cayendo bajo la piqueta para construir bloques de arquitectura mediocre y sin gracia, sólo para especular. La sombra y la quietud de árboles y pájaros se han visto sustituidas por polvo, grúas y ruido.
En mi patio de manzana, estaban tirando todas las casitas y al caer la penúltima resultó amenazado un árbol precioso, magnífico, que sobresalía y daba sombra a la calle y llenaba la acera de flores y frutos pegajosos. Era un azufaifo, Ziziphus jujuba, especie frutal originaria de China que trajeron los árabes a este país y cuyo nombre forma parte de la cultura en expresiones diversas. Su madera sirve para fabricar instrumentos de viento, y por su resistencia, se usó en otros tiempos para construir barcos.
Una editora vecina se unió a mi denuncia a través de mis blogs y empezó la recogida de las 1.500 firmas, y luego un abogado preocupado por el patrimonio, y un ingeniero técnico agrícola. Yo empecé a escribir a todo el mundo, un escritor famoso nos dedicó un artículo, la más selecta prensa de opinión y noticias empezó a hacerse eco, un arquitecto influyente pidió con nosotros que hicieran una plaza, salimos en distintas televisiones y radios, intelectuales conocidos se manifestaron a favor nuestro y muchos otros bloggers se unieron a la campaña. Descubrimos que la licencia se había concedido con información mixtificada. Gracias a nuestra protesta, el ayuntamiento decidió que no lo talarían, sino que lo trasplantarían. Nosotros presentamos informes de expertos donde se demostraba que el trasplante era un riesgo mortal para el árbol, que si sobrevivía a la poda rigurosa que habría que hacerle para sacarlo de la calle, nunca jamás recuperaría su forma ni sus dimensiones de ahora. Descubrimos que era un árbol bicentenario y que en toda Europa no hay documentado otro tan grande ni tan hermoso. Además, el azufaifo es el árbol más sostenible que existe, resistirá a la sequía que vendrá, extendiendo sus raíces profundamente. Como nos contó un luthier de Vilanova, es el árbol del confín, donde Mahoma tuvo la revelación y según el Corán, más allá del azufaifo sólo está dios. En Persia era el árbol del amor y en Italia, cuando uno se enamora se dice que ha bebido il brodo delle gíuggiole. La música popular catalana se toca con instrumentos hechos con azufaifo. Al fin, nos prometieron que protegerían el árbol in situ.
Ahora bien, la amenaza para el árbol no ha terminado. El ayuntamiento, dividido entre disensiones de los distintos partidos que lo gobiernan, ha decidido construir. Nosotros intentamos saber a cuántos metros, porque según los expertos, el cemento compacta la tierra y asfixiaría las raíces del árbol, que moriría en pocos años. Y si una máquina se acerca, podría cortar sus raíces y matarlo de forma inmediata. Sabemos que en Europa, a un árbol venerable como éste se le protege y no se construye a 500 metros. Aquí, ni siquiera quieren reservarle el terreno de 30 x 10 donde se halla. Dicen que acceder a nuestras peticiones sería un precedente peligroso. Y nosotros pensamos al contrario: ahora tienen la oportunidad de demostrar que les importa crear una ciudad sostenible, que no siempre toman partido a favor del mercado inmobiliario, que alguna vez también pueden favorecer a los árboles. Dicen que éste es un barrio privilegiado y se equivocan. Es cierto que en este barrio hay ricos, pero también hay muchísimas personas que a duras penas llegan a fin de mes, jubilados con alquileres antiguos y pensiones escasas, gente joven que comparte pisos, etc. No hay equipamientos municipales, ni bibliotecas ni instalaciones deportivas, ni apenas transportes públicos. Pero sobre todo, lo más grave es que los espacios verdes desaparecen a toda velocidad y que la contaminación y la degradación del paisaje es cada día más aguda. Otro argumento es que en este barrio gana tradicionalmente la derecha. ¿Pero qué hace la llamada izquierda por este barrio? Castigarlo por su supuesto voto de derecha. Así difícilmente cambiarán las cosas... Y por extraño que parezca, las autoridades del Distrito parecen contrarias a nuestra reivindicación.
El pasado 16 de septiembre organizamos, con la ayuda de un editor y poeta, un recital de poesía, la Festa del Ginjoler, con cartel de Aurora Altisent, en la que participó un montón de poetas y músicos a favor del árbol. Toda nuestra calle se ha llenado de trapos verdes, gracias a la iniciativa de un restaurador del barrio. En la esquina donde colgamos los recortes de periódico y las noticias del azufaifo, la gente se para a leer y a comentar mientras admiran nuestro magnífico azufaifo. Volem la Placeta del Ginjoler!

