lunes, julio 23, 2007

En El País de ayer

Foto: Mònica Casanovas, el azufaifo de Arimón, con el cartel de la cons(des)tructora.
Vicenç Navarro, que parece ser casi el único que nos recuerda la realidad en un momento de engaño mediático constante, explica que los indicadores macroeconómicos de crecimiento que llevan a la euforia no coinciden con la microeconomía, con la realidad del empobrecimiento generalizado, del aumento de la diferencia entre las grandes fortunas y el resto, y afirma que "el 74% de la población española considera que las desigualdades sociales son demasiado altas, el mayor porcentaje existente en los últimos 10 años", y advierte: "Pero las encuestas señalan que grandes sectores de las clases populares -la base electoral del Gobierno de Zapatero- continúan insatisfechas, lo cual debiera hacer reflexionar al Gobierno sobre la bondad de algunas de sus políticas económicas y fiscales (que condicionan en gran manera el desarrollo de sus políticas sociales), heredadas del Gobierno conservador anterior, políticas públicas que están contribuyendo al incremento de las desigualdades sociales en nuestro país. Muchas de estas políticas son mera continuación de las políticas del Gobierno de Aznar y son semejantes a las del de Bush. Entre ellas cabe destacar las políticas fiscales encaminadas a reducir los impuestos (manteniendo en líneas generales las reformas fiscales regresivas del gobierno de Aznar), un énfasis en alcanzar un elevado superávit en las cuentas del Estado (el 1,83% del PIB) con excesiva cautela hacia el crecimiento del gasto público y un crecimiento del gasto público social por habitante, que aunque es mucho mayor que el seguido por el Gobierno de Aznar, es todavía insuficiente para converger con el promedio de la UE-15 (tal como prometió el partido gobernante en su programa electoral)."
Lo malo es que sus artículos parecen aislados en un contexto en el que todos los medios hablan de bonanza económica y de milagro español, mientras en la calle, la gente se queja de los precios hayan subido tanto (desde los tomates hasta la vivienda) mientras los sueldos parecen haberse reducido. Luego nadie presta atención a la abstención, que crece en las elecciones, porque ¿quién cree en los políticos?