miércoles, julio 18, 2007

Sobre el árbol que defendemos

Foto: detalle del plano municipal donde se ve la plaza proyectada.
Nuestra reivindicación de la Placeta del Ginjoler no es tan descabellada. En 1977, el propio ayuntamiento de Barcelona, tenía previsto poner una placita en ese mismo lugar. Borja Querol ha encontrado el plano en el Arxiu Administratiu de l'Ajuntament de Barcelona.
Lo cierto es que en este momento, el silencio del ayuntamiento nos preocupa. Los vecinos temen volver de sus vacaciones y encontrarse sin azufaifo. La constructora no se ha resignado y sus máquinas siguen apareciendo por el solar, sus técnicos hacen mediciones para el trasplante (un simulacro que sólo significaría la muerte del árbol) y apartan a los vecinos de muy malos modos. Ayer, un artesano de Vilanova que fabrica tenoras vino a ver el árbol y les pidió a los empleados de Supportis si podía coger un poco de tierra junto al árbol, ya que en la festa major de Vilanova, le echan tierra de otros azufaifos al ejemplar que él mismo plantó. Los de la compañía se negaron a dejarle pasar, le indicaron que lo hiciera a través de la reja, donde predominaba el cemento.
Ese artesano, Pau Orriols, me contó que el azufaifo es el árbol de Mahoma, el mítico árbol islámico de los confines, donde el profeta recibió la revelación y añadió que según el Corán, más allá del azufaifo sólo está dios (junto al azufaifo del confín, junto al cual se encuentra el jardín de la Morada). También me contó que en Persia, el azufaifo es el árbol del amor y que en Italia se dice que alguien está nel brodo dei giugiole (que mis amigos italianos me corrijan la ortografía!) en un caldo de azufaifos, cuando se enamorisca y deslumbra. Y que en Catalunya y en toda España se vendían azufaifas en los cines, en cartuchos como las chufas, y que en Barbate le preguntó a una vendedora de frutos secos y ella le dijo: "¡Claro, pero en septiembre!". Él fabrica sus tenoras con madera secada al menos durante 25 años. Dice que su relación con el ginjoler es casi esotérica y que cada uno le cuenta una historia interesante. La expresión "Ets més eixerit o estàs més content que un gínjol" sólo demuestra, según él, la importancia que este árbol frutal tenía en otro tiempo en este país. Hablamos de la Riera del Ginjoler, de Roses, y del azufaifo de Camarles y del que hay en Arenys en la llamada Casa del paraíso. Todos más pequeños, no tan monumentales como el que ahora amenazan con destruir. Mañana a las 10 am en TV3, programa Els Matins de Josep Cuní, entrevistarán a Imma Mayol sobre nuestro ginjoler. A ver si alguien me lo graba... Llamaron del programa para confirmar la información de presentación. Tal vez mañana sepamos qué han decidido o cuál ha sido el resultado de esa negociación. En la información del programa dicen "Ernest Benach, president Parlament de Catalunya TERTÚLIA Antonio Franco Jordi Juan, Imma Mayol, segona tinent alcalde Ajuntament Barcelona Lead: Solucions pel ginjoler del carrer Arimon."
Entre tanto, dos señores republicanos y octogenarios del barrio nos han enseñado algunas fotos de estas calles, nos han contado historias de cuando el tranvía bajaba por una calle Muntaner muy estrecha, o de cómo destruyeron los bosques de pinos del Putxet durante la guerra, o de un falangista que se cargó el edificio modernista del ayuntamiento del distrito, de cómo se pusieron los nombres de las calles (la calle Wagner, que luego se transformó en la continuación de la horrible Mitre, o la calle Juli Verne, que luego se llamó Saragossa, o la calle Babilonia, convertida en Ciutat de Balaguer...), de la propia calle Arimón y el error de añadirle "Bisbe" al apellido de Sivilla y tantas otras cosas.
Ellos ya sabían que en 1977 estaba previsto hacer una plaza pública (La placeta del ginjoler que pedimos nosotros) y creen que el propietario que compró lo que entonces era el huerto de la finca del azufaifo para construir el horrible edificio que hoy tenemos al lado, con un supermercado putrefacto, logró la licencia de forma irregular.
Una de sus bonitas fotos puede verse en mi otro blog.
Mientras hablábamos, un tendero nos ha avisado que Imma Mayol estaba en la calle; ha venido a ver el árbol antes de ir mañana a tv3; hemos intentado ir a abordarla, pero el coche se la había llevado de vuelta.

jueves, noviembre 22, 2007

Zao Shu, el azufaifo

Foto: Linda Danz, Central Park, 2007
Hemos ido a Urbanismo, a ver a Ramon Garcia Bragado, cuarto teniente de alcalde de Urbanismo y regidor de Infraestructuras. De él (y del gerente de Urbanismo, Ramon Massaguer) dependen en gran medida las negociaciones con el promotor inmobiliario, que siguen en curso. Por el azufaifo, íbamos Isabel Lacruz Bassols, Borja de Querol, Ferran del Pozo y yo.
Hay que recordar que el promotor adquirió el solar y obtuvo la licencia de derribo de la casa basándose en un expediente con información no verídica, sustituyendo el azufaifo bicentenario, ejemplar más importante documentado en Europa por una especie común. La licencia de obras está paralizada y el proceso de catalogación del azufaifo ha seguido adelante y se abordará en el próximo plenario, del 29 de noviembre.
En la reunión se ha confirmado que la primera parte de la batalla está ganada, es decir, el azufaifo bicentenario de la calle Arimón será protegido: se quedará en su parcela. La amenaza de trasplante que habría significado su destrucción formal definitiva (bonsaicización por la poda drástica) y su muerte probable no se confirmará.
Falta la segunda parte de la batalla, es decir, la promesa de Imma Mayol por email y en el programa de Josep Cuní en TV3 de darnos la Plaça del Ginjoler, como propuso Oriol Bohigas apoyando nuestra iniciativa, y de que la parcela se convertiría en terreno municipal, no está conseguida. Y la construcción que se baraja en la parcela implica un peligro para el árbol.
Ramon Garcia Bragado nos ha dicho que la horquilla de posibilidades en la negociación iba desde La plaça del Ginjoler a la construcción de un edificio en la mitad inferior de la parcela. Nosotros hemos prometido hacerle llegar los informes expertos, según los cuales, construir en esa parcela, afectar la aireación y la protección de la zona radicular del azufaifo puede suponer su muerte. Si construyen parking, si entran máquinas en ese terreno, esa supuesta protección del árbol habrá sido inútil, y en pocos años habrá muerto, como ha ocurrido tantas veces en este país.
Para Urbanismo es una cuestión de dinero. Pero habría que hablar del coste para la salud de los ciudadanos y para su calidad de vida que supone este parque de grúas, de contaminación intensa y creciente, de polvo. La fuga de los pájaros. La desaparición del patrimonio arbóreo que caracterizaba a este barrio. La degradación de la ciudad por la invasión del cemento. La tala, el arboricidio que se produce en esta ciudad mientras ellos mantienen ese extraño cómputo de que Barcelona es la ciudad con mayor número de árboles de Europa. Se refieren a ramitas escuálidas que cuentan como árboles. Como dijo Xavier Argimon de Vilardaga, ingeniero técnico agrícola, el patrimonio arbóreo se mide por la calidad, no por la cantidad de árboles. En realidad, fue Porcioles quien inauguró esta tradición de la confusión, contando los árboles como espacios verdes. Se trata de contar con árboles de calidad. Cualquier ciudad de Europa está mejor dotada y protege más los árboles que Barcelona. Belgrado, Zurich, Londres, París... Yo veía ayer los árboles que filmé junto al Sena, en París, en mi entrevista balcánica. Me dicen que la diferencia, clima aparte, está en los alcorques inmensos que tienen esos árboles para extender sus raíces y crecer. En cuanto al clima, sepamos que Grecia, de clima mediterráneo, era un país lleno de bosques siglos atrás... y convertido casi en un desierto por la tala indiscriminada... rematada por los incendios. ¿Es posible que a nuestros políticos les sea indiferente haber tomado ese mismo camino?
Ayer firmé contra la explotación inmobiliaria del Tibidabo, que supone la destrucción del pulmón verde de la ciudad. A nuestros políticos no les parece importante preservar ese último núcleo.
Me dijeron que también los terrenos restantes del colegio Jesús María, el edificio, el barranco maravilloso de la Torre Castanyer que acogió a Machado en su camino del exilio, están también en peligro. Mirar alrededor, pasear por la ciudad es hacer inventario de la pérdida.
Volviendo al azufaifo, me gustaría haber recordado en esa reunión que concedernos esa plaza no sólo es un mal precedente que les obligaría a ceder en todos los casos, sino que podrían aprovecharlo como un ejemplo simbólico, una demostración de que reorientan su política urbanística, de que no siempre dejan que triunfe el cemento.
En las democracias, los ciudadanos tienen la obligación de reclamar sus derechos, de expresar su voluntad no sólo en las urnas, de pedir protección para el patrimonio que les rodea. Queremos poder respirar sin intoxicarnos (y los árboles son los únicos capaces de producir oxígeno y compensar la contaminación), queremos vivir con pájaros y no envueltos en grúas, queremos detener la especulación inmobiliaria que arrasa con la arquitectura humanista para construir feos bloques impersonales de pisos de falso lujo para ricos de mal gusto. No permitamos que la pasividad, heredada del franquismo, nos paralice. Excepto los que tienen intereses en la inmobiliaria y no ven más allá del dinero inmediato, sin pensar en la destrucción de nuestra ciudad, del paisaje, del clima y de la propia salud, a los demás nos interesa conseguir la Plaça del Ginjoler. Todos los científicos lo anuncian: España va a ser uno de los países más afectados por el cambio climático. Luchemos por los únicos elementos que pueden ayudarnos a combatirlo: los árboles centenarios.
Se trata de proteger al árbol más sostenible que existe, el que resiste las sequías con sus raíces largas y profundas, una de las especies más preparadas para resistir el cambio climático.
Frente a la desinformación e inexplicable hostilidad que nos dedicó el Distrito, en Urbanismo nos han escuchado con atención y Ramon Garcia Bragado y Ramon Massaguer se han comprometido a informarnos de la evolución del proceso. Nosotros seguiremos batallando e informando en nuestro speaker's corner particular, el racó del ginjoler.
Por cierto, el azufaifo, en chino se llama zao shu y en árabe, ennab

sábado, noviembre 03, 2007

El azufaifo en La Vanguardia

Foto: Isaias Fanlo, Detalle de la Festa del Ginjoler (con Lluís Maria Todó, Xavier Argimon y Guillermo Aguirre, entre el público).
En La Vanguardia de hoy, Ignasi Viladevall-Palaus advierte sobre el azufaifo.
El árbol de las raíces insondables
IGNASI VILADEVALL-PALAUS
Dios mío, qué árbol esconde la verja del solar de la calle Arimón! Aludo a su famoso ginjoler. Antes, cerca de las ciudades, su cultivo era muy habitual. Este azufaifo es un ejemplar sin equivalente, único en el mundo. En la última etapa de su vida ha soportado una cadena de peripecias. Dada su espectacularidad, merece un respeto. Su tronco, que viene a formar una copa redondeada, causa ya impresión: las ramas hacen alarde de una desenvoltura inmensa. Las raíces, que se extienden a buscar el agua a donde sea, no son visibles. Escapan a la observación a causa de su desarrollo subterráneo.
Las colosales raíces del azufaifo no pueden definirse propiamente. No sólo tienen un papel de fijación y anclaje en el suelo, sino que sirven para proveer al árbol de agua en épocas de sequía; así se basta a sí mismo. Sin ellas la fronda no destilaría amenidad, ni las flores respirarían preciosismo, ni de sus frutos, cuyo peso decanta el ramaje, saldrían confituras. No hallaría el modo de rehacer el hechizo de sus zigzagueantes ramas, ni de sorprender con la influencia de unas flores que son de lo más alentador. Su sencillez a veces resulta enigmática, y otras, conmovedora. Pero ningún árbol tiene un ramaje tan fino y espontáneo y envolvente como el suyo; parece irrefrenable su desarrollo. Este año el ginjoler mira entorno como diciendo: “¿Qué le pasa a la ciudad?” No sabe si podrá seguir enamorando a la vecindad; si llegada la primavera el brillante verdor de sus hojas volverá a desvanecerse entre las ramas. Incapaz de implorar socorro, ante él se abre un funesto porvenir. ¿Cómo puede ser ello posible si no ha hecho otra cosa en su vida que llenar sus humildes dominios de luz verde? No hay palabras para referir la ansiedad de un árbol. A escasos metros se levantará un edificio que puede afectar su sistema radicular.
Topar con las raíces implicará cortarlas, herirlas. No morirá de golpe, sino en pocos años. A menos que se realice un meticuloso seguimiento de las obras. ¿Es posible realizarlo? Claro. Construir no siempre equivale a destruir. Hay una arquitectura ávida de vincularse entrañablemente a la naturaleza, que ansía de algún modo coparticipar en la gestión de su conservación. Hoy en día se hacen cosas inimaginables. Así que terminamos como empezamos: contemplando un árbol de incontestable valor ornamental. Intocable desde todos los puntos de vista.
AZUFAIFO ‘Ziziphus jujuba’
Época de floración Abril-mayo.
Cuidados A pleno sol. Poco riego. No se
debe modificar el estado físico del suelo
en donde prospera.
Aplicaciones Verjas, huertos, parterres.
Desamparado
Sin un sondeo del subsuelo del solar, el ginjoler, hoy salvado, estará sentenciado. El sistema radicular de los árboles tiene bajo tierra un desarrollo semejante al del ramaje en el aire ¿Y no podría renovarse ese sistema radical, abriendo zanjas para intervenir? Si se operase a finales de invierno, en primavera se formarían raíces nuevas. Que los expertos se pronuncien; que nada esté por encima de ellos. ¿Por qué no fue seleccionado “arbre d'interès local”? Lugar especial ocupa el azufaifo del Palacete Albéniz (lleva el número 0138-03-98 de catálogo) sin reunir, ni de lejos, las mismas cualidades estéticas.

miércoles, agosto 15, 2007

Noticias extraoficiales

Foto: I.N., Algarrobo en el camino de casa, Ibiza, agosto 07
Ciertamente, las autoridades municipales siguen sin molestarse en contactarnos para informarnos de nada: ya lo dije, la falta de costumbre democrática de este país, o la tendencia de los políticos a apuntarse los tantos sin aceptar que si este azufaifo no muere talado o salvajemente podado y convertido en muñón antes de morir en su traslado, no es gracias a su iniciativa, ni tampoco gracias a su receptividad ante nuestra protesta y los informes expertos, sino sólo gracias a nuestra iniciativa, nuestra tenacidad y el reflejo en los medios de comunicación. Sólo cuando nos vieron en la tv y los periódicos, cuando vieron las firmas que nos secundaban, empezaron a cambiar de opinión..
Pero una mañana, hace pocos días, me despertó de mi sueño ibicenco Aurora Altisentque está dibujando el azufaifo!), para decirme que Imma Mayol acababa de anunciar en TV3 (de nuevo en Els Matins de Josep Cuní) que nos darán La Placeta del Ginjoler. Naturalmente, no la llamarán así, y además pondrán "un equipament", es de suponer que unos columpios infantiles. Más que nada, para dejar constancia de que se trata de una iniciativa suya, nada que ver con la reivindicación vecinal. Aunque Oriol Bohigas nos apoyara en esa petición, aunque todos los expertos lo pidieran. Aunque sepan que en Europa, un árbol así exige un jardín alrededor, y justificaría incluso la expropiación de los patios inmediatos. Aunque ya en el año 76 alguien se hubiera dado cuenta de que había que hacer una plaza para el árbol..
Naturalmente la noticia de la plaza me alegró muchísimo, pero sigue preocupándome que se repita lo que dijo el jardinero Joan Bordas. Que en este país, la mayor parte de los árboles monumentales y centenarios no han muerto talados, sino gracias a la ignorante arrogancia de los arquitectos, que construyen bancos de cemento y así se compacta la tierra, y se impiden la vida y la expansión de las raíces. Al cabo de unos años, el árbol muere, y ellos creen que ha muerto de viejo. Y es que a nuestras autoridades municipales les gustan las plazas duras, les gusta el cemento y les gusta demostrar que la inciativa es sólo suya. Caiga quien caiga. Las costumbres antidemocráticas de un país, el poso de los cuarenta años de dictadura no se eliminan así como así..
Pese a todo, si realmente hemos logrado que no se construya en ese solar y que se haga una plaza en honor del azufaifo, aunque sea camuflada (¿por qué no reconocer que la razón de hacer esa plaza es la presencia de un árbol tal vez bicentenario, un árbol singular, una pieza de patrimonio a conservar? ¿Por qué justificarla con unos columpios o vaya usted a saber qué? Como si el propio azufaifo, con su sombra, con sus frutos, con unos bancos para sentarse, con la quietud y el oxígeno que desprende no fueran suficiente razón per se, y no beneficiaran a la gente mayor y a los niños y a todos los vecinos) con "equipamientos" que pueden perjudicarle (los expertos lo han dicho: no habría que hacer nada, sólo poner unos bancos -no de cemento-, una fuente y dejar que el azufaifo sea la estrella de ese petit jardin), pese a todo, como decía, si hemos conseguido nuestra plaza y hemos evitado que construyan aquel horror y que destruyan nuestro árbol, tendremos que celebrarlo (y vamos a hacerlo, el 16 de septiembre, con poetas y músicos).
Pero esa pequeña gran victoria implica también una responsabilidad. Es la demostración de que se puede hacer algo para impedir que sigan destruyendo la ciudad, que hay que estar vigilantes contra el cemento, que no podemos dejarnos vencer.
Uno de estos días volveremos a aparecer en TV3 para darle un final al proceso del azufaifo y espero poder hablar de todas estas cosas, aunque sea concentrando mi speech en 3 minutos (¡me estoy especializando!).

martes, junio 12, 2007

¿Amenazas?

¿Es posible que por salvar un azufaifo nos amenacen?
Entre las siete y las ocho de la tarde, he recibido una llamada telefónica con una voz que no sabría definir, de una sonoridad extraña, distorsionada o metálica y a gran volumen. Ha pronunciado mi nombre y apellido interrogativamente y en un tono descarado, casi diría que ofensivo:
¿ISABEL NÚÑEZ?
Sí, ¿quién llama?
TEN MUCHO CUIDADO, SI QUIERES SEGUIR ANDANDO TRANQUILA POR LA CALLE, TEN MUCHO CUIDADO...
¿Quién es, quién llama?
Y han colgado.
Reconozco que me ha producido una mezcla de rabia y cierto malestar, leve angustia momentánea. He pensado fugazmente en las historias de la mafia napolitana y rusa que, según dicen, controlan el negocio inmobiliario en este pobre país. He pensado en la furia injustificada de los obreros cada vez que Ninca o yo pasamos por la casa del azufaifo. En las advertencias que le han hecho a Ninca. Y en que la empresa constructora Supportis me pidió mi número de teléfono.
He llamado a un periodista de El País y he escrito a otro de La Vanguardia. He sabido que la empresa Suportis recibió a un periodista y le trató duramente, pidiéndole acreditación y en tono desagradable, pero le aseguraron que no construirían sobre nuestro árbol. He seguido su recomendación y he llamado al 088, para dejar constancia de la llamada. Me han recomendado que llamase a Telefónica para que no me pasaran más llamadas sin datos. En Telefónica me han contestado dos personas, asegurándome que no disponen de ese servicio.
Así que no cogeré el teléfono si vuelven a llamar sin número. No es que me haya asustado. Mañana iremos a la gestora municipal con nuestras 250 firmas. Y veremos.
Un amigo colombiano dijo, con su humor socarrón, que en su país me cortarían a trocitos por hacer esto. Sé que estamos estropeando un poco, sólo un poco el gran negocio a esa compañía, pero no creo que les salga a cuenta hacernos nada. ¿Creerán que voy a dejar de hacer algo por esa estúpida llamada?
Tengo que bajar al antiguo centro (dicen los urbanistas que en Bcn el centro ya no existe: ¿la ciudad es sólo una gran cantera?) y tal vez acabe yendo al concierto de un amigo de un amigo que me inspiró un cuento.
Últimas noticias: Lluís Permanyer habló en la SER de nuestro azufaifo.
Otro periodista (en cuanto él me autorice, le identifico) me escribe:
Un azufaifo, el árbol preferido del ex-alcalde Joan Clos, el árbol que proporcionó la corona de espinas a Cristo, está en peligro. He leído apenado su correo. El azufaifo no es un árbol común. En el año 1999 sólo había cuatro ejemplares en Barcelona. Hoy no hay muchos más. Tampoco en nuestro país existen leyes que protegan a los árboles. Quien compra un terreno para edificar se hace dueño absoluto de todo. Esto incluye la vida de todos sus árboles. La comunidad no recibe compensaciones a cambio del arboricidio. En Europa se ha empezado a aplicar la ley Granada. Aquí ni se habla de ello. Lo de poder trasplantar de un árbol de más de 80 cm de cuerda (perímetro del tronco) es un engaño oficial. Algo menos que imposible. Las raíces no lo resisten. Nos toman el pelo. Cuando pueda colocar el azufaifo en un "espacio" (¿será "parterres"?; ahora estoy haciendo "arriates" y luego voy a ir a "orlas" y "bancales" y ahí no va esa especie) me pondré en comunicación con usted. Si me da su permiso, referiré su historia. Entretanto voy a probar de denunciarlo a la Guardia Urbana.

domingo, diciembre 09, 2007

En La Vanguardia, el azufaifo

Edward Munch, Die Eiche (El roble), 1903
El artículo de La Vanguardia y más abajo, mi Carta de réplica (¡el proceso no ha durado 5 años, sino unos meses!; lástima que los periodistas no preguntasen, aunque eso nos da opción a matizar otras cosas, si nos publican la carta...)
La voluntad popular salva un árbol poético
El azufaifo –ginjoler en catalán– que crece en el patio de la finca número 7-9 de la calle Arimón, en el barrio de Sant Gervasi, no podrá ser cortado. La comisión de Sostenibilidad, Servicios Municipales y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona aprobó por unanimidad el pasado miércoles incluir este ejemplar en el catálogo de “árboles de interés local” de la ciudad.
A la hora de argumentar los motivos que sustentan esta decisión, la segunda teniente de alcalde, Imma Mayol, manifestó que se trata de asegurar su protección dadas las “características peculiares de belleza, rareza y antigüedad” del árbol. Para conseguir este propósito, el Ayuntamiento tiene la obligación de notificar su propuesta al propietario de la finca.
El desenlace de esta historia se produce cinco años después de que un grupo de vecinos, encabezado por Isabel Núñez, alertara sobre la desaparición de este azufaifo, pese a ser el árbol predilecto del entonces alcalde de Barcelona, Joan Clos. La última manifestación en su favor (el del gingoler) fue una lectura de poemas, en la plaza Joaquim Folguera, frente al mercado de Sant Gervasi de Barcelona, el pasado 16 de septiembre. Leyeron poemas propios, entre otros, Dante Bertini, Francesc Parcerisas y Enric Casassas.
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Sr. Director
Siempre es de agradecer que se hagan eco de las noticias ciudadanas, en este caso se trata del azufaifo (ginjoler) de la calle Arimón, salvado gracias a la iniciativa de unos vecinos, como ustedes bien dicen en la sección Vivir de La Vanguardia de hoy, domingo 9 de diciembre. Ahora bien, este proceso no empezó hace 5 años, como ustedes dicen, sino en mayo de 2007, cuando derribaron la casa y descubrimos que iban a talar un árbol bicentenario, el ejemplar más importante de azufaifo documentado en Europa, ahora ya catalogado. Sin embargo, el ayuntamiento aún está negociando con el promotor que adquirió la finca, y nos preocupa que si construyen en esa parcela, se altere la zona radicular del árbol (la tierra se compacta con el cemento y las raíces son extensas; el azufaifo, árbol sostenible por excelencia, resiste la sequía extendiendo mucho y muy profundo sus raíces), y muera al cabo de poco tiempo, como ha ocurrido con tantos árboles centenarios en este país. En Europa, la protección de un árbol de esa envergadura exigiría no construir a 500 metros de distancia.
Atentamente,
Isabel Núñez

viernes, julio 27, 2007

En el ayuntamiento del distrito

Foto: M. Vilalta i Amorós, Plaza del Camp, 1902 (en la plaza del Camp, cerca del ginjoler, había un cabrero y según me contó alguien que lo vivió, las cabras ponían el barrio perdido...)
Hoy nos ha recibido la nueva regidora del distrito, en la Plaça de la Vil·la.
Unas maneras completamente distintas a las que tuvieron con nosotras la gerente Paz Molinas y la técnica de licencias Montse Jansá, casi diría que el extremo opuesto. La regidora nos ha informado de que la negociación con el propietario avanza, que ellos desean que el azufaifo se quede en su sitio y el propietario acepte otros terrenos donde construir.
Ahora bien, si el terreno que le ofrecen no convence al propietario, entonces trasplantarán el árbol. A pesar de la opinión de todos los expertos, en el sentido de que el azufaifo morirá y que incluso si sobreviviera, nunca volvería a ser como es, tras la poda radical de su ramaje, obligada para sacarle de esta calle estrecha. A pesar de que el único informe favorable con el que cuentan es el del propio trasplantador, que hace negocio con esa operación. ¡Es juez y parte! No parece serio.
Cuando dicen que formamos parte de Europa, yo lo creo sólo a medias. En la Vieja Europa, a un árbol así se le protege obligatoriamente y no se deja construir en 500 metros de distancia. Nosotros pedimos 30 x 10 y no es seguro que los consigamos!
La Síndica de Greuges de Barcelona se ha interesado por el caso y supervisará que se cumpla la ley, pedirá que se le informe del proceso de catalogación y de las negociaciones.
También nos ha dicho la regidora que la licencia de obras está parada, congelada, por el azufaifo (justo lo contrario de lo que nos dijo Montse Jansá: "Si la licencia está parada, no tiene nada que ver con el árbol").
Pero hemos vuelto a escuchar la frase de que Barcelona es la ciudad de Europa que tiene más árboles. Qué daño hacen esas verdades a medias. Yo iba luego por la calle con Isabel Lacruz y señalábamos esos palillos chinos con dos hojitas que plantan en algunas calles y que nunca llegarán a ser árboles, entre el cemento y la contaminación, y le preguntaba: "¿Crees que éstos también los cuentan?". Los expertos nos dicen que el patrimonio arbóreo se mide por la calidad, y sabemos que Barcelona, no sólo por su clima mediterráneo, sino también por la vocación arboricida de sus políticos, arquitectos y constructores, y por la ignorancia de unos y otros, está en la cola de ciudades europeas en la densidad de sus parques y en árboles centenarios, de los que desprenden cantidades de oxígeno en la atmósfera. Pero esas informaciones sesgadas forman parte del juego político, de nuevo The Culture of Lies, que tan magníficamente sintetizó Dubravka Ugresic. Le hemos recordado a la regidora que no fue Parcs i Jardins ni el ayuntamiento quien descubrió que el azufaifo era valioso y decidió protegerlo. Sin nuestra intervención, obstinación, apoyo de los expertos y jaleo mediático, nada de esto estaría ocurriendo. También les hemos transmitido que el azufaifo es una oportunidad para demostrar un cambio de política hacia lo sostenible, un símbolo de la nueva actitud, etc. Y que no es casual la respuesta que hemos tenido (popular, en el mundo de la cultura y en los medios): sin duda hemos conectado con algo que está en el aire. Por eso deberían aprovecharlo.
Tal vez a finales de la semana que viene tendremos ya noticias. No podemos bajar la guardia. Y vamos a necesitar muchísimo apoyo. Hoy salió una entrevista en Localia TV, a las 20 (no la vi, pero espero que la manden). Y mañana seguramente saldrá otra mucho mejor en las noticias de La sexta, pero lo confirmaré aquí... Esa quedó muy bien. Joan Bordas estaba sembrado e incluso yo me inspiré, rodeada de vecinos ilustres y amigos, al pie del azufaifo... Lo cierto es que los micrófonos y las cámaras siempre atraen irresistiblemente a los locos, así que cada vez que bajo a hablar con una tv o una radio junto al árbol, se acerca alguno de ellos y empieza a vociferar su delirio. Esa observación de la excentricidad y la locura siempre me produce una impresión mezclada: por un lado, la curiosidad inevitable del escritor (imagino a mi amigo escritor serbio grabándoles esas frases con su móvil), por otro, la perplejidad y el agotamiento de tener que ser testigo de todo eso, de convertirme en vehículode todos esos urbanitas enloquecidos y necesitados de escucha. ¡Uf!